Trashumancia el patrimonio cultural de Mendoza que desafía el paso del tiempo
Generaciones de crianceros mantienen viva una práctica ancestral que fortalece la identidad del sur mendocino, cuida los ecosistemas y las economías regionales.
Trashumancia en Malargüe (Foto gentileza Rolando Poblete).
La trashumancia continúa siendo una de las manifestaciones culturales y productivas más representativas del sur mendocino. En Malargüe, cientos de familias mantienen vigente est a práctica ancestral trasladando sus animales hacia las veranadas cordilleranas, un patrimonio cultural reconocido por Mendoza y la Nación que también aporta a la conservación ambiental y proyecta la identidad local hacia el mundo.
Desde tiempos ancestrales, la trashumancia ha marcado el ritmo de vida de miles de familias dedicadas a la ganadería en distintas regiones del planeta. Basada en el traslado estacional del ganado en busca de mejores pasturas y fuentes de agua, esta práctica ha logrado atravesar generaciones gracias al conocimiento transmitido entre padres e hijos. En Argentina, y especialmente en la cordillera de la provincia de Mendoza, representa mucho más que una actividad económica, constituye una forma de vida que resume historia, identidad, cultura y una profunda relación con el territorio.
La trashumancia en el Sur de Mendoza
En ese escenario, Malargüe es el principal territorio trashumante de Mendoza. Cada temporada, cientos de puesteros entre los meses de octubre y noviembre inician el tradicional arreo de miles de cabras, ovejas, vacunos y equinos desde las invernadas hacia las veranadas ubicadas en la alta montaña. También esta práctica se desarrolla en el suroeste del departamento de San Rafael, particularmente en el distrito de El Sosneado, en el límite con Malargüe y en las nacientes del Río Atuel, donde las familias crianceras mantienen viva una tradición centenaria.
El recorrido demanda varios días de marcha por huellas cordilleranas, atravesando ríos, valles y pasos de montaña que forman parte del paisaje característico del sur mendocino. No se trata únicamente del desplazamiento del ganado. Cada arreo implica planificación, sacrificio, experiencia y un conocimiento profundo del comportamiento de los animales y de las condiciones climáticas de la cordillera.
El destino son las veranadas, campos de altura donde el deshielo alimenta vegas y arroyos que durante el verano ofrecen abundante agua y excelentes pasturas. Allí las familias permanecen durante semanas e incluso meses instaladas en sus riales, lugar los donde los arrieros y veranadores arman el campamento durante el arreo. Los grupos familiares están dedicadas al cuidado de los animales y a la producción caprina, una de las principales actividades económicas de la región. En esos parajes alejados de los centros urbanos, el trabajo diario convive con costumbres, saberes y valores heredados que siguen definiendo la identidad de los crianceros mendocinos.
Valor patrimonial de la trashumancia
Precisamente por ese enorme valor social, histórico y productivo, la trashumancia fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Mendoza, una distinción que reconoce la importancia de preservar un modo de vida que aún hoy sostiene a numerosas familias rurales. Este reconocimiento también impulsa políticas destinadas a proteger una práctica que constituye uno de los pilares de la identidad cultural del departamento de Malargüe.
La proyección internacional de esta cultura también encuentra un espacio privilegiado en Malargüe con el Festival Internacional de Cine Pasturas, creado por el director Néstor "Tato" Moreno. Cada mes de mayo, el encuentro reúne producciones audiovisuales dedicadas a la vida rural, el pastoreo y las comunidades de montaña de distintos países, convirtiéndose en una plataforma para difundir y poner en valor el patrimonio trashumante desde una perspectiva artística y cultural.
Esa tarea de preservación también quedó reflejada en los documentales Arreo y Trashumantes: Suso & Eliseo, dirigidos por el realizador sanrafaelino Néstor Moreno. La primera producción sigue durante tres años la vida del criancero Eliseo Parada y su familia en los arreos entre la invernada y la veranada por la cordillera malargüina. La segunda amplía esa historia al vincularla con la del pastor español Jesús "Suso" Garzón, demostrando que la trashumancia constituye un patrimonio vivo compartido por comunidades pastoriles de distintos continentes. Ambas producciones han sido distinguidas en festivales internacionales y ya fueron vistas por millones de personas.
Esta práctica también se da en países como España, Italia, Francia, Suiza, Rumania, Marruecos, Mongolia y Chile mantienen la trashumancia como parte de su patrimonio cultural y de sus estrategias de producción ganadera sustentable. En todos esos territorios, el desplazamiento estacional del ganado favorece la regeneración natural de las pasturas, evita el sobrepastoreo, contribuye a conservar la biodiversidad, mejora la salud de los ecosistemas y ayuda a disminuir el riesgo de incendios forestales.
En la provincia de Mendoza, la trashumancia sintetiza como pocas actividades la relación entre el hombre y la montaña. Es patrimonio, identidad, producción y conservación ambiental en un mismo recorrido. Cada arreo que parte hacia las veranadas renueva un legado construido durante siglos y confirma que las tradiciones no sólo sobreviven cuando se recuerdan, sino cuando continúan practicándose, fortaleciendo el arraigo de las familias rurales y preservando una parte esencial de la historia y el futuro del sur mendocino.