En su presentación de anoche en el Palacio Libertad (ex Néstor Kirchner), el presidente Javier Milei , volvió a exhibir su absoluta inflexibilidad ideológica, con la habitual puesta en escena rodeada de oscuridad profunda, lo que también es un mensaje.
La charla en la que fue acompañado por el economista Juan Carlos de Pablo y el diputado nacional Adrián Ravier (a quien el karinismo estaría haciendo calentar como posible reemplazo de Luis Caputo) fue presentada como un debate sobre “La teoría general del empleo, el interés y el dinero”, la obra del economista John Maynard Keynes. Un raro debate, ya que la única voz y visión que se escuchó fue la austríaca de un presidente que necesita que su claque le reafirme a cada momento que su visión de la economía es la única cierta y valedera.
El mandatario no planteó un “debate” con John Maynard Keynes, sino que lo eligió como blanco de sus ataques e intentó desdibujarlo hasta intentar convertirlo en una caricatura totalitaria.
Sin embargo, la historia económica y el contraste con el propio contexto exponen las fisuras de un modelo presidencial que prioriza el fanatismo ciego por sobre la realidad de la economía de la sociedad.
La embestida presidencial y la negación de la realidad
Durante su intervención, Milei endureció su tono habitual para calificar a Keynes como un "genio del mal" y asegurar que su obra cumbre es una "monstruosidad" que generó "muchísimo daño".
Lejos de plantear un debate académico, el presidente recurrió a la descalificación, tildando de "pelotudos" a quienes proponen volver a las ideas keynesianas en la actualidad.
En un insólito salto analítico, llegó al extremo de vincular erróneamente el pensamiento del economista británico con regímenes autoritarios como el nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini.
Mientras atacaba la intervención estatal, Milei aprovechó el atril para autocelebrarse ante su gabinete, afirmando haber realizado "el ajuste fiscal más grande de la historia" y adjudicándose, de manera más que cuestionable, haber sacado a 14 millones de personas de la pobreza, llevándola del 57% al 28%.
Nada que sorprenda en un Javier Milei que hace del "cherry picking" de indicadores: el presidente recorta la realidad, elige únicamente los datos (retocados) que le convienen para afirmar que "todo está bien" y se aferra a su libreto prometiendo que no lo van a mover "un ápice" de su camino.
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Javier Milei disertó anoche para sus fieles profundizando su enfrentamiento ideológico contra Keynes
¿Quién fue Keynes?
El reduccionismo que hace Milei choca de frente con la trascendencia de Keynes. En la década de 1930, durante la Gran Depresión, los economistas ortodoxos pedían paciencia asegurando que el mercado se corregiría solo.
Frente a ese dogma, Keynes entendió que el corto plazo "es la vida de millones de personas" y lo resumió en su célebre y humanista frase: "En el largo plazo, todos estamos muertos".
Keynes no buscaba abolir la propiedad privada ni instaurar la planificación central, como intentó instalar Milei, sino que comprendió que las economías podían quedar atrapadas en un círculo vicioso de recesión y desempleo del que el libre mercado no podía salir espontáneamente.
Ante esa falla estructural, propuso que el Estado interviniera inyectando demanda a través del gasto público, tratándose de una necesidad técnica y no de un capricho autoritario. Gracias a esta visión pragmática, Keynes se convirtió en el arquitecto intelectual del Estado de bienestar moderno.
La paradoja que la actual gestión ignora es que, en la crisis global de 2008, el propio capitalismo se salvó utilizando las herramientas de su mayor crítico interno.
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John Maynard Keynes
El peligro del fanatismo económico
La diferencia medular entre la figura de Keynes y la de Javier Milei radica en la distancia que hay entre el pragmatismo y el dogmatismo extremo.
Tanto Keynes como su gran rival intelectual, Friedrich Hayek, fueron pensadores lúcidos forjados por los dramas de su época (la desocupación para uno, la inflación y el autoritarismo para el otro). El respeto mutuo era tal que el propio Hayek despidió a Keynes con honores, definiéndolo como "la mente más brillante" que había conocido.
Por el contrario, el presidente argentino actúa como un fanático dogmático que confunde firmeza con inflexibilidad. Como bien matizó De Pablo en el mismo evento, Keynes era un hombre "multifacético" y de acción frente a la crisis.
Al rechazar cualquier mirada alternativa y negarse a adaptar sus teorías, Milei garantiza que los costos de su experimento recaigan enteramente sobre la sociedad.
Hoy en día, Keynes sigue dividiendo aguas porque su obra formula la pregunta que más incomoda a los sectores de poder: "¿puede el mercado, solo, garantizar el bienestar de la mayoría?".
Su respuesta fue un rotundo no.
Al ignorar deliberadamente esta lección histórica, el gobierno abraza una ortodoxia que corre el altísimo riesgo de estrellarse contra la misma realidadargentina que se niega a mirar.
La charla completa de Javier Milei sobre Keynes
Embed - El Presidente Milei participa del Debate sobre "Keynes y la Teoría General" en Palacio Libertad