Cuando tomó la pelota a pocos metros de la zona de disparo, dio una vuelta sobre su eje, puso el GPS a la zurda y con medio rabillo del ojo apunto donde él quería terminar su creación; 20.000 en el Estadio ya estaba de pie y bajando de a un escalón y los otros 20.000 cargaban la garganta con un brazo de abrazo tomando a su compadre de al lado para entrar en estado de "inconsciencia futbolera".
Todos sabían que algo pasaría. Es mas, todos saben que con "él" atinando en esa cuadratura a metros del arco la palabra mas adornada y bella del mundo: gol. Esta por expandirse y derretir el apretujado corazón.
Porqué Messi tiene hasta ese don, el de anticiparte que una vez que la pelota se acerca a "derretirse de amor" en su pies, una explosión de júbilo y exaltación merodea en el ambiente, tocándola solamente con la punta del pie, el que curte popular con dichas y desdichas de jugadores normales en escala a anormales huelen que algo esta por pasar.
Y su punta de pie, es el colmillo del lobo o la garra del oso o el cuerno del rinoceronte.
Su punta de pie es la defensa puesta al servicio del ataque; la cuál fue proveída para saciar necesidades de libertad en los bosques rectangulares esparcidos en cualquier latitud del planeta.
Decía entonces; que Messi captó esa bola "embolada" y sin rumbo para darle un norte, y al norte en ese arco impávido la llevó a morir y desangrar, a esos "charruas" férreos que aguantaban su espacio de poder con uñas y dientes.
Entró y después de que un último esfuerzo no quisiera que así fuese la rendición del redentor con esos cuerpos celestes de por medio en el mundo de un Messi animal, no hay como evitarlo.
Con "tablero" fue el gol, como un triple de Ginobili, rebotando y colándose entre los piolines que lo adornan. Fue gol de herida mortal.
Fue gol con gritos cuyanos y entonados por tonadas, gol desde los viñedos y ganado con la ficha en las hileras de esos tachos llenos de esperanza que desde el aeropuerto lo acompañaron al hotel y mas tarde al Malvinas verde y esperando ser cosechado. Y él se los cosechó para todos los mendocinos.
Por él casi no faltó ninguno, en su vuelta farandulera. Fueron a ver lo que saben que él hace cuando transita por los campos del querer y los transforma en poder.
Y todos terminaron gritando ese gol, todos sin excepción. Y todos aplaudieron en esta nueva visita al reino de la esperanza que te premia con un Mundial. Messi lo volvió a hacer.
Dichoso el que estuvo en esta misa y se sacudió con el pogo mas feliz del mundo, el pogo que inicia este chico que ya no sabe cuando se detendrá. Sólo que no queremos que pare y que la historia sepa que lo vivimos junto a él.
Somos contemporáneos de este animal que cosecha gol. Gracias a Dios.