Básquet

Hoy, el cuarto juego de una final que se volvió vibrante

A las 22, Peñarol recibirá a Obras, tras el dramático triunfo del tachero que dejó la serie final de la Liga Nacional de básquetbol 2-1 para los marplatenses.

Por Sección Andino Sports

Si el fútbol apasiona porque puede alcanzarle con minutos para volver épico un partido, el básquetbol le retruca: sólo le bastan segundos. Un puñado de ellos trasladó a Martín Osimani de la desolación a la euforia incontenible, como héroe en un triunfazo que le devolvió a Obras la ilusión extraviada en la final de la Liga Nacional. Ahora, Peñarol se impone 2-1 y esta historia, ya vibrante e incierta, continuará esta noche, con el cuarto juego, a las 22, también en esta ciudad y con TV por TyC Sports. 

Pero hasta llegar a ese momento de anteanoche en que el uruguayo clavó el doble que le dio al Tachero la victoria por 103-102 cuando faltaban menos de dos segundos para el final del segundo suplementario, pasó casi una vida de cimbronazos, incertidumbre y emociones cambiantes. Todo en un instante. Hay que partir de la pelota que Facundo Campazzo le robó a Osimani y que transformó en la bandeja del 102-101 para Peñarol, a 7 segundos del final, y desembocar en la entereza del base visitante para rehacerse, encarar el aro y tomar el rebote de su propio corajudo intento para cerrar la noche y silenciar al Polideportivo. 

Y aun con toda esa adrenalina, eso apenas fue el broche de un partido apasionante. Una historia que se veía muy diferente cuando Franco Giorgetti embocó aquel triple a falta de 8m36s para el final del juego. Peñarol llevaba su ventaja a 14 puntos (71-57), la mayor diferencia en un encuentro que hasta entonces mostraba a los locales como claros dominadores. El equipo de Sergio Hernández no hacía más que darle continuidad y profundizar la tendencia de los dos primeros juegos, en la Avenida del Libertador. Nervioso, discutidor, a su colega Julio Lamas se le empezaban a adivinar rasgos de resignación. Pero Peñarol, en el momento más favorable de la serie, perdió la cabeza. Empezó a caer su eficacia y aparecieron señales de individualismo; Obras lo vio y se propuso remar hasta darle alcance. Y entró a jugar la emoción, con esos dos electrizantes períodos suplementarios (el tiempo regular finalizó igualado en 79). 

Allí quedaba el festejo enloquecido de Osimani, vencedor feliz de un duelo particular con hinchas locales. "Este triunfo nos da vida. Si quedábamos 0-3, iba a ser muy difícil", dijo después el uruguayo, que, por supuesto, también se refirió a la jugada de la noche: "No fue planificado. Agaché la cabeza y me mandé al aro". Hernández era bronca, pero también hidalguía: "No supimos cerrar el juego. Tomamos decisiones individuales y no colectivas. Obras es un gran equipo, que no se entrega nunca, y tuvo su premio". La pulseada ya aseguró, al menos, un quinto partido, y promete más vibración. 

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