7 de abril de 2026
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Opinión

Arrancan las elecciones y la oportunidad de debatir el futuro está en juego

En La Pampa arranca el proceso de elecciones 2023. Podremos debatir el sentido y contenido de la democracia o seguiremos los dictados del sentido construido.

Por Marcelo López Álvarez

El comienzo de lleno del proceso de elecciones 2023 durante la jornada de hoy en la vecina provincia de La Pampa, lleva legítimamente a preguntarse si lo que parece la agenda electoral es realmente lo que los ciudadanos esperan escuchar.

¿Hay una disociación marcada entre lo que espera la ciudadanía y lo que ofrece o discute la política? O esa disociación es una construcción de sentido que efectivamente se realiza desde las distintas articulaciones del poder tocando fibras afectivas de ciudadanos embarcados en una vorágine que les deja poco tiempo para parar la pelota y pensar su realidad y construcciones personales.

Así, casi con naturalidad, se arman grandes bolsones de “sentido común” que tal como quienes padecen el Síndrome de Estocolmo defienden los intereses ajenos aunque los perjudique o no obtengan ningún progreso, sino más bien un retroceso en su calidad de vida.

Un ejemplo fuerte se vive por estos días donde esa construcción de sentido común pone a la sociedad en un lugar dónde (supuestamente) la discusión del funcionamiento de la Corte Suprema de Justicia y la actividad profesional de los Cortesanos no es de interés social, publico o mayoritario, sino un problema de algún grupo político o de algunos dirigentes que buscan un supuesto beneficio propio.

Pocas construcciones de los últimos tiempos pueden servir de tan claro ejemplo para mostrar que lo que en realidad está alejado de la realidad es ese sentido común construido.

Ante un proceso electoral como el que vivimos los dirigentes y quienes tienen entre sus manos la posibilidad de analizar el funcionamiento diario de esa realidad se enfrentan a dos caminos. O seguir el sendero de ese sentido común construido o tomar por otro andarivel que se podría calificar como pedagógico de discutir, plantear lo que ese agora decide no discutir interpelando ese sentido común y poniendo en agenda aquello que es relevante pero que el sentido construido dicta que no lo es.

Ese es el escenario que se está viviendo por estos días, por ejemplo con el proceso de juicio político (perfectamente legal y democrático) a los miembros de la Corte. Una acción política que intenta poner en foco de la sociedad el funcionamiento de la cabeza de uno de los poderes del Estado que se hace años viene a los tumbos y que la construcción de sentido e intereses dictaminó que no era un tema importante para la sociedad.

Y una gran parte de la sociedad compró ese discurso que a ellos no les afecta lo que decidan cuatro señores con serios defectos de legitimidad de origen. Ese grupo mismo de la sociedad que no sabe por acción u omisión que esos señores dictaminan a su saber, entender y conveniencia cuánto pagaremos de servicios o como se reparte la plata de nuestros impuestos por sobre las decisiones del Poder Legislativo o incluso el alcance de los derechos laborales de cualquier ciudadano.

Entonces legítimamente la pregunta que surge es qué pasa en esa parte grande de la sociedad que no comprende la importancia que tiene en su vida los temas “que no le importan”.

A partir de esos preceptos de supuestos temas de que a la sociedad no le interesan se genera a su vez desde sectores políticos, mediáticos y sociales que responde claramente a los factores concentrados una especie de nueva agenda de pseudo defensores de la Republica que la defiende de una manera por lo menos discutible.

Marcha SUTE, manifestaci
Movilizaciones, reclamos, discusión por los temas de la sociedad son parte  fundamental de la democracia y serán puestos a prueba en los procesos de elecciones que comienzan hoy.

Movilizaciones, reclamos, discusión por los temas de la sociedad son parte fundamental de la democracia y serán puestos a prueba en los procesos de elecciones que comienzan hoy.

Así entonces se genera una realidad paralela que dice: “Si ustedes no retiran de la agenda lo que no le interesa a la gente nosotros no discutimos lo que le interesa a la gente”, he aquí otro dato interesante de la discusión actual la desaparición del ciudadano ( un sujeto de derechos) para transformarlo en gente, un conjunto indeterminado de personas.

En estos nuevos discursos y juego de la democracia. Así hoy esos factores de poder (por lo general asociados a los que se conoce como pensamientos de derecha) que en alguna época interrumpían los procesos democráticos desde afuera, hoy copan el sistema desde adentro, por ejemplo impidiendo el funcionamiento del Parlamento desde adentro mismo del sistema.

En la década del 60 principios del 70, Henry Kissinger planteaba que uno de los grandes problemas era que las democracias occidentales tenían una fuerte sobrecarga de demandas sociales y de derechos que complicaban la gobernabilidad y la forma de recuperar esta era sacándole a la democracia esa carga de demandas o bajar las expectativas de concretarlas.

La sucesión de golpes militares gobiernos de facto auspiciados desde Estados Unidos (desde el Plan Condor hasta la operación Contra) fue la forma de descargar de demandas a las democracias. El proceso fue trágico pero exitoso, todos los retornos democráticos (por ejemplo en América Latina) fueron con un umbral muchísimo más bajo de demandas sociales.

Esos mismos factores de poder hoy operan desde adentro, con la aparición de voceros ya sea funcionarios o incluso legisladores que plantean que no es “normal” que un trabajador pueda comprase un televisor o cambiar el auto, legisladores que prometen carcel (en el menor de los casos otros piden bala) a quienes reclamen sus derechos o mejoras laborales y hablan sin ningún tapujo de gerenciar la educación. Cambiaron la fuerza bruta por el sentido construido de que los derechos o aspirar a mejoras sociales que carguen de demandas la democracia es peligroso por lo que es mejor quedarse así.

No hay que irse muy lejos en el tiempo para recordar el día que uno de los representantes de esos poderes concentrados, el vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, aseguró en Chile; “Hay una afirmación que yo veo como un síntoma innegable de fe populista y en mi país se escucha con frecuencia, según la cual detrás de cada necesidad debe haber un derecho. Obviamente un mundo donde todas las necesidades son satisfechas es deseado por todos, pero no existe. Si existiera, no tendría ningún sentido la discusión política y moral”, kisenguerismo al palo dirían los chicos.

El proceso electoral que comienza formalmente hoy a lo largo y ancho de la Argentina es una oportunidad de discutir claramente esas demandas que no cargan a la democracia sino que por el contrario le dan sentido. La política, la sociedad estar{an dispuestas a dar esa discusión que sacuda el tablero en pos de mejor y más democracia o preferirá la comodidad del sentido construido y la falsa imagen de República.

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