17 de abril de 2026
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Tiroteo

Amenazas de tiroteo en escuelas y naturalización de la violencia: cómo actuar desde la familia

Las amenazas de tiroteos en escuelas generan temor y conmoción en distintas comunidades educativas. Advierten sobre la necesidad de escuchar a los adolescentes.

Por Celeste Funes

“Tenemos miedo. Miedo de que te llamen de la escuela y te digan: ‘Mataron a tu hijo’”, manifestó una mamá de estudiantes de la Escuela 4-143 El Algarrobal, en Las Heras. El pasado miércoles, una pintada en el interior de un baño anticipaba un posible tiroteo el 16 de abril. El temor, la desesperación y la conmoción por un fenómeno que hace cada vez más ruido en el país lleva a reflexionar sobre qué está ocurriendo con los chicos y cómo deben actuar los padres.

Son múltiples los episodios que han ocurrido —y en poco tiempo—, como para pensar en casos aislados. El 10 de septiembre, una menor llevó un arma a una escuela de La Paz y efectuó varios disparos; el día 22 de ese mismo mes, un adolescente de 15 años apareció con un aire comprimido en la institución Técnicos Mendocinos, en Guaymallén. El caso más grave llegó el pasado 30 de marzo, cuando un alumno asesinó a un pequeño de 13 años en Santa Fe.

En las últimas horas, una serie de nuevas amenazas o advertencias de esta índole causaron temor en distintas comunidades educativas: además de en Las Heras, también ocurrió en Lavalle y en la capital bonaerense de La Plata. En esta última, el mensaje escrito en la pared de la Escuela N°26 anticipaba: “Mañana 15/04 tiroteo, el que arriesga que venga”.

amenaza tiroteo
El mensaje fue detectado dentro del establecimiento de la escuela El Algarrobal.

El mensaje fue detectado dentro del establecimiento de la escuela El Algarrobal.

La naturalización de la violencia y la pérdida del valor de la vida

En algunos de estos casos, se hizo explícita referencia a otros ataques mundialmente conocidos: el de la masacre de la escuela secundaria de Columbine, ocurrido el 20 de abril de 1999 en el estado de Colorado, Estados Unidos; y más reciente, el perpetrado por Brenton Tarrant en 2019 contra dos mezquitas ubicadas en Christchurch, Nueva Zelanda. Para la psicopedagoga (Mat. 191) y lic. y doctora en psicología (Mat. 1908), Nancy Caballero, uno de los “problemas más serios” sobre esto es que “como humanidad, hemos perdido el eje del valor de la vida y la muerte”.

“Los desafíos siempre existieron, pero hoy las redes sociales aportan algo nuevo: la inmediatez y la masividad de la difusión”, planteó Caballero al ser consultada por SITIO ANDINO. La profesional advirtió que muchos adolescentes no dimensionan las consecuencias irreversibles de ciertos actos. “Cuando un chico puede pasar por algo feo, después lo supera. Pero cuando se pierde la vida, no hay vuelta atrás”, remarcó.

Uno de los aspectos que más preocupa es que no existe un perfil único que permita identificar a quienes podrían involucrarse en situaciones violentas. Incluso, en algunos casos, los jóvenes que protagonizan hechos graves no presentan señales evidentes previas.

estudiantes lloran tras la masacre de columbine
Estudiantes de Colorado lloran tras la masacre de Columbine, el hecho considerado el peor tiroteo masivo en Estados Unidos.

Estudiantes de Colorado lloran tras la masacre de Columbine, el hecho considerado el peor tiroteo masivo en Estados Unidos.

“A veces aparecen chicos con traumas o dificultades, pero otras veces, como ocurrió en Santa Fe, los docentes decían que no había indicios de que algo así pudiera ocurrir. Eso hace que la prevención sea más compleja”, explicó.

La referencia a hechos históricos o mediáticos también influye en la reproducción de este tipo de amenazas. La psicopedagoga señaló que algunos casos recientes incluyen menciones a episodios emblemáticos de violencia escolar, lo que evidencia un efecto contagio o mimetización. Esto último es, también, una de las inquietudes de la Dirección General de Escuelas (DGE), para quienes este tipo de acciones se masifica con el uso de redes sociales y compromete la autoridad de los adultos.

“Cuando estos temas circulan mucho, pueden funcionar como disparadores para chicos que están en un límite emocional, entre hacerlo o no hacerlo”, advirtió. En este sentido, introdujo el concepto de la “ventana de Overton”, una teoría que explica cómo conductas inicialmente rechazadas pueden volverse aceptadas con el tiempo.

“La violencia se puede naturalizar. Algo que antes nos parecía impensable empieza a ser común, luego normal y, finalmente, hasta aceptado. Por eso es fundamental no normalizar la violencia”, sostuvo.

Además, remarcó que los adolescentes necesitan comprender que la violencia no es una forma válida de expresión. “El ser humano tiene una herramienta única que es la palabra. Hemos perdido la idea de expresar el enojo o la frustración hablando, y eso es responsabilidad de los adultos”, afirmó.

Adolescentes que buscan ser escuchados

Para Caballero, detrás de muchos comportamientos extremos existe una necesidad insatisfecha de escucha. La especialista enfatizó que los adolescentes requieren contención emocional y espacios donde puedan expresar sus inquietudes.

“Los adolescentes necesitan oreja y corazón. No se los está escuchando, y cuando no los escuchás, ellos buscan hacerse escuchar de otras maneras”, expresó. En este sentido, Caballero aclaró que escuchar no significa interrogar ni controlar cada movimiento, sino generar espacios de confianza.

“El chico no necesita un interrogatorio para que el adulto se quede tranquilo. Necesita que lo escuches, que te calles y lo dejes hablar”, explicó.

Este diálogo también debe incluir reflexiones sobre las consecuencias de los actos y el impacto emocional en otras personas. De hecho, en Aconcagua Radio, María —la madre anteriormente citada— preciso que sus hijos “nunca sufrieron bullying” o algún tipo de agresión, en el ámbito escolar, el ambiente “no es tranquilo” y, en una ocasión, uno de los menores le pidió el cambio de colegio. “Nunca le han pegado ni nada, pero he visto peleas afuera, cómo se pegan y nadie hace nada”, sumó.

Para trabajar en ello, algo esencial es “ayudarlos a desarrollar empatía”, precisa la psicopedagoga. “Pedirles que se pongan en el lugar de esa mamá que manda a su hijo a la escuela y no sabe si va a volver es una reflexión que los ayuda a entender la gravedad de estas situaciones”, indicó.

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Padres presentes, no amigos: el valor de la autoridad

La exposición constante a videojuegos violentos y contenidos digitales relacionados con armas o supervivencia no es la única causa, pero puede contribuir a la normalización de la violencia.

“Hay juegos en los que mientras más matás, más puntos ganás, y eso se vuelve natural para los chicos”, explicó. Caballero advirtió que muchos adultos creen tener control sobre el uso de las pantallas, cuando en realidad desconocen qué consumen sus hijos. Por eso, recomendó involucrarse activamente en el uso de la tecnología.

“Hay que sentarse con ellos, preguntarles en qué consiste el juego, cómo ganan puntos, qué tienen que hacer. No se pueden dar por vencidos con las pantallas”, enfatizó.

Uno de los mensajes más contundentes de la especialista se centró en la función de los padres como figuras de autoridad, diferenciando este rol del intento de convertirse en “amigos” de los hijos. “Los chicos tienen muchos amigos, lo que necesitan es un adulto que los resguarde”, afirmó.

Caballero explicó que ejercer autoridad no implica autoritarismo ni maltrato, sino establecer límites claros que favorezcan el crecimiento saludable. “La palabra autoridad viene del latín auctoritas, que significa ayudar a crecer. El niño necesita límites para desarrollarse sano y firme”, detalló.

Un llamado a la reflexión colectiva

Frente al aumento de amenazas y episodios violentos, la especialista consideró que el desafío no debe centrarse únicamente en encontrar culpables, sino en construir soluciones conjuntas entre familias, docentes y comunidad educativa.

“Muchas reuniones terminan en ver quién tiene la culpa, en lugar de preguntarse qué podemos hacer si esto ocurre y cómo actuar”, reflexionó.

El cambio debe comenzar por los adultos, recuperando valores fundamentales como el diálogo, la empatía y la responsabilidad.

“Para mí, el punto de inflexión va a ser cuando los padres empecemos a escuchar a los chicos y nos animemos a ayudarlos a pensar en las consecuencias de sus actos. La reflexión y la empatía son las únicas herramientas que tenemos”, concluyó.

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