"Eléctrico con butacas" rezaba el slogan del show con el que Divididos regresaría a Mendoza. Y esa propuesta fue muy bien recibida por un público que tenía ganas de disfrutar de una gran banda con las comodidades del caso: sentado, en un horario acorde, con un sonido impecable y una banda excepcional.
Con todos esos ingredientes puestos del servicio del espectador, Divididos arrasó a su público -literalmente hablando- y dejó sin aliento a las casi mil personas que le dieron al teatro Plaza un marco inmejorable y que vibró durante tres horas -exactas- de show.
No es novedad para nadie saber que Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella dejan todo sobre el escenario y que cada concierto es una ofrenda a su público. Pero lo vivido el domingo fue algo que se recordará por mucho tiempo ya que tener una banda de esas condiciones en un escenario medido y controlado como el Plaza fue un deleite. Gran sonido (nunca hubo un acople), excelente y pensada puesta de luces y un listado de canciones acorde para la ocasión permitió que durante tres horas se pudiera disfrutar de un concierto poderoso y conmovedor.
Párrafo especial para el público que entendió la consigna y se mantuvo en sus butacas comodamente instalado durante dos horas y cuarenta minutos y con la fuerza de Aladelta se eyectó de sus lugares para disfrutar de una última canción impensada y gozada hasta el final: Mejor no hablar de ciertas cosas. Por eso, durante todo ese tiempo solo las cabezas se sacudieron... y con mucha fuerza.
Mención especial para el momento de La Flor Azul, de Mario Arnedo Gallo, que tuvo como invitados especiales a Diego Viale en violín y el gran Tilín Orozco en guitarra.
Esta noche habrá una nueva comunión entre Divididos y su público, a las 21, y a no dudarla: ocasiones como estas no son para desaprovecharlas.