El multifacético conductor de CQC presentó en el Teatro Plaza su espectáculo de stand-up Me quiero portar vien. Dos horas de humor delirante en donde no se salva ni el público. La historia de un globo intruso y la excelente performance de su hijo Lorenzo.
Nadie en su sano juicio cuando compró la entrada para ver a Roberto Pettinato, pensó que tal como se anuncia el show de stand-up que lo tiene como figura, el músico y conductor de CQC realmente se iba a portar bien. Aunque sus intenciones fueran totalmente falsas. No lo hizo nunca, no está en su naturaleza y menos si el formato teatral que eligió le permite a través de un micrófono decir y hacer lo que se le ocurra.
Esto es justamente lo que sucedió el sábado en el Teatro Plaza, cuando el ex Sumo finalmente pudo concretar su visita a Mendoza después del intento fallido del año pasado. Lo hizo a su estilo, lookeado extravagantemente (porque el Señor nos libre y guarde de estar poseídos de la insulsa camisa a cuadros que aliena guardarropas) y no necesitó más que una mesa para apoyar una guitarra y una banqueta casi de adorno, para dar rienda suelta a su lengua ácida.
El actual conducto de CQC, se despachó en Mendoza con lo mejor de su delirante humor.
Durante las dos horas que duró la presentación Pettinato se metió con todo y todos sin pedir permiso. Cualquier cosa dispara el humor desprejuiciado del saxofonista, despertando risas cómplices entre el público y, cada tanto, aplausos a rabiar. Porque es cierto que a veces se pone complicado hacerse cargo de algunas barbaridades que cualquier mortal piensa, pero que él verbaliza. Lo tildan de ser discriminador y sí, hay un poco de eso en el show, pero es parte del combo de un hombre personaje que logra llamar siempre la atención jugando en la cornisa.
Anécdotas del viaje en avión a la provincia, sus visitas a otras culturas, la demonización de Tinelli, las mujeres, el sexo guarro y sin censura, su exceso de ego, la droga y hasta la desmitificación de algunas bondades de algunos personajes de la farándula nacional, como Facundo Arana, caen en su precipicio sin red. Hasta el público es víctima de sus ocurrencias llevando una situación más allá del límite. Bien a lo Pettinato.
Como todo acto teatral, el vivo es impredecible y la presentación en Mendoza también tuvo una cuota de esto. La presencia de unos globos que parecían levitar por la sala sin que nadie pudiera explicar su procedencia, se robaron varios minutos de la noche, logrando sacar de guión a un Pettinato que se vio sorprendido con la situación. Fue sin dudas, uno de los momentos más divertidos y que supo resolver con ingenio.
Ell hijo de Pettinato, abrió el show con su imitación de Michael Jackson.
Mención aparte merece la performance que hace Lorenzo Pettinato en la apertura del espectáculo sobre Michael Jackson. Son apenas unos minutos, pero valen la pena, para ver como el hijo menor del también conductor radial, reproduce los movimientos del ídolo pop. La caracterización no tiene desperdicio.
Pettinato dice que su paso por el teatro tiene que ver más con un unipersonal que con el formato stan-up y tiene razón. La extensión de tiempo que pasa arriba del escenario lo evidencia, además del agregado musical que aporta. Regalando en el final, una buena dosis de free jazz junto al instrumento que lo incorporó a la mística historia del rock nacional.
No resulta sencillo que el conservador público mendocino digiera fácilmente las ocurrencias de un personaje tan porteño y desencajado de lo normal como es el conductor de CQC, sin embargo, Me quiero portar vien fluyó en su desatino y la gente disfrutó de la propuesta.