18 de abril de 2026
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Petróleo

Petróleo, gas y urea: el efecto del conflicto en Irán sobre las economías regionales

El conflicto en Irán dispara el petróleo y el gas. Argentina amortigua el impacto, pero crecen las brechas entre regiones y sectores productivos.

Por Marcelo López Álvarez

El conflicto bélico en Irán y las perturbaciones logísticas en el estrecho de Ormuz desencadenaron una escalada sostenida en los precios internacionales del petróleo, el gas natural y sus derivados, con efectos que ya se sienten en todas las economías del mundo, aunque de manera pronunciadamente desigual entre países productores e importadores. La posibilidad de que el conflicto se extienda en el tiempo o escale geográficamente mantiene la volatilidad en niveles elevados y consolida nuevos pisos de precios que obligan a revisar las proyecciones de crecimiento e inflación a escala global.

La posición singular de Argentina

En ese contexto, Argentina ocupa una posición singular. En los últimos años el país completó una transformación relevante en su matriz energética: hoy es exportador neto de petróleo, sus importaciones de gas natural se concentran en los meses de invierno por razones estacionales, y aproximadamente la mitad del consumo interno de urea (el fertilizante más utilizado en la agricultura extensiva) se produce localmente. Esta estructura productiva actúa como amortiguador parcial frente a la tormenta internacional, así lo señala un reciente análisis de la Fundación Mediterránea sobre los efectos en las regiones argentinas del conflicto global.

Brechas de precios y amortiguación local

Los datos del primer trimestre del año lo confirman con precisión. Mientras el precio del petróleo trepó un 55% en los mercados internacionales, el gasoil en Argentina registró un aumento del 31%, una brecha de 24 puntos porcentuales. El gas natural en Europa avanzó un 52%, contra el 27% registrado en el mercado doméstico, una diferencia de 25 puntos. Y la urea (cuyo precio subió un 75% en el mundo) aumentó en Argentina un 54%, dejando una ventaja de 21 puntos frente al promedio global. En los tres casos, el país amortigua el impacto externo sin neutralizarlo por completo.

Ganadores y perdedores dentro del país

Sin embargo, la protección relativa que brinda la producción propia no se distribuye de manera uniforme en el territorio nacional. Al interior del país se reproduce, en escala, la asimetría que separa a los productores de los importadores de energía en el plano internacional.

Las provincias productoras de hidrocarburos son las grandes beneficiarias del nuevo escenario. Neuquén encabeza esa lista con claridad, tanto por la producción petrolera como, de manera especialmente destacada, por la concentración de la producción de gas natural en su territorio. Le siguen Chubut en materia petrolera y, en un tercer grupo, Santa Cruz, Mendoza y Río Negro. Para estas jurisdicciones, el incremento de las cotizaciones implica mayores ingresos por exportaciones y regalías, un impulso fiscal que no tienen sus pares del centro y el norte del país.

En el extremo opuesto se ubican las provincias con estructuras productivas intensivas en energía e insumos, que enfrentan una presión de costos sin contrapartida de ingresos. El análisis por tipo de commodity permite identificar los focos de mayor vulnerabilidad.

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Impacto en combustibles, gas y logística

En materia de combustibles líquidos, la suba del gasoil compromete los márgenes de rentabilidad agrícola en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, provincias que concentran las labores de siembra y cosecha mecanizadas. El mismo combustible encarece el transporte vial de cargas, con efectos más severos en las regiones alejadas de los puertos y sin acceso a la red ferroviaria: el Nordeste Argentino y las provincias patagónicas son las más expuestas a este componente logístico.

En cuanto al gas natural, el impacto sobre hogares e industrias se concentra en el Área Metropolitana de Buenos Aires y la provincia homónima, seguidas por Santa Fe, La Pampa y la Patagonia. En estas regiones, el consumo domiciliario (con un marcado pico estacional en invierno) se suma a la demanda industrial. El Noroeste Argentino ocupa un segundo nivel de exposición, mientras que Cuyo y la región Centro registran afectaciones menores. La región del Nordeste queda prácticamente al margen de este análisis, dado que carece de conexión con los gasoductos principales y su consumo de gas natural es marginal.

Fertilizantes y presión sobre el agro

Respecto a los fertilizantes, el encarecimiento de la urea golpea con mayor fuerza en las provincias donde se concentra la producción de maíz y trigo: nuevamente Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, a las que se suma Entre Ríos (con el arroz como cultivo relevante) y La Pampa. En todas ellas, los precios de los granos no acompañaron en igual medida el alza de los insumos, lo que erosiona los márgenes productivos aun cuando los incrementos locales resulten inferiores a los registrados internacionalmente.

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La guerra del petróleo  dispara el precio de los fertilizantes

La guerra del petróleo dispara el precio de los fertilizantes

La apuesta de mediano plazo

El trabajo señala que más allá de la coyuntura, el escenario internacional abre una discusión de mayor alcance. La disponibilidad de gas abundante a precios domésticos competitivos (sustancialmente más bajos que los vigentes en Brasil, principal economía de la región) posiciona al país como destino potencial para industrias intensivas en energía. La petroquímica, la siderurgia, la producción de aluminio y la industria de fertilizantes son los sectores señalados con mayor insistencia por los analistas como candidatos a protagonizar ese proceso de radicación industrial. En esa dirección, ya se registraron anuncios de inversión en plantas de fertilizantes en Bahía Blanca, orientadas tanto al mercado interno como a la exportación.

Condiciones para capitalizar la ventaja energética

El aprovechamiento de esa ventaja estructural, sin embargo, no es automático. Depende de la reducción del denominado “costo argentino”: el riesgo país (determinante para inversiones de gran escala), la presión fiscal subnacional y municipal, y los costos logísticos que pesan sobre la competitividad de las economías regionales. Sin avances en esas dimensiones, la ventaja energética puede diluirse antes de convertirse en inversión concreta y empleo genuino.

El trabajo concluye que Argentina tiene, en este ciclo, más recursos que en crisis anteriores para sortear la volatilidad global. La pregunta es si las condiciones institucionales y económicas permitirán traducir esa fortaleza en desarrollo territorial equilibrado.

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