En las últimas semanas las tormentas estuvieron bravas. Y no me refiero a cambios climáticos ni a efectos meteorológicos. Sí, ha llovido en tierras mendocinas, pero ese no es mi foco de interés. Al menos hoy.
La IA ya no responde preguntas: ahora puede desarrollar proyectos completos. En este contexto el vibe-coding es el superpoder que democratiza la creación digital… y también obliga a repensar lo que construimos.
En las últimas semanas las tormentas estuvieron bravas. Y no me refiero a cambios climáticos ni a efectos meteorológicos. Sí, ha llovido en tierras mendocinas, pero ese no es mi foco de interés. Al menos hoy.
Las principales empresas de IA del mundo volvieron a romper récords con nuevos modelos:
En paralelo, estos avances ya están teniendo efectos visibles en los mercados. Hoy el mercado financiero está valorando positivamente a las empresas que anuncian despidos vinculados a la implementación de IA. Un fenómeno que, muchas veces, huele más a excusa corporativa que a verdadera transformación tecnológica.
El cambio en la matriz laboral es evidente. Estamos atravesando un proceso de transición entre dos modos de producir y concebir el trabajo. Como si estuviéramos cruzando un río: demasiado lejos para volver atrás, pero todavía con un largo tramo para llegar hasta la otra orilla.
Las tormentas se hicieron sentir especialmente en grandes consultoras, industrias de software y empresas de ciberseguridad. Anthropic, hoy apodada por algunos analistas como la “market crasher ”, cada vez que lanza una actualización sacude verticales completas del mercado.
De hecho, en los primeros meses del año, Claude presentó once plugins con funcionalidades especializadas en áreas como legal, ventas, finanzas, marketing y análisis de datos. El resultado fue un golpe significativo en varias de estas industrias.
El último impacto fuerte lo recibió IBM. Cuando Anthropic anunció que sus modelos podían leer, interpretar y reparar código escrito en COBOL (un lenguaje de programación nacido en 1959) el mercado reaccionó de inmediato. Aunque COBOL puede sonar arcaico, todavía sostiene gran parte de los sistemas financieros y administrativos del mundo. Algo así como el latín de los lenguajes de programación.
Si todo esto aún no te suena demasiado cercano, conviene prestar atención. Porque en los últimos meses su impacto fue explosivo. Y en el centro de esta transformación aparece una expresión que venimos mencionando hace tiempo en estas columnas: vibe-coding.
La transformación actual se resume bastante bien en el espíritu de esta etapa tecnológica: vibe-coding. El término, obviamente en inglés, puede sonar extraño, pero describe algo muy concreto.
Durante décadas, programar significaba escribir código. Línea por línea. Tecla por tecla. Lenguajes, sintaxis, estructuras, compilaciones. Un trabajo técnico, especializado, reservado para quienes dominaban ese idioma particular de las máquinas.
Con la llegada de la inteligencia artificial generativa, esa lógica empezó a cambiar. Hoy cada vez más proyectos nacen de una idea, una intuición o de simplemente vibras: “Necesito una aplicación que haga esto”. “Armá una web para tal cosa”. “Diseñá un pequeño juego con estas reglas”.
La persona describe lo que imagina. La IA escribe el código. Primero aparece la idea. Luego el boceto. Después el prototipo. Y todo, en cuestión de minutos.
A eso se lo empezó a llamar vibe-coding: programar por “vibras”. O, con menos poesía, programar a partir de intuiciones escritas en prompts que la IA transformará en artefactos, líneas de código o software real.
Más allá de los efectos en los mercados y las grandes industrias, esto es hoy un superpoder, algo de lo que cualquiera podría y debería beneficiarse hoy mismo. De algún modo, la programación dejó de ser algo exclusivo de perfiles técnicos y se acerca más a un proceso creativo.
Para empezar en este mundo, hasta hace poco, una de las herramientas más recomendadas era Lovable. Hoy, sin embargo, herramientas como Gemini o Claude ya logran resultados realmente maravillosos.
El funcionamiento es bastante simple: vas a encontrar un cuadro de texto donde vas a promptear (describir lo que querés construir) y el sistema empieza a generarlo. También es posible que te haga algunas preguntas para entenderte mejor.
Si es tu primera experiencia, una recomendación sencilla es comenzar con Gemini, asegurándote que antes de escribir tu prompt, actives la herramienta de “lienzo”.
Entre los ejemplos más interesantes que vi en estudiantes y participantes de talleres aparecen pequeños videojuegos, herramientas para organizar tramas narrativas, aplicaciones para catalogar objetos, recursos educativos para estudiantes o plataformas visuales para compartir ideas.
Ya si contás con cierta familiaridad con la programación y querés ir un paso más allá, existen herramientas como Cursor AI o Google Antigravity.
Estos sistemas funcionan como IDEs completos (entornos de desarrollo integrados). Es decir, aplicaciones que permiten crear, editar, depurar y compilar código desde una sola interfaz.
Si bien puede parecer un poco complejo al principio, para quienes ya han programado alguna vez resultará bastante familiar.
Desde ahí es posible pedir proyectos más complejos, editar archivos específicos, utilizar bibliotecas externas y tener mayor control sobre lo que se construye.
La consecuencia más evidente es que producir cosas se vuelve cada vez más fácil y más rápido. Lo que antes requería semanas de trabajo técnico hoy puede convertirse en un primer prototipo funcional en cuestión de minutos.
Estamos pasando de modelos de IA que simplemente respondían preguntas a sistemas capaces de ejecutar tareas completas. Los agentes marcan este cambio y marcan el camino hacia una nueva etapa: sistemas capaces de desarrollar proyectos enteros.
OpenClaw fue uno de los primeros en mostrar este paradigma hace apenas unas semanas. Poco después apareció Perplexity Computer, un sistema basado en IA que permite delegar tareas completas para que el sistema las ejecute y entregue el resultado final.
En palabras de Michael Truell, fundador de Cursor, estamos entrando en una “tercera era del desarrollo de software”.
Según su visión, ya no se trata simplemente de escribir código con ayuda de IA, sino de construir “la fábrica entre con la que producir tu software”. Flotas de agentes que trabajan como compañeros de equipo: reciben una dirección inicial, cuentan con herramientas para trabajar de forma autónoma y luego su trabajo es revisado por humanos.
Es decir, pasamos de pedir ayuda para escribir código a definir problemas, establecer criterios de evaluación y dejar que las máquinas desarrollen la mayor parte del trabajo.
La IA no solo está transformando la programación. Está cambiando la forma en que convertimos ideas en productos.
En este punto aparece una pregunta inevitable, incómoda. Y conviene frenar un segundo antes de dejarnos llevar por el entusiasmo. El código generado por IA todavía está lejos de ser perfecto.
Existen vulnerabilidades, errores de seguridad y posibles filtraciones de información sensible. En manos equivocadas o simplemente sin supervisión esto puede generar problemas importantes.
Una recomendación simple: si estás experimentando, mantené esos proyectos en entornos personales y evitá trabajar con información sensible.
Pero hay un riesgo más profundo. Si todo empieza a construirse “por vibras”, corremos el riesgo de crear mucho… y comprender poco.
Podemos prototipar ideas a velocidades infinitas. Podemos convertir una intuición en algo funcional casi al instante. Pero construir también implica comprender. Diseñar, programar, planificar o investigar requiere entender objetivos, riesgos, decisiones y consecuencias. La profesionalización no es solo el hacer. También es el saber.
La tecnología siempre soñó con eliminar fricciones para crear. Hoy ese sueño empieza a volverse realidad (al menos en el mundo digital).
Si el resultado de hoy no te impresiona demasiado, probablemente sea lo peor que veas de acá en adelante. La IA avanza a una velocidad verdaderamente exponencial.
Para quienes ya trabajan en este mundo, el desafío no será simplemente automatizar lo que ya hacen. El verdadero desafío será innovar. Cuestionar los por qué. Porque quizás el futuro no se trate de gestionar productos, sino de gestionar posibilidades.
Si aún no lo hiciste, este es tu llamado para sumarte a la ola del vibe-coding. La IA está cambiando quiénes construyen productos y cómo se construyen. Si bien esto afecta industrias, también pone en mano de las personas oportunidades casi ilimitadas.
Animate a jugar. Animate a aprender. Animate a crear. Estamos transformando la forma en que construimos y formamos parte de mundo.


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