19 de abril de 2026
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Basura

Criarse toda la vida en el basural: el desafiante día a día de Mario

Tiene 26 años y hoy trabaja como recuperador urbano. Desde su infancia, sus recuerdos se dividen entre la marginalidad y la búsqueda de oportunidades.

Por Luis Calizaya

El presente socioeconómico de Argentina muestra datos oficiales que, más que reflejar certezas, parecen contrastar con la realidad de las personas que viven en situación de pobreza. Esto se observa a diario en las calles de Mendoza y sus departamentos, donde muchos recurren a los residuos como forma de subsistencia o trabajo.

Entre las múltiples historias posibles, la de Mario Ezequiel alza la voz para contar su vida que, desde su niñez, sus recuerdos están ligados a un basural de Guaymallén, aunque hoy busca nuevas oportunidades para salir adelante.

Embed - SE CRIÓ EN UN BASURAL DE GUAYMALLÉN: LA HISTORIA DE MARIO

Sobrevivir al estigma y la pobreza: la dura historia de Mario

La historia de Mario no es un caso aislado. En Mendoza, los datos oficiales reflejan un contexto económico complejo. Según la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), en marzo de 2026 la Canasta Básica Total (CBT) alcanzó los $1.343.452,50 para una familia tipo, con un incremento mensual del 2,93% y una suba interanual del 35,36%.

Estos números marcan el umbral de la pobreza, pero también evidencian una brecha entre las estadísticas y las realidades que se ven a diario en las calles con personas que encuentran en los residuos una forma de subsistencia, como ocurre con los recuperadores urbanos.

Mario Ezequiel González Honores, de 26 años, creció en un basural de Guaymallén. Desde muy chico, su rutina estuvo ligada a clasificar residuos, sin horarios ni condiciones laborales formales. “Me crié en eso y aprendí a rebuscármela. Se me hizo costumbre ”, cuenta.

Durante años, la comida, la ropa y hasta los objetos cotidianos salían de lo que otros desechaban. “Había días en los que no teníamos para comer y lo sacábamos de ahí. Lo limpiábamos y seguíamos ”, recuerda.

El trabajo era físico y riesgoso. Sin herramientas ni protección, cargaba bolsones de hasta 80 kilos. “Era todo a pulmón. Terminabas con dolor en todo el cuerpo ”, explica. A eso se suman las marcas sociales con la discriminación en la escuela, las miradas y los prejuicios. “Te señalaban por venir del basural. Eso te queda ”.

Hoy, con el basural cerrado, Mario trabaja como recuperador urbano en una planta recicladora. Llegó por recomendación de una conocida y, aunque las condiciones siguen siendo exigentes, destaca el cambio de contexto.

Hay cosas que siguen siendo duras, como los olores o el esfuerzo, pero también encontré compañeros y momentos buenos ”, dice.

Su historia también está atravesada por una lógica familiar, ya que el basural formó parte de su entorno desde generaciones anteriores. “Era lo que conocía. Tuve otras oportunidades, pero siempre volvía porque era lo más fácil para mí ”, reconoce.

A pesar de todo, rescata aprendizajes: “Este trabajo te deja humildad. Ves cosas que otros tiran y que a vos te hacen falta. Aprendés a valorar todo ”.

Hoy, con pequeños avances, proyecta un futuro distinto. “Estoy juntando cosas para mi casa. Muchas las conseguí trabajando. Antes comía del basural porque no tenía otra opción. Ahora, cada plato que tengo lo valoro de otra manera”.

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