Los primeros análisis y encuestas de 2026 reflejan percepciones contradictorias de la sociedad sobre el gobierno de Javier Milei, lo que plantea un desafío para los analistas y para la oposición política.
Mejora la percepción económica personal y la imagen de Javier Milei, pero persiste el pesimismo sobre el país. Inflación, desconfianza y polarización.
Los primeros análisis y encuestas de 2026 reflejan percepciones contradictorias de la sociedad sobre el gobierno de Javier Milei, lo que plantea un desafío para los analistas y para la oposición política.
Mientras una parte creciente de la población percibe una mejora en su situación económica personal y mejora la imagen positiva de Javier Milei, la evaluación sobre el rumbo general del país continúa siendo mayoritariamente negativa. Así lo revela el último Monitor de Opinión Pública elaborado por la consultora Zentrix, que ofrece una radiografía detallada del clima social y económico en los primeros días del año.
El relevamiento, realizado sobre una muestra de 1.094 casos en todo el territorio nacional, muestra que la autopercepción de clase social sigue concentrándose en los estratos medio-bajos y bajos. Más de la mitad de los encuestados se ubica en la clase baja, mientras que la clase media representa poco más de un tercio y la clase alta permanece como un segmento claramente minoritario. Esta estructura social condiciona de manera directa la lectura que la población hace de su presente y de sus perspectivas futuras.
En el plano personal, los datos sugieren una moderada recuperación del ánimo. Casi cuatro de cada diez consultados consideran positiva su situación económica actual, un porcentaje que supera tanto a las valoraciones regulares como a las negativas. La tendencia, además, muestra un repunte en enero respecto de los meses anteriores, lo que indica una percepción de alivio o estabilización en la economía doméstica. Sin embargo, este optimismo relativo convive con señales claras de fragilidad y muestra fuertemente la contradicción entre la esperanza o deseo de los encuestados y la dura realidad del bolsillo.
La principal es la persistente pérdida de poder adquisitivo. Tres cuartas partes de los consultados afirman que su salario no logra ganarle a la inflación, un dato que funciona como límite estructural a cualquier mejora percibida. Aun cuando algunos indicadores personales parecen estabilizarse, el impacto acumulado del aumento de precios continúa siendo el principal factor de malestar económico.
La evaluación sobre la economía nacional profundiza esta brecha entre lo individual y lo colectivo. Casi la mitad de la población califica la situación del país como negativa, con un peso particularmente alto de las respuestas que la consideran “muy mala”. No obstante, el informe también detecta un movimiento gradual: la percepción negativa, si bien dominante, ha descendido respecto de mediados de 2025, mientras que la visión positiva muestra un crecimiento sostenido. Este corrimiento no alcanza todavía para revertir el clima general, pero introduce un nuevo matiz de análisis.
En medio de la nueva discusión por la manipulación estadística del Gobierno, la inflación ocupa un lugar central en la construcción de expectativas y en la confianza institucional. Más de la mitad de los consultados desconfía de los datos oficiales, al considerar que no reflejan fielmente la evolución de los precios que experimentan en su vida cotidiana.
De cara al futuro, las expectativas económicas para 2026 aparecen fuertemente polarizadas. El relevamiento muestra un virtual empate entre quienes anticipan un escenario positivo y quienes prevén un panorama negativo. No obstante, al observar la intensidad de las respuestas, el pesimismo resulta más marcado: el grupo de “muy pesimistas” supera con claridad al de “muy optimistas”. La asimetría sugiere que, aun cuando los bloques sean numéricamente similares, el temor a un deterioro económico conserva mayor profundidad emocional que la esperanza de una mejora.
Los primeros datos del 2026 dibujan un escenario de transición incierta. La percepción de una mejora relativa en la economía personal convive con una mirada crítica sobre el rumbo nacional, mientras la inflación sigue operando como el principal ancla del malestar social, no importa quién, cómo y cuándo maneje el INDEC.


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