Claudia Ríos, fiscal de Homicidios, imputó este martes a los dos sospechosos que fueron capturados por el crimen del metalúrgico Luis Suárez, hecho descubierto el martes pasado en la casa ubicada en el carril Rodríguez Peña y Arturo González.
La clave para encaminar la causa fue el llamado que hizo la víctima fatal a su hija, quien vive en San Carlos. Mientras agonizaba, Suárez le pidió que llamara a la Policía porque lo estaban asaltando.
A partir de ese momento, una de las hipótesis apuntaba a que al dueño de casa lo mataron para robarle. Esa línea investigativa luego se confirmó porque, a raíz de una inspección en la escena y la declaración de la hija, supieron que le habían sustraído uno de los celulares que tenía (usaba dos).
Luis Suárez recibió varias heridas de arma blanca y pudo llamar a su hija antes de morir en su casa de Rodríguez Peña y Arturo González.
Además, los pesquisas descubrieron que una cámara de seguridad de esa zona captó a los sospechosos, quienes fueron identificados luego a través del trabajo de la división de Delitos Tecnológicos.
Pero además un testigo declaró haber visto a una pareja salir de la casa de Suárez y las características físicas aportadas por este coinciden con la de los detenidos. Y también les secuestraron prendas de vestir similares a las que captó las cámaras.
Con toda esa información identificaron a los supuestos autores y los detuvieron tras un par de allanamientos que hizo la División Homicidios. Ahora, la fiscal Ríos los imputó por homicidio criminis causa en concurso real con robo agravado por el uso de arma blanca, calificación que prevé perpetua.
Ahora iban a ser enviados al penal.
Según los informes forenses, la víctima murió como consecuencia de un puntazo que sufrió en la zona del abdomen. Además, confirmaron que tenía heridas realizadas con un elemento contuso cortante en el cráneo y otros 30 cortes en diferentes partes del cuerpo.