Mientras el gobierno y sus seguidores celebran la foto grupal de Javier Milei y los dos párrafos del discurso de Donald Trump felicitando al presidente argentino, la duda —que se acrecienta— es si esto se transformará en hechos concretos.
Las medidas prometidas por Donald Trump pueden tener una afectación sísmica en las políticas de Javier Milei y en la economía de los países emergentes.
Mientras el gobierno y sus seguidores celebran la foto grupal de Javier Milei y los dos párrafos del discurso de Donald Trump felicitando al presidente argentino, la duda —que se acrecienta— es si esto se transformará en hechos concretos.
Los hechos concretos pueden llegar a darse por dos caminos: el directo o el indirecto. El directo podría ser, por ejemplo, una intervención personal de Donald Trump ante el FMI o un préstamo directo de los Estados Unidos. El indirecto sería que Argentina y la gestión de Javier Milei se vean beneficiados por las medidas económicas que tome Donald Trump a partir de su asunción el 20 de enero.
Así las cosas, ¿cuáles serían las medidas que podría tomar la gestión de Trump? Robin Brooks, profesor de la Brookings Institution y execonomista jefe del Instituto de Finanzas Internacionales, además de ser uno de los pocos economistas (si no el único) que predijo el rally fortalecedor del dólar si Trump obtenía su segunda presidencia, trazó un panorama de cómo repercutirían a nivel global los caminos que tome el próximo presidente de los Estados Unidos, de acuerdo con sus propios anuncios durante la campaña.
Brooks afirma que las expectativas de una política fiscal más laxa están elevando las expectativas de crecimiento, impulsando el mercado bursátil, mientras que la suba de las tasas de interés estadounidenses frente al resto del mundo está impulsando al dólar.
Y agrega que, si el presidente electo pone en marcha efectivamente la política proteccionista de aranceles (que aplicó moderadamente en su primer mandato), se avecinan cambios mayores.
En 2018, después de que Estados Unidos impusiera un arancel del 25% a la mitad de todo lo que importaba de China, el yuan cayó un 10 % frente al dólar, en lo que fue casi una compensación de uno por uno.
La lección que se desprende de este episodio es que los mercados reaccionan ante los aranceles como si se tratara de un shock adverso en la relación de intercambio: la moneda del país sujeto a los aranceles cae para compensar el golpe a la competitividad.
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El economista advierte que, si EE. UU. impone nuevos aranceles, mucho más elevados de lo que prometió Trump, la depreciación del renminbi será inmediata, debido a que China ha luchado históricamente con la fuga de capitales cuando las expectativas de depreciación se arraigan en su población. Cuando esto ocurrió en 2015 y 2016, se desencadenaron grandes salidas de capital que le costaron a China miles de millones de dólares en reservas.
Cuanto mayores sean los aranceles estadounidenses, más importante será la afectación. Trump prometió durante la campaña aranceles del 60% sobre todas las importaciones procedentes de China, lo que podría llevar a una caída del 50% del yuan frente al dólar para mantener estables los precios de las importaciones estadounidenses. Incluso si China impone aranceles de represalia, que reducirían esta cifra, la magnitud de la depreciación necesaria del renminbi probablemente no tenga precedentes.
Para los mercados emergentes (entre ellos, Argentina), una depreciación tan grande provocaría un verdadero terremoto. Las divisas de toda Asia caerán a la par que el yuan, lo que arrastrará a la baja a las divisas de los mercados emergentes de todo el mundo.
La afectación no solo alcanzará a las monedas; los precios de las materias primas (advierte Brooks) también caerán por dos razones. En primer lugar, los mercados verán una guerra arancelaria y toda la inestabilidad que conlleva como algo negativo para el crecimiento mundial. En segundo lugar, el comercio mundial está denominado en dólares, lo que significa que los mercados emergentes pierden poder adquisitivo cuando el dólar sube. Las condiciones financieras se endurecerán, lo que también afectará a las materias primas. Esto no hará sino aumentar la presión devaluatoria sobre las divisas de los exportadores de materias primas.
Brooks asegura que, en un entorno así, el gran número de monedas vinculadas al dólar en los mercados emergentes es especialmente vulnerable. La presión de la depreciación será intensa y muchos países correrán el riesgo de devaluaciones explosivas. Entre los más destacados se encuentran Argentina, Egipto y Turquía.
Javier Milei y Luis Caputo deberían leer con atención a Brooks, sobre todo cuando advierte que, en todos estos casos, la lección es la misma: es un momento especialmente malo para vincularse al dólar, sobre todo si se tiene controlado con férreo el tipo de cambio. EE. UU. tiene más margen fiscal que ningún otro país, y Trump parece decidido a utilizarlo.

