Con nuevo disco alumbrando su camino, la cantautora uruguaya regresó a tierra cuyana. Esta vez en compañía de su banda y con un concierto que repasó la trilogía Soy. Más libre y más latinoamericana los acordes marcan que la búsqueda recién comienza.
Desde las butacas del Teatro Universidad, el escenario proyecta una silueta. Es una muchacha, de aspecto simple y con guitarra al hombro. Cual reina del panal, la rodean cuatro hombres musicales. Ella los ha apodado: Los puchetos. Es la banda con la cual recrea las canciones que saltan de su alma y aquellas otras, las que pide prestada y que su voz angelical apropia.
El pago de callecitas con acequias y viento zonda, la recibe cada vez que viene con los brazos abiertos. Acá, como en tantos otros sitios adonde afinca su maleta (siempre lista para el viaje) tiene amigos. Y hay un público que supo atesorar desde sus iniciáticas visitas lo genuino de un repertorio mixturado de sonoridades de un lado y otro del Río de la Plata. Además de una personalidad espontánea que sabe regalarse con sonrisa amplia.
Una vez más Ana Prada, volvió a conquistar al público mendocino.
Uruguaya de nacimiento, pero cada vez más latinoamericana de esencia, Ana Prada volvió para presentar su nuevo disco y su más reciente declaración de identidad
. Esa que después de proclamarle al mundo Soy Sola y Soy Pecadora, ahora se para y dice Soy Otra. Es el tercer engranaje de un ciclo que le permitió reconocerse definitivamente en el oficio de cantora y comprometerse con una forma artística de conexión con los otros.
Si aquel anapradismo sobrevolando el aire sorprendió a muchos al principio; entremedio pasó la vida. Presentaciones aquí y allá, amigos nuevos, el ritmo cubano de Yusa que se mezcló con crema y chocolate y hasta un disco con Teresa Parodi donde ambas dicen Y qué más.
Se hizo casi inevitable incorporar y mezclar acordes de otras regiones para componer con el trazo de sus delicadas metáforas. Este transcurrir rico y vertiginosos es que muestra a una Ana Prada más libre en su presente, más desprejuiciada de estilos. Más regional.
De esto dan fe las nuevas canciones, esas que soltó en la noche del sábado al ritmo valsecitos criollos, chacareras, boleros y rancheritas. Como Donde vas a ir más que valgas con la que abrió el concierto, Sólo un rumor, ese tema que confiesa capaz le doy demasiado. Capaz después le cambio la letra. También Vuelve a casa o la canción de autoría de la francesa Queyi Hilo y dedal o La entalladita que hizo conocida la mexicana Amparo Ochoa donde Prada se sirve de su letra para reivindicar el rol del género femenino y recordar también el encuentro de mujeres que este fin de semana se desarrolla en San Juan.
La selección del repertorio tiene mucho más para dar. Es por esto que el concierto se va a ir construyendo también con aquellas canciones que forman parte de la trilogía, como Adiós, Soy Sola, Tu vestido, Soy Pecadora y un pequeño extracto de La maleta. Esa canción a la que es necesario volver y volver cuando se quiere empezar de nuevo.
El álbum Soy otra parece cerrar una puerta. Una que se abrió con el primer disco para el reconocimiento personal y para mostrarle al universo aquello de lo que como artista era capaz de entregar. Ahora que el destino se avizora limpio, es posible imaginar un horizonte en el que Ana Prada tendrá mucho más por abarcar. A sus 40 años, el camino recién comienza y Mendoza tuvo la oportunidad de disfrutarla una vez más.