Por primera vez en su historia, YPF superó los 205.000 barriles diarios de producción no convencional en un trimestre. El dato, correspondiente al período enero-marzo de 2026, acompaña un EBITDA (indicador que muestra cuánto dinero gana el negocio únicamente por su actividad productiva o comercial) ajustado de 1.594 millones de dólares, el más elevado registrado por la compañía para un primer trimestre, y una ganancia neta de 409 millones de dólares, por encima de las estimaciones del mercado, que esperaban utilidades de 358 millones, según la agencia Bloomberg.
Los ingresos totales alcanzaron los 4.990 millones de dólares, con un margen EBITDA del 32% sobre la facturación. El crecimiento interanual del indicador fue del 28% y reconoce, según la propia empresa en su presentación ante la Comisión Nacional de Valores, tres factores convergentes: una mejora en la dinámica de precios, mayor producción shale y una reducción de los costos de extracción no convencional. Este último rubro cayó un 42% en términos interanuales, reflejo directo de la política de desinversión en campos maduros (que Mendoza vive en primera persona) y la concentración progresiva de recursos en Vaca Muerta.
La producción de petróleo shale creció un 39% respecto del mismo período del año anterior. El bloque que explica en mayor medida esa expansión es La Angostura Sur, yacimiento operado en su totalidad por YPF que, en menos de dos años, se posicionó entre los cinco más productivos de Vaca Muerta. Su consolidación representa además un dato estratégico relevante: a diferencia de otros bloques desarrollados en sociedad, La Angostura Sur es propiedad exclusiva de la compañía estatal, lo que le otorga mayor control operativo y captura íntegra de la renta generada.
Las inversiones del trimestre rondaron los 1.000 millones de dólares, de los cuales el 78% se destinó a actividades no convencionales. El ritmo fue algo inferior al del período previo (una caída del 10% trimestral) explicada por tareas de mantenimiento en refinería y un despliegue más gradual de instalaciones en exploración y producción. Sin embargo, la compañía anticipó una aceleración de los desembolsos en la segunda mitad del año y reafirmó una estimación de inversión total para 2026 de entre 5.500 y 5.800 millones de dólares. Para el año completo, la hoja de ruta de Horacio Marín, titular, contempla llegar a 6.000 millones, la cifra anual más alta proyectada por una empresa en Argentina, pública o privada.
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YPF mejoró su perfomance económica y productiva
Refinación, infraestructura y exportaciones
El segmento de refinación también arrojó marcas históricas. Las plantas procesaron 344.000 barriles diarios, lo que permitió alcanzar niveles récord de producción de nafta premium y destilados medios, reducir importaciones y abastecer tanto al mercado local como a compradores regionales a través de exportaciones de naftas y gasoil.
En materia de infraestructura de transporte, el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (conocido por sus siglas VMOS) registró un avance de obra superior al 62% al cierre de marzo. En abril, YPF adquirió capacidad adicional de transporte por 44.000 barriles diarios, consolidando una participación del 30% en la iniciativa. El CEO de la compañía confirmó que la meta es que el oleoducto entre en operaciones durante el tercer trimestre de 2026, con capacidad para transportar hasta 550.000 barriles diarios hacia 2027, un volumen que permitiría resolver el cuello de botella que hoy limita la exportación de crudo desde la cuenca.
En paralelo, avanza Argentina LNG, el proyecto de exportación de gas natural licuado que YPF desarrolla junto a la italiana ENI y XRG, brazo internacional de ADNOC, el fondo soberano de Abu Dabi. Los tres socios fundadores continuaron trabajando en el esquema de financiamiento, los estudios técnicos y la obtención de concesiones provinciales. En abril, YPF formalizó la adquisición de la totalidad de tres bloques no convencionales que abastecerán de gas a la futura planta de licuefacción, ubicada en Río Negro. La inversión total del proyecto se estima en 30.000 millones de dólares entre infraestructura y desarrollo de bloques, con una participación de YPF del 35%.
Solidez financiera y reducción de deuda
El desempeño operativo se tradujo también en fortaleza financiera. YPF generó un flujo de caja libre superior a 870 millones de dólares en el trimestre, potenciado por la cobranza parcial de activos no estratégicos desinvertidos, entre ellos la subsidiaria de fertilizantes Profertil y el yacimiento convencional Manantiales Behr.
Esa generación de caja permitió prepagar deuda por aproximadamente 750 millones de dólares durante los primeros cuatro meses del año, al tiempo que la posición de liquidez se elevó a 1.700 millones de dólares al cierre de marzo. La deuda neta consolidada asciende a 8.425 millones de dólares, una reducción de 961 millones respecto del período previo, con un ratio de apalancamiento neto de 1,57 veces. Durante el trimestre, además, la compañía emitió deuda por 1.000 millones de dólares, operación que, según sus propias palabras, “optimizó la estructura de capital y redujo el costo promedio” del endeudamiento.
Una segunda etapa bajo el mismo mando
Los resultados se enmarcan en la continuidad de la conducción de Horacio Marín, reelegido al frente de YPF por un año adicional. Su gestión apunta a completar la segunda fase del denominado “Plan 4x4”, que persigue convertir a la compañía en un operador shale de escala internacional y eje de las exportaciones energéticas argentinas.
La hoja de ruta para el segundo semestre incluye ampliar la flota de equipos de perforación propios de 12 a 18 unidades, con el objetivo de alcanzar una producción propia de 250.000 barriles diarios. El modelo de eficiencia que se busca replicar es el de las grandes operadoras de la cuenca del Permian Basin, donde la reducción del costo por pozo fue la clave de la expansión sostenida.
A largo plazo, el horizonte que maneja la compañía es aún más ambicioso: para el final de la década, YPF proyecta que Argentina alcance exportaciones energéticas por 30.000 millones de dólares anuales, cifra que transformaría la balanza comercial del país y consolidaría al sector hidrocarburífero como el principal generador de divisas.