La Mala Rodríguez se presentó en los jardines del Julio Le Parc. Más de mil personas acompañaron a la rapera gaditana en el único show que realizó la artista en nuestro país.
Yemel Fil
La esperaban más tarde, pero la Reina apareció antes de las 22. Con el escenario caliente que le dejó Fauna y su compañero de escena DJ Jeckey, La Mala Rodríguez irrumpió en Mendoza cuando muchos incrédulos aún no digerían la noticia de verla en suelo cuyano.
La de ayer fue la única presentación de la rapera gaditana en Argentina, tras suspenderse las funciones de Buenos Aires, Córdoba y Rosario.
En una toque de La Mala uno emprende un viaje que lo lleva a un lugar inexplicable, una mezcla de barrio de negro de Manhattan y el Pino Montano de Sevilla, donde el punto en común son las críticas sociales que cada uno puede hacer en sus letras.
Como presentación de su último y delicioso disco, Bruja, la Ibérica abrió la noche con Esclavos y siguió con Caja de madera, tema con acordes jamaiquinos destinado a ser hits. En un inicio a todo ritmo la Mala soltó uno de sus clásicos: La niña y luego dejó salir Caliente para definitivamente prender fuego el frío de una noche de domingo.
Con las capuchas puestas y revoleando las manos como en el Bronx, el público recibió las primeras palabras de la artista europea: Hola Mendoza, me dijeron que era verano, tiró cuando las bases de 33 desataban otra vez la ola incontrolable de brazos surcando el cielo.
Con un manejo de escenario impecable, la rapera fue llevando a los espectadores por todo su último trabajo, allí sonaron La Rata, Lluvia, Quien manda, Cuando tú me apagas y Miedo a volar, canciones que recuperan la caligrafía belicosa de la gaditana.
Sin dudas Bruja es un gran disco y no hace más que justificar el excelente presente en la carrera de la Reina del rap español.
En casi una hora y media de recital siempre arriba, no faltaron los clásicos como Nanai, Caída libre, Dejame entra, Tengo un trato y la Cocinera, trabajos producto de sus anteriores discos Malamarismo (2007) y el criticado Dirty Bailarina (2010).
Para el final y cuando ya el escenario era una fiesta de 50 mujeres bailando en las tablas junto a la Mala al ritmo de Hazme eso, llegó el momento de la despedida y con eso el único punto negativo de la noche. Un espectador perdido en sus pasos trepó al escenario para abrazar a la rapera y generó un segundo de incertidumbre.
Rápido y con el público aún encendido, Rodríguez soltó su última munición de hip hop con Miedo a volar y las almas quedaron moviendo las cabezas, asintiendo como con la nuca quebrada.
Pasó la Mala, ametralló con música urbana y letras mordaces. Una gran noche para el grupo de seguidores de esta música que cada vez tiene más adeptos en nuestra provincia.