Una historia marcada por la música y el trabajo desde chico
Fusari empezó a estudiar música cuando era muy chico. Primero piano, después clarinete y más tarde saxo, instrumento que lo acompañó durante años y que terminó convirtiéndose en una primera forma de trabajo.
“A los 8 arranqué con piano, a los 9 o 10 con clarinete, y a los 11 o 12 ya estaba tocando el saxo en eventos”, recordó. Lo que al principio nació como un gusto personal, rápidamente se transformó en una actividad laboral. Después de tocar en un casamiento, comenzó el boca en boca y apareció “el chico del saxo”.
Durante años, sus padres lo acompañaron en ese camino. Su padre lo llevaba a los eventos, lo esperaba y también lo ayudaba a administrar lo que ganaba. “Todos mis ahorros del saxo fueron directo a hacer la casa de Modesto Godoy Cruz”, reveló.
Ese paso marcó una transición importante: de salir sólo a tocar los fines de semana, a construir un emprendimiento con equipo, socios, inversión y responsabilidades nuevas.
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De Modesto a Hábitat: crear lugares con identidad
La llegada a la gastronomía no fue necesariamente planificada, pero sí muy coherente con su forma de mirar el mundo. Fusari contó que Modesto nació a partir de una oportunidad vinculada al café de especialidad, en un momento en el que ese concepto todavía era vanguardista en Mendoza.
Con el tiempo llegaron Modesto Civit, Hábitat y Cocina Gardenia. Cada proyecto tuvo su propia lógica, pero todos comparten una misma mirada: la búsqueda de una experiencia integral, donde la estética, el equipo, la propuesta y el vínculo con el cliente sean parte de una misma identidad.
Sobre Hábitat, ubicado en el Parque General San Martín, Fusari destacó el desafío de intervenir un espacio patrimonial y querido por los mendocinos. “Modificar un espacio que es patrimonial y está en el medio del parque era una responsabilidad grande. Esos desafíos me encantan”, aseguró.
Acá se busca volver a lo esencial- estar presente, compartir, sentir. Sin distracciones ni poses.jpg
Hábitat. Parque Gral San Martín
Emprender, crecer y también saber cuidar lo propio
Durante la entrevista, Fusari también habló de los momentos difíciles que atraviesan muchas pymes y comercios gastronómicos, especialmente en contextos de bajo consumo. “En este momento es más de aguantar y de cuidar lo propio. Hay que solidificarse lo suficiente para que, cuando vengan los momentos flacos, uno pueda estar mejor acomodado y no morir en ese intento”, reflexionó.
Para él, emprender no se trata solamente de crecer, sino también de aprender a leer el presente, entender cuándo avanzar y cuándo sostener. “Me gusta mucho ver las señales del presente. Cuando llega una propuesta, no arrebatarse con la respuesta y decir: a ver, pará”, señaló.
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La familia como raíz y como motor
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llegó cuando habló de su familia. Fusari contó que su espíritu emprendedor lo heredó, en gran parte, de su padre, a quien describió como una persona autónoma, trabajadora y con objetivos grandes.
También compartió que sus hermanos tienen ese mismo impulso. Su hermana es diseñadora y emprendedora, mientras que su hermano Leandro trabaja con él en los proyectos gastronómicos. Incluso su padre sigue involucrado: cada mañana se encarga de llevar verduras para los locales gastronómicas.
“Ninguno se queda quieto”, resumió Franco entre risas, al hablar de esa energía familiar que lo acompaña desde siempre.
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Franco, Camila y Leandro Fusari.
Nadia, sus hijas y una nueva forma de mirar la vida
El costado más personal apareció cuando habló de Nadia, su esposa, y de sus hijas, Fiamma y Chiara. Franco contó que con Nadia todo fue rápido: se conocieron, se enamoraron y a los ocho meses se casaron por civil, sin fiesta ni grandes preparativos.
“Le sacamos la presión al matrimonio. Nos pareció muy divertido hacerlo de esa forma y hoy lo agradecemos. Llevamos cuatro años casados, estamos espectacular, viviendo juntos y con las dos niñas”, expresó.
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La paternidad, aseguró, le cambió por completo la forma de mirar la vida. “La paternidad me cambió la psiquis totalmente. Y el corazón, ni hablar, porque descubrís un nuevo nivel de amor”, dijo.
Franco se define como un papá presente e involucrado. “Me encanta involucrarme al cien por ciento. Conozco lo exacto que está pasando en este momento. Si hay una otitis, si hay antibiótico, si le toca en tres horas. Me gusta estar”, contó.
El éxito, los errores y el amor por Mendoza
En el tramo final, Fusari aseguró que no se arrepiente de nada, aunque reconoce que en el camino hubo errores. Para él, equivocarse también forma parte del aprendizaje de quien emprende.
“Cuando emprendés, la vas a pifiar doscientas veces. Pero no me arrepiento de los errores, porque no hay otra forma de descubrir empíricamente lo que va y lo que no va”, afirmó.
Consultado sobre si se considera una persona exitosa, respondió que sí, pero no desde una mirada puramente económica. “Me considero una persona exitosa primero por mi momento familiar y emocional. Después, a nivel laboral, sí, porque valoro las pequeñas cosas que van sucediendo”, expresó.
Y ante la pregunta sobre cómo le gustaría ser recordado, volvió a una idea que atravesó toda la entrevista: su vínculo con Mendoza.
“Me gustaría que mis hijas estén orgullosas de su papá, sea lo que sea que haga. Y ojalá me reconozcan como una persona que defiende el lugar donde nació. Amo Mendoza. Siento que la tierra es esta, la que tenemos acá”, cerró.
Con música, gastronomía, familia y una mirada inquieta sobre los proyectos, Franco Fusari dejó en Visión Empresa una definición simple pero profunda de su recorrido: crear, sostener, aprender y volver siempre al lugar de origen.
Mirá la entrevista completa
Embed - Franco Fusari: del saxo a la gastronomía, la historia del desarrollador mendocino