8 de abril de 2026
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Opinión

Una deuda silenciosa, ¿por qué es clave que empecemos a hablar de inteligencia híbrida?

La Inteligencia Artificial abre un nuevo capítulo: entre la deuda cognitiva y la inteligencia híbrida, el futuro depende de cómo la integremos.

Por Damian Kesler

Octubre viene con sabor a un año que empieza a terminar. La primavera llega, los brotes florecen, las energías decaen, el mundo se acelera cada vez más. Todo aquello que esperábamos del 2025, pierde el tinte de miedo o esperanza, y comienzan a ser certezas, marquitas de “Historia”.

La inteligencia artificial en modo balance

En el mundo de la IA, esto se refleja en informes que ya no proyectan el año (pocos se animan al 2026 aún), sino que lo analizan, lo evalúan, lo diagnostican. Este mismo clima se vive en las calles, en las escuelas, en las organizaciones: Los KPI que se cumplen, los presupuestos que no alcanzan, el cierre de notas, el último Q del año, lo que ya queda para otro ciclo.

Uno de los datos recientes tiene mucho de esta sensación de fin de año: Hace unas semanas, Anthropic, la empresa que está detrás de Claude, indicaba que el 77% del uso de su API (la llave de acceso a su herramienta para programadores) es utilizada para remplazar tareas humanas, no para potenciarnos. Sin duda un dato un tanto desalentador.

Incluso a nivel personal, cuando el cansancio del año se va acumulando, resulta tentador delegar ciertas tareas en la IA y que se resuelvan solas. Como si contáramos con una varita mágica que en segundos permite tachar esos grandes pendientes que llevarían horas. Es como esa sensación de encontrar dinero guardado en bolsillo, o que te entre una reintegro de una compra que no sabías que venía bonificada. A veces, esa tentación se parece más al “ya fue” de pedir un préstamo para darte ese gustito que sabés que te merecés, pero que podría llevarte meses o años de ahorro (¿problema del yo del futuro?).

Cuando la IA reemplaza en lugar de potenciar

Justamente uno de estos conceptos clave viene de ahí, el de “deuda cognitiva”. Y aunque los estudios aún son preliminares, empezamos a entender que cuando no nos comprometemos de manera crítica con una tarea, esta se vuelve automática, sesgada y superficial. Es decir, nos anulamos, quedando sumisos al reto de usar la Inteligencia Artificial sin volvernos más tontos. Este patrón de conducta refleja la acumulación de deuda cognitiva, es decir, la dependencia repetida de estos sistemas externos reemplazan los procesos cognitivos debilitándolos de a poco.

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La inteligencia híbrida, esa capacidad de combinar el potencial cognitivo de los humanos con el de las máquinas.

La inteligencia híbrida, esa capacidad de combinar el potencial cognitivo de los humanos con el de las máquinas.

La deuda cognitiva pospone el esfuerzo mental a corto plazo, generando “costos” a largo plazo. Así, disminuye la reflexión y el posicionamiento crítico, exponiéndonos a una mayor vulnerabilidad, a la manipulación, a sesgos y la reducción de la creatividad.

Por supuesto que no estamos condenados a este futuro. Y quien así lo diga, peca de alarmista. Justamente la clave está en interiorizarnos en un nuevo paradigma: el de la inteligencia híbrida, esa capacidad de combinar el potencial cognitivo de los humanos con el de las máquinas. No como amigos, sino como socios, como colegas. Para lograr lo que sería muy difícil hacerlo solos.

La historia tiene mucho para contarnos: Cuenta que en 1996, Garry Kasparov, campeón mundial de ajedrez de la época, vence 4 a 2 a la supercomputadora de IBM, Deep Blue. En la revancha de 1997, las cosas cambiarían para siempre: por primera vez en la historia un campeón mundial perdería contra una máquina. La imagen del momento en que Kasparov comprende su derrota es icónica y queda muy bien ilustrada en Rematch, el thriller que le hace honor al momento.

Sería un antes y un después en la percepción del público general sobre lo que las máquinas serían capaces. El ajedrez estaría acabado. O quizá no…

La IA como amplificador de pensamiento

Lejos de terminar con la obra, abrió un nuevo capítulo de preguntas: ¿Las máquinas como competidoras o como aliadas? Claramente, Deep Blue y sus sucesoras no han eliminado juego; lo resignificaron y enriquecieron como nunca antes. Hoy los jugadores de todo el mundo cuentan con nuevas herramientas al alcance de la mano para aprender a su propio ritmo, mejorar sus estrategias y llevar la competencia a otro nivel. Hoy incluso existen torneos máquina contra máquina y humano contra humano, pero también máquina más humano contra máquina, y máquina y humano contra humano y máquina.

A casi 30 años de este suceso, el pasado habla más de nuestro futuro que nuestro propio presente.

Esta vez, la foto clave viene de un trabajo reciente de OpenAI que analiza más de un millón de conversaciones para comprender el uso que le estamos dando a la herramienta que cambió la historia.

Resulta que más o menos 700 millones de personas (más del 12% de la población adulta mundial) utilizan la herramienta semanalmente, generando más de 2,5 mil millones de mensajes diarios. También sabemos que el uso no-laboral es mayoritario (pasó de 53% a 73% entre 2024 y 2025), y que el 80% de su uso a modo de guía práctica, para buscar información y para la escritura. Las personas la usan principalmente para pedir información o un criterio (~49%), pedir un resultado final (40%) y compartir pensamientos o sentires (~11%).

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Resulta que más o menos 700 millones de personas (más del 12% de la población adulta mundial) utilizan la herramienta.

Resulta que más o menos 700 millones de personas (más del 12% de la población adulta mundial) utilizan la herramienta.

Un socio de pensamiento, no un sustituto

También resulta que a mayor nivel educativo y frente a ocupaciones profesionales, el uso está más volcado en potenciarse sus competencias, en vez de reemplazarlas: se usa para obtener, registrar e interpretar información y para tomar decisiones, resolver problemas, crear o asesorarse.

Acá sí, el resultado es alentador. La IA no solo es una herramienta de producción de contenido, sino un “amplificador de pensamiento”. No solo es hacer las cosas más rápido, sino para aprender, para pensar mejor, para tomar mejores decisiones y para generar ideas con más claridad. Oro puro.

La IA se estaría convirtiendo en un socio, un copiloto, un compañero de pensamiento. Necesitaremos de todas nuestras competencias humanas para definir cuándo estamos enriqueciendo nuestro capital cognitivo y cuándo estamos simplemente tomando deuda.

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