El avance de la construcción y la urbanización sobre tierras productivas en Mendoza es un proceso que se ha consolidado a lo largo de las últimas décadas, con especial impacto en zonas agrícolas de departamentos como Luján de Cuyo, Maipú y Guaymallén.
De acuerdo a un artículo de la investigadora del CONICET, María Belén Najt Ruiz, la expansión urbana en el Área Metropolitana de Mendoza (AMM) está atravesada por tensiones entre la demanda de suelo para la construcción de viviendas y la preservación de espacios productivos.
Las tensiones entre urbanización y uso agrícola llevan décadas en Mendoza.
Foto: Cristian Lozano
En ese marco, el departamento de Guaymallén aparece como uno de los casos más representativos -y sobre el cual profundiza la investigación- ya que es el departamento más poblado de la provincia de Mendoza, al mismo tiempo que cuenta con tierras agrícolas de gran valor. Allí se avanzó en desarrollo urbano que reconfiguró el uso del suelo y las dinámicas territoriales.
Cambios políticos y económicos que reorganizaron la disposición del suelo mendocino
De acuerdo con la investigación, Mendoza reconfiguró su desarrollo a partir de transformaciones económicas y políticas asociadas a un esquema neoliberal, que impulsó una mayor competenciaentre los usos urbanos y agrícolas del suelo.
“En las últimas tres décadas se pasó de una zona metropolitana de tipo ‘mancha de aceite’ bastante continua y compacta a un modelo de ciudad difusa”, señala Najt Ruiz en el artículo.
En este marco, el rol del Estado fue facilitar inversiones y promover el crecimiento urbano a través de la desregulación y el estímulo al sector inmobiliario.
El rol del mercado y las políticas públicas
El crecimiento urbano no se explica únicamente por la demanda habitacional. La autora identifica una serie de factores que aceleraron el proceso,como la reactivación del crédito hipotecario, la incorporación de tierras fiscales al mercado y la flexibilización de las normas urbanísticas.
A partir de la década de 1990, los desarrolladores inmobiliarios comenzaron a liderar la expansión, con una oferta centrada en urbanizaciones cerradas. Luego de la crisis de 2001, el sector de la construcción ganó protagonismo en la economía, profundizando esta tendencia hasta la actualidad.
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Crédito hipotecario y flexibilización de normativas alentaron al desarrollo inmobiliario a crecer.
En esa misma línea, programas como el Pro.Cre.Ar ampliaron el acceso al suelo para sectores medios, lo que incrementó la demanda y elevó los precios. Como consecuencia, la expansión urbana se desplazó hacia zonas más alejadas y con menor infraestructura, muchas de ellas de uso agrícola -tal como ocurre con Maipú o Luján de Cuyo-.
La tensión entre la urbanización y la producción agrícola
Uno de los ejes centrales del trabajo es la idea de interfase urbano-rural, entendida como un territorio en “equilibrio inestable” donde conviven el avance de la ciudad y las actividades productivas. En estos espacios, lejos de una transición ordenada, se superponen usos, intereses y dinámicas que generan conflictos.
En Mendoza, explica Najt Ruiz, esta tensión se intensifica por la escasez de agua, un recurso clave tanto para el desarrollo urbano como para la producción agrícola. En ese contexto, los impactos son bidireccionales: mientras la expansión de la ciudad presiona sobre el suelo y los recursos, las actividades agrarias también generan efectos sobre el entorno urbano, especialmente en términos ambientales.
La producción no desaparece, se transforma
Si bien la construcción y proyectos inmobiliarios crecen, la actividad agrícola no desaparece. Por el contrario, se reorganiza y se expande hacia nuevas áreas. Najt Ruiz sostiene que se trata de un proceso de adaptación del sector rural.
“La urbanización avanza sobre áreas agrícolas de alto valor productivo, impulsada principalmente por la lógica de acumulación de capital en el sector inmobiliario”, explica. Sin embargo, agrega que la producción se desplaza hacia zonas periféricas del Oasis Norte, como Barrancas o Fray Luis Beltrán.
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La actividad agrícola no desaparece: se reorganiza y se expande hacia nuevas áreas.
Este fenómeno también responde a nuevas estrategias de los productores, que incorporan tierras en los bordes del oasis y recurren a recursos como el uso de aguas subterráneas para sostener la actividad.
En definitiva, el avance de la construcción sobre tierras productivas no implica la desaparición de lo rural, sino una transformación profunda del territorio, donde conviven -no sin tensiones- la lógica productiva y la expansión urbana.
Fuente para la elaboración de la nota: Najt Ruiz, María Belén (CONICET), Mundo Agrario, vol. 26, núm. 63, diciembre 2025–marzo 2026.