World Trade Center recupera el título del rascacielos más alto de Nueva York. El edificio que lleva el nombre de las torres destruidas en 2001 ya llega hasta el piso 100 con una altura de 387 metros, es decir seis metros más que el Empire State Building, el más elevado de la ciudad desde el 11-S.
Al nuevo edificio aún le quedan un año de obras. En unos meses se completará toda la estructura hasta el techo. La antena será después la que le dé la altura simbólica de los 1776 pies (541 metros), en honor al año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Entonces será el rascacielos más alto del país y el tercero del mundo. Al menos contando la antena, porque los puristas se quejan de que sólo se debería calcular la altura de los pisos y, en ese caso, el título de número uno le seguiría correspondiendo a la Torre Willis (antes Sears) de Chicago.
Manhattan se caracteriza por tener edificios altos como manera de distinguirse para conseguir más inquilinos y también de obtener dinero extra con los observatorios. El rascacielos del Rockefeller Center, el Chrysler o el Woolworth empezaron a vender tickets para subir a su cúspide.
El Empire cobraba el doble que los demás (1,10 dólares frente al 0,50 habitual). Y ocho décadas después sigue siendo su negocio más rentable. Cada año, unos cuatro millones de personas se pelean por una esquinita desde donde ver la ciudad, lo que supone unos ingresos para el edificio de más de 60 millones de euros o más del 40% de sus entradas anuales. Su caso es especial.
En sus mejores tiempos, el World Trade Center no logró más de 2,5 millones de visitantes. Ahora el nuevo competirá por las vistas y también por otro negocio no convencional, la emisión de señales de radio y televisión, un 8% del negocio del Empire.
El reto también es llenar de habitantes el nuevo rascacielos. En los alrededores, hay 18 hoteles, tres veces más que antes del 11-S. Se multiplican las escuelas y los residentes suman 56.000, el doble que en 2001. Más de 10 millones de turistas curiosean por el barrio cada año. En 2006, Starbucks abrió enfrente de lo que será la nueva explanada; en 2010, la cadena de hoteles chic W inauguró aquí sus habitaciones de más de 300 euros.