El Monitor de Exportaciones Agropecuarias de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) vuelve a poner en primer plano un aspecto muchas veces soslayado del comercio exterior argentino: el aporte de las economías regionales.
Pesca, uva, limón y yerba mate destacan en las exportaciones de las economías regionales, que suman 3.386 millones de dólares en el primer semestre 2025.
El Monitor de Exportaciones Agropecuarias de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) vuelve a poner en primer plano un aspecto muchas veces soslayado del comercio exterior argentino: el aporte de las economías regionales.
Si bien los grandes complejos agroindustriales de la Pampa Húmeda dominan los titulares por el volumen de divisas que generan, la radiografía del primer semestre de 2025 muestra que una amplia gama de producciones distribuidas a lo largo del país también suma valor y diversidad a la matriz exportadora.
El Monitor de Exportaciones Agroindustriales de FADA contabilizó ingresos por 3.386 millones de dólares provenientes de complejos productivos que no pertenecen al corazón pampeano. Pesca, forestal, uva, té, arroz, yerba mate, peras y manzanas, legumbres y limón son los núcleos analizados, cada uno con su dinámica propia, destinos comerciales específicos y distintos grados de inserción internacional.
En este mapa heterogéneo, el complejo vitivinícola se destaca por su peso simbólico y económico. Durante el primer semestre de 2025, las exportaciones de uva -principalmente vinos no espumosos y mostos, que representaron el 69,7% del total del complejo- alcanzaron los 382,2 millones de dólares. Esta cifra significó un incremento del 3% respecto al mismo período del año anterior, representando el 1,6% del total de las exportaciones agroindustriales (CAI).
Más allá de los números, el dato relevante es la relación exportación/producción, que se ubicó en el 19%. Es decir, casi una quinta parte de lo que se produce en el país logra colocarse en mercados internacionales. Se trata de un porcentaje que, aunque modesto en comparación con los principales competidores globales, refleja un avance sostenido en un sector que enfrenta desafíos estructurales como los costos internos, la volatilidad cambiaria y la competencia externa, pero que continúa proyectándose en el mundo con la fuerza de su tradición.
Estados Unidos figura como el principal destino de las ventas externas del complejo de la uva, confirmando la inserción del vino argentino en un mercado exigente y de alto poder adquisitivo. Allí, la marca país construida en las últimas décadas a partir de la identidad del Malbec y la consolidación de bodegas medianas y grandes opera como ventaja estratégica.
El liderazgo en valores absolutos lo ostenta el complejo pesquero, con 1.013 millones de dólares exportados en los primeros seis meses del año, lo que representó el 4,3% de las CAI y un crecimiento del 10% respecto a 2024. Los moluscos constituyen el núcleo de estas ventas (46%), y el mercado chino aparece como destino privilegiado, absorbiendo el 36% de las operaciones.
La pesca argentina mantiene además un elevado nivel de inserción internacional (64%), lo que lo convierte en uno de los complejos con mayor orientación exportadora relativa dentro del espectro de las economías regionales.
El sector forestal también mostró un desempeño sólido, con exportaciones por 234,3 millones de dólares, equivalentes al 1% del total de las CAI, y un aumento interanual del 37%. En este caso predominan los productos manufacturados (52,4%), con mercados diversificados que aseguran la estabilidad del sector.
Por su parte, el arroz registró una dinámica ascendente con ventas externas por 159,7 millones de dólares, lo que significó un salto del 59% frente al primer semestre de 2024. Aunque su participación en el total agroindustrial es apenas del 0,7%, la inserción internacional alcanza el 33%, cifra que indica una dependencia creciente de la demanda externa.
En el caso del limón, las exportaciones llegaron a 191,2 millones de dólares, con un crecimiento del 21% interanual. Argentina conserva aquí un lugar de privilegio: es el principal exportador mundial de este cítrico, y el 78% de su producción encuentra destino en el mercado internacional. Estados Unidos concentra la mayor parte de esas operaciones.
El complejo de peras y manzanas, vinculado estrechamente al Alto Valle de Río Negro, exportó por 252,5 millones de dólares, con un aumento del 11% respecto de 2024. En este caso, las peras frescas explican el 90% de las ventas externas, mientras que las manzanas frescas apenas alcanzan el 15,4%, con niveles de inserción internacional del 53% y 40%, respectivamente.
En cambio, el complejo de legumbres mostró un retroceso, con ventas por 140 millones de dólares, lo que implicó una caída del 4% en relación al mismo período del año anterior. No obstante, Argentina mantiene un rol destacado en el mercado internacional, ubicándose en el quinto puesto mundial en exportaciones de este rubro.
El complejo de la yerba mate sostuvo su performance exportadora, con 49,2 millones de dólares y un crecimiento del 10% respecto a 2024. Siria continúa siendo el principal mercado, con el 63% de los envíos, lo que confirma la particular dependencia geográfica de este complejo.
El té, en cambio, evidenció una retracción significativa. Con exportaciones por apenas 34,3 millones de dólares, cayó un 22% interanual, aunque conserva una alta inserción externa (64%). Estados Unidos constituye el principal destino de esta cadena.
En conjunto, los datos del monitor muestran que las economías regionales aportaron en el primer semestre de 2025 más de 3.386 millones de dólares, cifra que, aunque menor en comparación con los complejos pampeanos de soja, maíz o trigo, resulta crucial por su impacto federal. Cada región del país encuentra en estos sectores un motor de desarrollo: el NOA con el limón y las legumbres; el NEA con la yerba mate, el té, el arroz y la forestoindustria; Cuyo con la uva y la vitivinicultura; y la Patagonia con la pesca y las frutas del Alto Valle.
En el ranking mundial, Argentina se posiciona como quinto exportador en productos pesqueros y legumbres, cuarto en peras frescas, segundo en yerba mate y líder absoluto en limón. Estos desempeños refuerzan la importancia de las economías regionales no solo en el equilibrio macroeconómico argentino, sino también en la construcción de una identidad agroalimentaria con proyección global.
La fotografía de FADA revela que, pese a la centralidad de la Pampa Húmeda, las economías regionales continúan siendo una pieza estratégica en el tablero exportador. El caso del complejo de la uva, con sus vinos como embajadores y puntas de lanza, simboliza esa mezcla de tradición y desafío: un sector que, a pesar de las dificultades, logra sostener y expandir su presencia internacional.
En tiempos de volatilidad económica, estas producciones ofrecen al país divisas, empleo local y arraigo territorial, contribuyendo no solo a la balanza comercial, sino también al tejido social y productivo de las regiones que representan. Argentina, en definitiva, encuentra en sus economías regionales un capital que va más allá de las cifras: un patrimonio cultural, económico y social que reafirma la diversidad de su geografía productiva.

