Aprender a catar un vino como un experto no es un arte reservado a sommeliers: con práctica, observación y un poco de paciencia, cualquier amante de la gastronomía puede dominarlo. En Mendoza, donde la cultura del vino forma parte de la vida cotidiana, hacerlo con conocimiento transforma cada copa en una experiencia sensorial completa.
1. Ver: el examen visual
El primer paso en la cata es observar el vino con atención. Servilo en una copa transparente, idealmente tipo Afnor o universal, y colocalo frente a un fondo blanco. Esto permite analizar su color, brillo y limpidez.
En los tintos, los tonos violáceos revelan juventud, mientras que los granates o teja indican evolución. En los blancos, los reflejos dorados señalan madurez. Además, podés notar su “llanto” o “lágrimas”: esas gotas que descienden por la copa indican densidad, aunque hoy se les da más valor simbólico que técnico.
2. Girar: despertar los aromas
El segundo paso es oxigenar el vino. Sujetá la copa por el tallo y girala suavemente para que el líquido se mueva en espiral. Este movimiento libera los compuestos aromáticos atrapados y prepara el vino para el análisis olfativo. En Mendoza, muchas bodegas recomiendan realizar este paso en copas amplias para favorecer la aireación, sobre todo en tintos jóvenes o potentes.
girar el vino, cata
Oxigenar el vino para despertar los aromas
3. Oler: el alma del vino
El olfato es clave en la cata. Primero, acercá la nariz sin agitar la copa para percibir los aromas más volátiles. Luego, después de girarla, sentí cómo se abren las notas más complejas.
Los vinos mendocinos destacan por su riqueza aromática, con perfiles que van desde frutas rojas y violetas hasta cacao, cuero o vainilla, según su crianza. Recordá que los aromas se clasifican en tres grupos: primarios (frutales o florales), secundarios (fermentación) y terciarios (crianza o guarda).
4. Sorber: sentir la textura
El cuarto paso es llevar el vino a la boca y aspirar un poco de aire mientras lo sostenés en la lengua. Este gesto permite que se mezclen los aromas y se intensifiquen los sabores. Prestá atención a la acidez, los taninos y la sensación de cuerpo: un vino bien equilibrado será armónico, sin que un elemento domine sobre otro.
5. Saborear: la evaluación final
Finalmente, llega el momento de valorar la persistencia del vino. El sabor que permanece en la boca tras tragarlo —llamado “retrogusto”— revela mucho sobre su calidad. Un vino de buena guarda suele dejar una sensación prolongada y agradable, signo de equilibrio y complejidad. En las catas profesionales, esta fase también incluye reflexionar sobre la estructura y el placer general que transmite el vino.
oler el vino, cata
Cada paso te llevará a sentir la experiencia completa del vino
Catar un vino es, en esencia, una manera de conocerlo más allá de lo que se ve o se bebe. En Mendoza, donde la vitivinicultura se funde con la identidad local, seguir estos cinco pasos no sólo mejora la experiencia, sino que conecta con una tradición que transforma cada copa en cultura.