Opinión

Cristina va por todo: la salida de Moyano y el control de la CGT

El sindicalismo, más temprano que tarde, quedará fracturado en por lo menos cuatro centrales si persisten la disidencia y las pujas por el timón de la CGT. Aunque esa situación ya existe, porque formalmente la CGT está fracturada, el cisma que se aproxima promete ser más profundo y significativo que el que hoy se conoce.

La CTA, central que aspiró a que el gobierno de los Kirchner la reconociera como el sector gremial que más afín se había mostrado a las políticas de la Casa Rosada , hoy está dividida y muestra, como otros colectivos, la marca de la política vertical que impone la actual administración a los sectores que lo apoyan: incondicionalidad o nada. Así, la central que maneja Yasky, que continúa como tal por el arropamiento que le dio el Ministerio de Trabajo, quedó partida . Otro sector le disputa la representatividad y la combatividad que, en algún momento, exhibió este agrupamiento por los derechos de los trabajadores.

Pero lo más fuerte está por producirse. Hugo Moyano, que ha perdido definitivamente el favor oficial , quiere conservar el control de la CGT frente a un conglomerado de gremios que pretenden, primero, desplazar al camionero y, segundo, tratar de negociar con Cristina distintas reivindicaciones que el Gobierno no cederá hasta que no vea fuera de la central obrera a su ex aliado , aquel que recibió todos los favores de Néstor Kirchner y que, al calor oficial, había crecido tanto que comenzó a aspirar a la Casa Rosada. Todos recuerdan, con Néstor todavía en vida, el cruce entre Moyano y Cristina sobre el significado de que un trabajador fuera el presidente de la Nación .

El sindicalismo tiene tantos lazos con el Estado que es inescindible con ese modelo de gestión. Es, en ese sentido, un sindicalismo de Estado , en la medida que su rol depende de su capacidad de acción no sólo frente a los empresarios sino, sobre todo, para negociar con el Estado. Moyano lo sabe y por eso ha denunciado que los funcionarios kirchneristas han salido billetera en mano para “comprar” dirigentes sindicales y ponerlos en su vereda de enfrente.

Al camionero lo acosan con cuestiones económicas y, principalmente, judiciales. Sus enemigos tampoco están cómodos para enfrentar el método implacable de disciplinamiento que ha impuesto el kirchnerismo. Cristina quiere un sindicalismo encuadrado en sus necesidades y al servicio de la política que ella establezca.

Pero ocurre que la realidad es más tozuda. La situación económica ya no es lo que era y las urgencias de la gente las deben bancar los dirigentes si quieren sobrevivir . Es lo que está pasando ahora.

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