18 de enero de 2026
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Qué pasa con el uranio en Mendoza: la situación de Sierra Pintada y Huemul

Mendoza vuelve al mapa del uranio en medio de planes nacionales para reactivar una industria estratégica. Qué pasa hoy con las reservas y los proyectos en la provincia.

Por Cecilia Zabala

El uranio volvió a la agenda nacional como mineral estratégico a nivel mundial. En ese contexto, el presidente Javier Milei presentó el Plan Nuclear Argentino en diciembre de 2024 con una meta explícita: desarrollar reservas de uranio para cubrir demanda interna y evaluar un perfil exportador. Y Mendoza aparece mencionada por dos nombres que condensan historia, pasivos ambientales y expectativas: Sierra Pintada (San Rafael) y Huemul (Malargüe). Cuál es la situación respecto a las reservas de la provincia.

En los últimos años, varios países volvieron a apostar por la energía nuclear como fuente estable y de bajas emisiones, en el marco de la transición energética y la necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles. Estados Unidos, Canadá, Francia, China e India impulsan planes de expansión o extensión de vida de sus centrales nucleares, lo que reactivó la demanda global de uranio y elevó su valor estratégico.

A esto se suma la concentración de la producción mundial en pocos países y las tensiones geopolíticas que afectan el suministro, factores que llevaron a muchos Estados a revisar sus cadenas de abastecimiento y a priorizar el desarrollo de recursos propios.

La producción argentina de uranio cesó en 1995 con el cierre de la mina de Sierra Pintada en Mendoza. La Comisión Nacional de Energía Atómica busca reactivar la actividad a partir de las minas sobre las que tiene derechos, como la mendocina Sierra Pintada y Cerro Solo en Chubut, a través de acuerdos con empresas mineras.

Si bien la mina mendocina es la más desarrollada, hay algunas particularidades que la dejarían con menos chances de se reactivada.

"Conocemos bastante bien en dónde hay uranio. Hay varios proyectos, uno podría ser la reactivación de Sierra Pintada, otro empezar con la factibilidad de Cerro Solo. Pero aparte de esos activos que la CNEA tiene hay actores privados que tienen sus derechos mineros y la ley argentina permite la exportación del uranio, con el requerimiento de que se abastezca el consumo local y solo después se exporte. Pero más allá de esa condición a las empresas mineras locales e internacionales les interesa, así que estamos conversando con todas ellas, en particular en estos proyectos, apuntando a firmar acuerdos este año o el próximo", explicó en su oportunidad Germán Guido Lavalle, presidente de la CNEA, sobre el tema en una presentación reciente que realizó para la Fundación Foro Estratégico para el Desarrollo Nacional.

Sierra Pintada: el yacimiento emblemático

Sierra Pintada, en San Rafael fue un complejo minero-fabril clave para la historia del uranio en el país y, al mismo tiempo, quedó asociado a pasivos ambientales cuya remediación se discute desde hace años.

Entre 1975 y 1997, en el Complejo Minero Fabril Sierra Pintada (CMFSP) se extrajeron y procesaron 1.600 toneladas de uranio. Aún hoy este yacimiento es considerado el mayor depósito de uranio conocido de la Argentina, según indican desde la CNEA.

Se calculan reservas de entre 6.000 y 12.000 toneladas. Es la única mina desarrollada en Argentina, lo que la ubica en la de mayor potencial por el nivel de avance, aunque por diversos factores se estima que empezarán a producir antes las minas de Chubut.

complejo sierra pintada

En los hechos, hoy Sierra Pintada no está en etapa de “volver a producir”, sino en una etapa de remediación. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) describe que allí se trabaja sobre pasivos generados por la actividad, incluyendo efluentes y residuos del procesamiento, y que existe un proyecto de remediación.

Acá vale una aclaración clave: remediar no es reabrir. Remediar implica tratar y estabilizar residuos, reducir riesgos, contener materiales y asegurar controles ambientales antes de cualquier discusión sobre nuevo ciclo productivo. Incluso cuando desde la órbita nacional se menciona a Sierra Pintada como “potencial” en el marco de la reactivación del uranio, el punto de partida operativo sigue siendo el saneamiento.

La situación en Sierra Pintada

Actualmente se está realizando la primera de tres etapas de la remediación de los pasivos ambientales (las aguas de cantera), cuya DIA para esto fue aprobada en 2019. Si bien hay avances, falta algo clave: la construcción de la planta de tratamientos de radios arsénicos.

Esa lentitud en el proceso sumado a limitaciones que impone la 7722 hacen que el escenario de volver a producir se vea lejano. Ya que hasta ahora el método más propicio para la explotación en la lixiviación con ácido sulfúrico, con la imposibilidad que fija la ley provincial de usar este producto para la producción.

Por otro lado, para cada etapa de remediación se debe realizar una Declaración de Impacto Ambiental, con su correspondiente audiencia pública y ratificación legislativa.

Huemul: una mina histórica remediada y un “proyecto” que volvió al radar

Huemul fue la primera obra de remediación ambiental de la minería del uranio concretada en la Argentina y en Latinoamérica, que concluyó con la construcción del parque recreativo y de uso público denominado “El Mirador”.

Entre 1954 y 1986, en el Complejo Fabril Malargüe (CFM) se procesó mineral de uranio proveniente de las Minas Huemul y Sierra Pintada. La planta de producción –pionera en el país- produjo 752 toneladas de uranio, en forma de pasta llamada torta amarilla o yellow cake, que sería la materia prima para el combustible de los reactores de potencia e investigación de Argentina.

Como resultado, se generaron las “colas de mineral”, que quedaron en el sitio. La disposición segura y definitiva de las colas (que son de muy baja actividad radiológica) se concretó mediante la técnica de “encapsulado”, cuyo principal objetivo es evitar la dispersión e interacción del material radiactivo con el ambiente y las personas.

El encapsulado se realizó con materiales naturales de la zona. A una primera compactación del piso natural, le siguió una capa de grava, una de suelo areno limoso y otra de arcilla compactada. Colocadas sobre esa capa, las colas de mineral se neutralizaron con cal y se compactaron. Sobre ellas, se colocó una cubierta multicapa para finalmente construir un enrocado que permitió aislarlas totalmente del ambiente.

Como resultado, el área quedó reconvertida y hoy se presenta como un espacio recuperado desde el punto de vista ambiental.

Parque el Mirador

En paralelo a ese cierre histórico, el nombre Huemul volvió a aparecer en los últimos años asociado no a la ex mina remediada, sino a un conjunto más amplio de áreas con potencial uranífero en la región donde se desarrolló la actividad original. Se trata de superficies extensas que, desde el punto de vista geológico, son analizadas por su interés exploratorio.

En ese marco, distintos actores del sector minero han comenzado a evaluar posibilidades futuras de exploración, incluso considerando tecnologías de extracción no convencionales, como la recuperación in situ (ISR), que se presentan como alternativas con menor intervención superficial.

Mapa nacional del uranio

A nivel nacional, la Secretaría de Minería de la Nación tiene 17 proyectos de uranio identificados en distintas provincias, aunque la mayoría se encuentra en etapas muy tempranas, como prospección o exploración inicial. Es decir, se trata en gran parte de áreas con indicios geológicos o estudios preliminares, lejos aún de una fase de explotación comercial.

Ese mapa incluye proyectos en provincias como Chubut, Río Negro, La Rioja, Salta, Catamarca y Mendoza.

En ese contexto, el Gobierno nacional decidió volver a jerarquizar el área nuclear dentro de su estructura institucional. En este escenario asumió un nuevo secretario de Asuntos Nucleares, Federico Matías Ramos Napoli, que tendrá bajo su órbita la definición, implementación y seguimiento de las políticas del área.

“Nuestra Nación tiene el potencial para convertirse en la nueva Arabia Saudita del Uranio”, señaló el comunicado oficial del Ministerio de Economía que anunció el nombramiento de Ramos Napoli.

Esto va en línea con la promesa (anunciada pero no oficializada) de relanzar el Plan Nuclear Argentino, que contempla no solo la energía nuclear como pilar de la matriz energética, sino también la necesidad de asegurar el abastecimiento de uranio para los reactores existentes y futuros.

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Federico Ramos Napoli, director de Asuntos Nucleares.

Federico Ramos Napoli, director de Asuntos Nucleares.

La estrategia oficial apunta a reducir la dependencia externa de países como Rusia y Kazajistán, reactivar capacidades locales y, en una etapa posterior, evaluar un perfil exportador si las condiciones técnicas, ambientales y económicas lo permiten. Sin embargo, incluso desde el propio Gobierno nacional se reconoce que se trata de un proceso de mediano y largo plazo, condicionado por inversiones, permisos, controles ambientales y acuerdos con las provincias.

Mendoza en ese mapa: potencial, pero sin definiciones operativas

Así, el caso mendocino aparece como parte de una discusión más amplia, pero con particularidades propias. Sierra Pintada y Huemul forman parte del inventario histórico y geológico del uranio argentino, pero no se encuentran hoy en una situación comparable a proyectos que avanzan hacia producción.

La inclusión de partidas para la remediación de Sierra Pintada en el Presupuesto 2026 refuerza la idea de que, al menos por ahora, la prioridad nacional en Mendoza sigue siendo ambiental y sanitaria, más que productiva. Al mismo tiempo, desde el Gobierno provincial insisten en que no hubo aún una hoja de ruta consensuada ni instancias formales de trabajo con Nación para discutir una eventual reactivación minera.

Así, mientras el uranio recupera centralidad en el discurso y la planificación nacional, en Mendoza el debate continúa atravesado por una premisa básica: antes de cualquier nuevo ciclo productivo, debe cerrarse correctamente el capítulo de los pasivos ambientales y definirse con claridad el rol de cada actor.

A quién pertenece qué: CNEA, provincias y privados

En uranio, la pregunta “¿de quién es?” rara vez tiene una respuesta de una sola respuesta, porque se superponen:

  • El rol nacional de la CNEA, tanto en el histórico desarrollo del uranio como en la gestión de pasivos y sitios asociados (incluida información oficial sobre sitios en Mendoza).

comision nacional de energia atomica
Comisión Nacional de Energía Atómica.

Comisión Nacional de Energía Atómica.

  • Las competencias provinciales sobre el control ambiental y la licencia social/administrativa que cualquier actividad extractiva requiere en territorio mendocino.

  • Los proyectos privados que pueden existir sobre áreas con potencial, en distintos estadios (prospección, exploración inicial, etc.), muchas veces mencionados en informes sectoriales o periodísticos.

De qué hablamos cuando hablamos de uranio

El uranio es un elemento presente de manera natural en la corteza terrestre y cuya extracción se realiza a través de métodos de minería convencional. En términos simples, el proceso comienza en la mina: la roca se remueve, se tritura y luego se somete a técnicas de separación para obtener un primer producto llamado concentrado de uranio o torta amarilla. Ese material, que se asemeja a un polvo fino de color amarillo, constituye la base del ciclo de combustible nuclear.

A partir de allí comienza una etapa industrial clave. El concentrado se trata con hexafluoruro, un gas que permite transformarlo en dióxido de uranio, un polvo altamente refinado que luego se peletiza: se compacta en forma de pequeñas pastillas. Cientos de estas pastillas se apilan dentro de tubos especiales para conformar los elementos combustibles que utilizan los reactores nucleares.

En la naturaleza, la mayor parte del uranio es U-238 (≈98%), pero la fracción que realmente permite generar energía mediante fisión es el U-235, presente en un porcentaje mucho menor. El enriquecimiento —la concentración controlada de U-235— determina el destino del combustible: niveles bajos para centrales de potencia, niveles distintos para reactores de investigación. Este paso, altamente regulado, explica por qué existen organismos internacionales dedicados a controlar los stocks, el uso y, sobre todo, los residuos derivados de la actividad nuclear. Entre ellos, Argentina y Brasil comparten desde hace décadas la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), un caso único en el mundo.

La relevancia del uranio no es solo técnica sino también estratégica. Su densidad energética es extraordinaria: una sola pastilla de uranio puede generar la misma energía que una tonelada de carbón.

Por eso, en un mundo con crecimiento demográfico, electrificación acelerada y demanda creciente de energía, se lo considera una de las fuentes más eficientes disponibles. Quien dispone de uranio —y de la capacidad tecnológica para procesarlo— dispone, en gran medida, de capacidad energética propia.

Las aplicaciones se dividen en dos grandes familias. Por un lado, las centrales nucleares de potencia, como Atucha I, Atucha II o Embalse, que producen electricidad. Por otro, los reactores de investigación, como el RA-6 (Bariloche), el RA-3 (Ezeiza) o el RA-10, próximo a entrar en operación. Estos últimos funcionan como verdaderas “fábricas” de conocimiento: producen radioisótopos para medicina —diagnósticos, terapias oncológicas—, permiten ensayos de materiales, formación técnica y la generación de insumos estratégicos como silicio dopado, indispensable para la industria de microchips en un mercado global cada vez más tensionado.

A la vez, el ciclo nuclear genera residuos que requieren control y vigilancia estricta, entre ellos el plutonio, materia especialmente sensible en términos de seguridad internacional. Este es el motivo por el cual la industria nuclear está auditada por organismos regionales y mundiales que supervisan inventarios, residuos y usos pacíficos.

En síntesis, hablar de uranio es hablar de un recurso mineral, pero sobre todo de un activo energético, científico y geopolítico.

Su presencia en un territorio implica desafíos ambientales y regulatorios, pero también oportunidades de desarrollo tecnológico y autonomía energética.

Por eso, en la agenda global actual, el uranio se ha convertido —una vez más— en una pieza central del debate sobre el futuro de la energía.