"Con un gran potencial en cobre y uranio, sumado a un ordenamiento legal y ambiental moderno, (Mendoza) se posiciona como un actor clave en la transición energética global", destaca.
Claro que no se trata de un hallazgo reciente. Mendoza fue la principal productora de uranio deácadas atrás. Pero el escenario empieza a cambiar a nivel mundial, nacional y provincial.
En este sentido, cabe recordar el acuerdo que en febrero se firmó entre Argentina y Estados Unidos: Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro y Procesamiento de Minerales Críticos, con el objetivo de consolidar cadenas de valor, atraer inversiones a largo plazo y asegurar un abastecimiento competitivo de insumos estratégicos clave para tecnologías modernas de la minería
Reservas de uranio en Mendoza
La producción argentina de uranio cesó en 1995 con el cierre de la mina de Sierra Pintada en Mendoza. La Comisión Nacional de Energía Atómica busca reactivar la actividad a partir de las minas sobre las que tiene derechos, como la mendocina Sierra Pintada y Cerro Solo en Chubut, a través de acuerdos con empresas mineras. Mientras que la firma canadiense Jaguar Uranium Corp. presentó esta semana su hoja de ruta para el proyecto Huemul, ubicado en Malargüe.
Sierra Pintada: el yacimiento emblemático
Sierra Pintada, en San Rafael fue un complejo minero-fabril clave para la historia del uranio en el país y, al mismo tiempo, quedó asociado a pasivos ambientales cuya remediación se discute desde hace años.
Entre 1975 y 1997, en el Complejo Minero Fabril Sierra Pintada (CMFSP) se extrajeron y procesaron 1.600 toneladas de uranio. Aún hoy este yacimiento es considerado el mayor depósito de uranio conocido de la Argentina, según indican desde la CNEA.
Se calculan reservas de entre 6.000 y 12.000 toneladas. Es la única mina desarrollada en Argentina, lo que la ubica en la de mayor potencial por el nivel de avance, aunque por diversos factores se estima que empezarán a producir antes las minas de Chubut.
En los hechos, hoy Sierra Pintada no está en etapa de “volver a producir”, sino en una etapa de remediación. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) describe que allí se trabaja sobre pasivos generados por la actividad, incluyendo efluentes y residuos del procesamiento, y que existe un proyecto de remediación.
Acá vale una aclaración clave: remediar no es reabrir. Remediar implica tratar y estabilizar residuos, reducir riesgos, contener materiales y asegurar controles ambientales antes de cualquier discusión sobre nuevo ciclo productivo. Incluso cuando desde la órbita nacional se menciona a Sierra Pintada como “potencial” en el marco de la reactivación del uranio, el punto de partida operativo sigue siendo el saneamiento.
La situación en Sierra Pintada
Actualmente se está realizando la primera de tres etapas de la remediación de los pasivos ambientales (las aguas de cantera), cuya DIA para esto fue aprobada en 2019. Si bien hay avances, falta algo clave: la construcción de la planta de tratamientos de radios arsénicos.
Esa lentitud en el proceso sumado a limitaciones que impone la 7722 hacen que el escenario de volver a producir se vea lejano. Ya que hasta ahora el método más propicio para la explotación en la lixiviación con ácido sulfúrico, con la imposibilidad que fija la ley provincial de usar este producto para la producción.
Por otro lado, para cada etapa de remediación se debe realizar una Declaración de Impacto Ambiental, con su correspondiente audiencia pública y ratificación legislativa.
Huemul: una mina histórica remediada y un proyecto que avanza
Huemul fue la primera obra de remediación ambiental de la minería del uranio concretada en la Argentina y en Latinoamérica, que concluyó con la construcción del parque recreativo y de uso público denominado “El Mirador”.
Entre 1954 y 1986, en el Complejo Fabril Malargüe (CFM) se procesó mineral de uranio proveniente de las Minas Huemul y Sierra Pintada. La planta de producción –pionera en el país- produjo 752 toneladas de uranio, en forma de pasta llamada torta amarilla o yellow cake, que sería la materia prima para el combustible de los reactores de potencia e investigación de Argentina.
El área quedó reconvertida y hoy se presenta como un espacio recuperado desde el punto de vista ambiental.
En paralelo a ese cierre histórico, el nombre Huemul volvió a aparecer en los últimos años asociado no a la ex mina remediada, sino a un conjunto más amplio de áreas con potencial de uranio, vanadio y cobre en la región donde se desarrolló la actividad original.
Precisamente,días atrás Jaguar Uranium Corp. presentó su plan de exploración en el predio de 27.700 hectáreas, en la zona de Malargüe Distrito Minero Occidental I (con lo que ya tiene ratificación legislativa su Declaración de Impacto Ambiental).
El anuncio se realizó luego de completar una oferta pública inicial de u$s25 millones en la Bolsa de Nueva York (NYSE) en febrero pasado.
Jaguar firmó un acuerdo de colaboración con el Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza, en dos fases. La primera tiene que ver con la validación de datos históricos y creación de un modelo geológico actualizado. La segunda con el mapeo de superficie y prospección intensiva en la totalidad de las 27.000 hectáreas.
Según trascendió, el próximo mes la empresa podría presentar el estudio de la línea de base ambiental.
Mapa nacional del uranio
A nivel nacional, la Secretaría de Minería de la Nación tiene 17 proyectos de uranio identificados en distintas provincias, aunque la mayoría se encuentra en etapas muy tempranas, como prospección o exploración inicial. Es decir, se trata en gran parte de áreas con indicios geológicos o estudios preliminares, lejos aún de una fase de explotación comercial.
Ese mapa incluye proyectos en provincias como Chubut, Río Negro, La Rioja, Salta, Catamarca y Mendoza.
Mineral estratégico
La relevancia del uranio no es solo técnica sino también estratégica. Su densidad energética es extraordinaria: una sola pastilla de uranio puede generar la misma energía que una tonelada de carbón.
Por eso, en un mundo con crecimiento demográfico, electrificación acelerada y demanda creciente de energía, se lo considera una de las fuentes más eficientes disponibles. Quien dispone de uranio —y de la capacidad tecnológica para procesarlo— dispone, en gran medida, de capacidad energética propia.
Las aplicaciones se dividen en dos grandes familias. Por un lado, las centrales nucleares de potencia, como Atucha I, Atucha II o Embalse, que producen electricidad. Por otro, los reactores de investigación, como el RA-6 (Bariloche), el RA-3 (Ezeiza) o el RA-10, próximo a entrar en operación. Estos últimos funcionan como verdaderas “fábricas” de conocimiento: producen radioisótopos para medicina —diagnósticos, terapias oncológicas—, permiten ensayos de materiales, formación técnica y la generación de insumos estratégicos como silicio dopado, indispensable para la industria de microchips en un mercado global cada vez más tensionado.