Con la esencia intacta, la banda más glam de la escena del rock entregó dos horas de recital en el auditorio Ángel Bustelo. Las ganas de tocar se completaron con hits de las mejores épocas y temas del nuevo disco Romantisísmico.
El lugar fue el mismo. A excepción de la presentación en la Fiesta de la Cerveza que los tuvo como protagonistas de su edición 2012, Babasónicos parece haber tomado el auditorio Bustelo como templo de su ritual acá en Mendoza. Fue allí, que este jueves se desplazaron cientos de almas sedientas del néctar que el grupo ofrece. Fue allí que el rock volvió a convocar al encuentro, esta vez para mostrar su costado más divo, ese con el que Adrián Dárgelos y su troupe, se impuso décadas atrás despabilando el avispero de una escena bastante predecible.
Babasónicos completó otra gran noche en Mendoza.
Esta vez la novedad fue Romantisísmico, el último material discográfico de estudio con el que la banda vuelve al ruedo intentando conjugar el power de las primeras épocas y la lírica amorosa con la que se afianzó después entre riffs psicodélicos de rock pop. Mientras los temas del disco van acaparando los espacios de las emisoras radiales, el recital en la provincia propuso mucho más.
A diferencia de otras presentaciones en vivo en las que el grupo se entrega con lo justo, la formación se despachó con dos horas de show. Los primeros acordes despertaron la excitación de la gente, mientras un Dárgelos narcisista le ponía voz a Humo del reciente álbum. Luego vendría Fiesta Popular, El baile y el hit de Infame: Irresponsables.
Potente el sonido y una puesta de luces sin demasiada parafernalia, el suelo se sacudió con Patinador Sagrado, ese track que como bien dijo el frontman de la banda ahora viene lo que Mendoza hizo grande. Pero este no sería el único revival de la noche, también agitaría la sala Malón de Trance Zomba. Entremedio vendrían Los desfachatados, Putita, Los burócratas, Flora, Como eran, Tormento, La lanza, Run run y Yegua; entre otras canciones.
Todo mejor o más de lo esperado y, en el centro de escenario: él. Un Adrián Dárgelos encendido de divismo. Abriendo los brazos para embeberse de la euforia y el clamor de su público. Moviendo su cuerpo con una cadencia hipnótica. Embellecido de actitud. Una actitud que impregna a los seis músicos que lo acompañan y que parece afirmar que a pesar de que los años pasan, Babasónicos sigue siendo la banda más hedonista del rock argento.
El final fue de fábula con Sin mi diablo, que no suele incluirse en los conciertos del septeto. Luego de esta gran noche, Babasónicos seguirá su ruta por Cuyo. Hoy en San Juan y el domingo en las tierras sureñas de San Rafael.