En un Estados Unidos que parecía resignado a la polarización entre nacionalismo conservador y liberalismo centrista, la victoria de Zohran Mamdani, de 34 años, en las elecciones a la alcaldía de Nueva York, ha irrumpido como un fenómeno político de magnitud histórica. Musulmán, hijo de inmigrantes y militante del ala socialista del Partido Demócrata, Mamdani no solo se convirtió en el primer alcalde musulmán de la ciudad, sino también en la figura más visible de una nueva generación que busca recuperar la tradición progresista estadounidense.
Su triunfo se produce antes del primer año de gestión de Donald Trump, lo que refuerza su carácter disruptivo. En la cuna de Wall Street y en medio de un clima político dominado por el discurso del miedo, la inseguridad y la desigualdad, un candidato que propone transporte gratuito, congelamiento de alquileres y aumento de impuestos a los más ricos logró seducir a más de un millón de votantes y obtener la mayor participación ciudadana desde 1969.
De Roosevelt a Mamdani: la larga historia del progresismo americano
Estados Unidos conoció otras etapas de avance social. A comienzos del siglo XX, Theodore Roosevelt impulsó leyes antimonopolio y regulaciones empresariales; el New Deal de Franklin D. Roosevelt en los años treinta consolidó el Estado de bienestar, y la segunda posguerra fue escenario de políticas públicas inspiradas en el keynesianismo.
Pero a partir de los años ochenta, con Ronald Reagan y la expansión del neoliberalismo, el péndulo giró hacia la desregulación y la concentración económica. Desde entonces, la derecha estadounidense se fortaleció, primero con el Tea Party y luego con el movimiento MAGA de Trump, que transformó la indignación social en una fuerza política conservadora y autoritaria.
La campaña de Mamdani evitó el tono épico o la retórica vacía. Su estrategia fue hablar desde la experiencia cotidiana, poner en palabras los problemas de los inquilinos, los trabajadores y los jóvenes que no llegan a fin de mes en la Gran Manzana. Sus propuestas, centradas en la vivienda y el transporte, combinaron realismo con audacia: guarderías gratuitas, congelamiento de rentas y un sistema de transporte público sin costo financiado mediante impuestos progresivos.
“Por mucho que trabajes, la vida en esta ciudad es carísima”, repetía el candidato en español durante sus actos dirigidos a la comunidad latina. Esa cercanía -reforzada por su biografía multicultural y su militancia barrial- lo convirtió en un mensajero creíble de una agenda que se propone “hacer de Nueva York una ciudad vivible”.
Su campaña, apoyada por más de 90.000 voluntarios del movimiento Democratic Socialists of America (DSA), recuperó una forma de militancia casi olvidada en el país del norte: el trabajo puerta a puerta, el diálogo directo con los vecinos y la construcción comunitaria más allá de las redes sociales.
El golpe para Trump y la fractura del sistema político
Para Donald Trump, la derrota de su aliado Andrew Cuomo (que, si bien demócrata, terminó representando al círculo rojo de Wall Street) en Nueva York significa algo más que la pérdida de un bastión simbólico. Mamdani encarna lo contrario al ideario trumpista y también al de los demócratas tradicionales: multiculturalismo frente a nacionalismo, redistribución frente a privilegio, cooperación global frente a aislamiento.
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La derrota en Nueva York provocó el enojo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que amenaza con abandonar a la Gran Manzana.
El nuevo alcalde no solo cuestiona la desigualdad interna, sino que también ha denunciado el intervencionismo y el doble estándar internacional de Washington, en especial su respaldo al gobierno israelí. Estas posturas le han valido tanto admiración como hostilidad en sectores del poder político y mediático norteamericano.
Trump, por su parte, respondió con insultos y amenazas de recortes federales a la ciudad. Pero el contraste entre ambos ya trasciende lo personal: Mamdani se propone reconciliar a la ciudadanía con el Estado, mientras el trumpismo vive de su desconfianza.
Lo que viene: un desafío dentro y fuera del Partido Demócrata
El triunfo de Mamdani no solo interpela al Partido Republicano. También pone en crisis al establishment demócrata, acostumbrado a oscilar entre un progresismo retórico y una gestión alineada con los intereses financieros globales.
Como antes Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, Mamdani representa la corriente que busca desplazar el centro del poder político hacia un mercado con sentimientos comunitarios. Pero su desafío es monumental: convertir una victoria local en una fuerza nacional capaz de disputar la presidencia o influir en la agenda del partido sin ser absorbido por su maquinaria. Allí surgen los problemas para este sector, ya que Mamdani deberá encontrar un o una par que pueda ser candidato o candidata a presidente y se alinee con sus propuestas y construcción política.
El éxito o el fracaso de su gestión en Nueva York será determinante. Si logra concretar parte de su programa —vivienda accesible, transporte gratuito, empleo digno— su experiencia podría convertirse en modelo para un nuevo progresismo estadounidense, pragmático, diverso y con vocación de poder.
Entre la esperanza y el temor
Más allá de sus fronteras, el fenómeno Mamdani ya ha despertado un interés mundial. En América Latina, Asia, África y Europa, su figura es vista como símbolo de renovación o, para algunos, como advertencia de un retorno del socialismo al corazón del capitalismo.
Lo cierto es que su victoria reabre un debate de fondo: ¿puede Estados Unidos volver a ser progresista? En una nación marcada por la desigualdad y el desencanto político, la respuesta dependerá de si el nuevo alcalde logra demostrar que la rebeldía también puede ser eficiente.