23 de mayo de 2026
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Provincia de Mendoza

Mendoza frente a un cambio estructural: servicios y tecnología ganan terreno en la economía

El IERAL advierte que la economía de Mendoza atraviesa una transformación estructural que favorece servicios, tecnología y capital intensivo.

Por Marcelo López Álvarez

La economía argentina atraviesa un proceso de reconfiguración de sus precios relativos que comienza a modificar las condiciones de rentabilidad de distintos sectores y podría alterar, en el mediano plazo, la estructura productiva de Mendoza. La combinación de menor incertidumbre macroeconómica, apertura comercial y mejores condiciones de financiamiento desplaza incentivos desde las actividades intensivas en trabajo hacia los servicios y los sectores con mayor incorporación de capital y tecnología.

La discusión ya no gira en torno a si estos cambios existen, sino acerca de su profundidad y, sobre todo, de su capacidad para consolidarse en el tiempo. Así lo analiza el último informe de coyuntura del IERAL de la Fundación Mediterránea.

En términos económicos, los movimientos relevantes no son únicamente los aumentos o caídas nominales de precios, sino la relación entre ellos. Cuando determinados bienes o servicios evolucionan más rápido que otros, se alteran los márgenes de rentabilidad y, con ello, las decisiones de inversión y producción. En el escenario actual, esa dinámica comienza a favorecer a sectores históricamente menos predominantes dentro de la economía mendocina.

El trabajo de los economistas mendocinos Gustavo Reyes y Jorge Day destaca que uno de los factores centrales es la apreciación del tipo de cambio real. La mejora en las expectativas y el ingreso de capitales generaron un retraso relativo del dólar frente a la inflación doméstica. Como consecuencia, los precios de los bienes más vinculados a la cotización de la divisa aumentan a menor velocidad que los servicios. En la región de Cuyo, el precio relativo de los servicios respecto de los bienes creció cerca de un 58% desde octubre de 2023, reflejando un cambio significativo en la estructura de costos y rentabilidad.

A este fenómeno se suma la reducción del costo de bienes de capital e insumos importados. La mayor apertura económica y el acceso al crédito facilitaron la incorporación de tecnología y equipamiento, modificando las estructuras empresariales. Los bienes de capital importados se ubican en niveles históricamente bajos en términos reales, lo que favorece a las actividades capaces de invertir en productividad y automatización.

El contexto internacional también contribuye a redefinir los incentivos. Mientras los precios del petróleo y algunos minerales muestran mayor dinamismo, varios productos tradicionales de las economías regionales; vinos, frutas y hortalizas, enfrentan mercados externos menos favorables y menores márgenes de competitividad. La consecuencia es un desplazamiento gradual del atractivo económico hacia sectores vinculados a servicios, energía y actividades intensivas en tecnología.

Un proceso que Mendoza ya venía atravesando

El detallado trabajo de la Fundación Mediterránea destaca que la transformación, sin embargo, no comienza ahora. Mendoza registra desde hace décadas un aumento sostenido del peso de los servicios en su economía. Según datos oficiales del DEIE y del Ministerio de Trabajo, el empleo privado en servicios pasó de representar el 52% del total en 1997 al 63% en 2025, mientras que las actividades productoras de bienes redujeron su participación del 42% al 28%.

Detrás de este proceso existen causas estructurales de largo plazo. El crecimiento de los ingresos modifica los patrones de consumo y desplaza una parte creciente del gasto hacia salud, educación, turismo y entretenimiento. Al mismo tiempo, el avance tecnológico permite producir más bienes utilizando menos mano de obra, reduciendo la participación relativa del empleo industrial y agrícola.

El escenario macroeconómico actual no crea esa tendencia, pero sí parece acelerarla. La incorporación de tecnología, la competencia externa y la presión sobre costos obligan a las empresas a ganar productividad, un proceso que favorece actividades con mayor intensidad de capital y menor dependencia del trabajo tradicional.

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La persistencia, el factor decisivo

El informe comparte un interrogante que cruza a todos los interesados de la economía de Mendoza y es determinar si este nuevo esquema de precios relativos será duradero. La historia económica argentina muestra numerosos episodios de atraso cambiario seguidos por fuertes correcciones, una volatilidad que históricamente desalentó procesos de reconversión estructural. Ante señales transitorias, las empresas suelen optar por sostener operaciones resignando rentabilidad antes que modificar profundamente su modelo productivo.

Para los autores, el contexto actual presenta algunos elementos diferenciadores. La consistencia del programa macroeconómico y la reducción de la incertidumbre podrían otorgar mayor estabilidad a las señales económicas. Si las empresas perciben que las nuevas condiciones llegaron para permanecer, la necesidad de reconversión dejará de ser una opción para convertirse en una obligación competitiva.

Esa decisión resulta especialmente relevante en Mendoza, donde varios sectores tradicionales atraviesan dificultades simultáneas.

Sectores tradicionales bajo presión

Para los economistas, nuestra industria madre, la vitivinicultura, enfrenta una combinación compleja de caída del consumo interno y menor dinamismo internacional, en un contexto de costos crecientes. El escenario probable es un ajuste hacia menores niveles de actividad y una posible mayor concentración empresarial, aunque persiste espacio para competir en segmentos premium y mercados de alto valor agregado.

La agroindustria provincial también enfrenta presiones derivadas de precios internacionales débiles y costos internos en aumento. El sector petrolero, por su parte, exhibe limitaciones asociadas a la madurez de sus yacimientos convencionales y a la menor dinámica relativa frente al desarrollo de Vaca Muerta. La minería aparece como una actividad con potencial de crecimiento, aunque todavía en una etapa incipiente.

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Los sectores tradicionales de la economía agropecuaria de Mendoza pierden participación

Los sectores tradicionales de la economía agropecuaria de Mendoza pierden participación

En términos comparativos, Mendoza ocupa una posición intermedia dentro del país. No posee la estructura predominantemente orientada a servicios de grandes centros urbanos como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero tampoco cuenta con recursos naturales de la magnitud que impulsan otras economías regionales vinculadas a minería o energía. Esa condición la obliga a enfrentar la transición desde una situación más exigente.

Adaptación y política pública

Para las empresas productoras de bienes, especialmente aquellas intensivas en mano de obra, las alternativas son limitadas pero claras. La mayor competencia externa dificulta trasladar aumentos de costos a precios finales. Frente a ello, las opciones pasan por incorporar tecnología, mejorar productividad, diferenciar productos, elevar estándares de calidad o redefinir mercados, destaca el trabajo.

La capacidad de adaptación será desigual incluso dentro de un mismo sector. Algunas empresas lograrán reconvertirse y sostener competitividad; otras enfrentarán mayores dificultades para sobrevivir en un entorno de márgenes más estrechos.

En este contexto, el rol del Estado adquiere una dimensión central. La estabilidad macroeconómica aparece como condición necesaria para sostener cualquier transformación estructural. Pero también resultan determinantes la reducción de la carga impositiva (en un marco de orden fiscal), la mejora de infraestructura y logística y la simplificación regulatoria para facilitar inversiones.

Al mismo tiempo, la transición genera costos sociales inevitables. Los procesos de reconversión suelen traducirse en pérdida de empleos y dificultades para sectores menos competitivos. Instrumentos de contención temporal, como seguros de desempleo de duración determinada y programas de reconversión laboral, podrían amortiguar parte de ese impacto.

Para el IERAL, el cambio estructural no implica necesariamente la desaparición de las actividades tradicionales, sino una modificación de su peso relativo dentro de la economía provincial. Si el actual esquema macroeconómico logra consolidarse, Mendoza podría avanzar hacia una estructura más apoyada en servicios y actividades intensivas en capital y tecnología. La velocidad y el costo de esa transición dependerán, en gran medida, de la capacidad de adaptación empresarial y de la calidad de las políticas públicas que acompañen el proceso.

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