miércoles 22 jun 2022
Estado de Sitio

Bueno para la Argentina pero malo para los argentinos

Por Marcelo López Álvarez.

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24 de mayo de 2022 - 10:10

La renuncia de Roberto Feletti a la Secretaría de Comercio Interior, a escasas horas de que pasara a la órbita del Ministerio de Economía, solo confirma las diferencias (al parecer insalvables) dentro del Ejecutivo de cómo encarar la extendida crisis de precios, servicios y alimentación desatada por  la inflación en la Argentina.

La carta del secretario renunciante lo expresa claramente y asegura que su partida está dada por la no coincidencia en los instrumentos pensados (habría que agregar la falta de voluntad política para aplicar otros) por las autoridades del Ejecutivo para combatir el proceso inflacionario y especulativo.

Entre los productos de la canasta básica que no frenan su alza, a pesar de los esfuerzos del ahora renunciado secretario, están las harinas y sus derivados que en las primeras tres semanas de mayo acumularon casi un 8 por ciento de aumento según consultoras privadas.

Más allá de las medidas del Gobierno que, como bien sabemos, no terminan de cuajar en el sector y ni ser efectivas lo cierto es que el ecosistema del trigo es un mundo bien complicado que se complejiza aún más con la situación internacional.

En la Argentina si bien el cultivo del trigo está suficientemente extendido no escapa a la concentración que se produce en casi todas las áreas. Según los últimos datos a lo largo del territorio argentino unos 35 mil productores siembran y producen trigo anualmente pero sólo el 10 por ciento (unos 4000) acaparan el 80% de esa producción. En el paso siguiente de la cadena, los molinos harineros, la concentración es aún mucho mayor y no más de 10 se apropian de poco más del 80 por ciento de la producción y casi la totalidad de la exportación.

Por estas razones es  tan difícil romper las tendencias a la especulación y generar políticas que puedan ser efectivas para el control del sector si no hay una voluntad política muy férrea.

El dirigente agropecuario Pedro Peretti suele decir que en la Argentina la carne es un tema cultural pero el trigo es un tema social ya que en nuestro país se consumen 92 kilos per cápita anuales de derivados del trigo (harinas, fideos, galletas, pan, etc).

A esto se suma un contexto internacional que en lo que tiene que ver con los alimentos poco se habla. El control por parte de Rusia de los puertos de Mariupol y la zona del Mar de Azov, transforma a Ucrania en un país mediterraneo que pierde el control de sus puertos por dónde sale el 30 por ciento de la producción mundial de trigo (Ucrania es una especie de Pampa Húmeda europea) que es la que alimentaba a los países de la Unión Europea.

El control de Rusia de esa zona hace prever que ese trigo ya no irá a las bocas europeas sino que alimentará al bloque asiático aliado a Rusia o neutral como China, India, Irán, Indonesia y obvio a la propia Rusia. La situación bélica que se prolonga obviamente mantendrá precios altos o a la suba por largo tiempo. 

Un país como Argentina que exporta todo lo que come en su mercado interno y produce el 11 por ciento de los alimentos que se consumen en el mundo atraviesa una situación extraña. El contexto mundial, paradójicamente, es favorable para la Argentina pero no para los argentinos, ya que la política de nuestro país desde la Colonia para aquí (salvo contados períodos) siempre priorizo la exportación sobre el mercado interno.

Un reciente informe del Monitor de Exportaciones Agroindustriales que periódicamente edita la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) establece que de los 100 productos agropecuarios que más se comercializan en el Mundo nuestro país comercializa 11. Es el primer exportador mundial de harina y aceite de soja, de maní, porotos y aceite y jugo de limón, el 2do exportador de yerba mate, el 3ro de soja en poroto, el 4to en leche en polvo y peras y el 5to de harina de trigo, carne de vaca, aceite de girasol, langostinos y camarones y lanas.

La política de por necesidad (divisas) o conveniencia, de priorizar exportación por sobre el mercado interno lleva a que en situaciones como las actuales la inflación de alimentos a nivel mundial pegue también fuerte en los precios locales.

La FAO desde 1990 lleva adelante el Índice de Precios de los Alimentos a nivel mundial mide el valor de cinco complejos (cereales, aceites vegetales, carnes, lacteos y azucar) y está en estos momentos en su nivel más alto desde que se creó y probablemente de toda la historia.

Ese índice de precios se situó en abril de 2022 en un promedio de 158,5 puntos, lo que representa un descenso de 1,2 puntos (un 0,8 %) respecto del récord histórico alcanzado en marzo, aunque aún así se encuentra 36,4 puntos (un 29,8 %) por encima del valor registrado en el mismo mes del año pasado.

Este es el contexto es en el cuál el camino que parece haber tomado el Gobierno nacional de no tomar medidas de fondo y audaces muy probablemente de magros resultados.


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