Los pobladores rurales de Malargüe tuvieron su Fiesta del Veranador, esa celebración que permite "el agradecimiento a Dios por volver bien de la cordillera", y tras meses de ausencia, como así también el reencuentro con el resto de la familia y amigos, crianceros que son parte de la economía y cultura con “fuerte arraigo puestero”.
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César Moya es poblador de la zona de Agua Botada, paraje ubicado a la vera de Ruta Nacional 40 Sur, a unos 45 kilómetros de la ciudad de Malargüe, entre las localidades de Cuesta El Chihuido y Bardas Blancas, hijo, nieto y bisnieto de veranadores, generaciones que se remontan a principios del siglo pasado y que por más de una centuria han sabido enfrentar las adversidades del clima junto a su ganado al momento de ir en busca de mejores pasturas a los valles cordilleranos. El se encargó de remarcar el arraigo al campo que tiene toda su familia, recordando su paso por las escuelas de Bardas Blancas, establecimientos que hoy reciben a su pequeña hija, y que espera que esa conexión con la actividad ganadera continue en el interior de Malargüe.
El diálogo con SITIO ANDINO este punto se profundizó, centrado en la elección de continuar en la zona rural, a diferencia de otros crianceros que eligieron emigrar a la ciudad, expresando César Moya que el haber podido acceder a la educación, como en su caso que llegó al Nivel Terciario, permite una percepción distinta de las oportunidades que sigue ofreciendo el campo, motivo por el cual insistió en un pedido de la comunidad de esta parte de Malargüe, de que la Escuela 4-206 Mapú Mahuida de Bardas Blancas cuente con edificio propio, ya que actualmente comparte el espacio con la Escuela de Nivel Primario Peregrina Cantos.
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Defensores de "las costumbres del campo".
El campo como fuente de desarrollo
Más adelante César Moya, al igual que muchos pobladores de la zona rural que se dedican a la crianza de ganado menor fundamentalmente, hizo hincapié que “el campo tiene infinidad de cosas para dar y hacer”, aunque reconoce, y fiel a la sinceridad y honestidad que caracterizan a los puesteros malargüinos, que faltan herramientas, instrumentos de desarrollo como “mejores caminos y accesibilidad a la tierra", fundamentales para la permanencia de la gente en el campo, entendiendo también que existen otras exigencias “más pequeñas se pueden ir solucionando” a corto o mediano plazo.
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Siempre es oportuno el encuentro entre los pobladores rurales y las autoridades.
La vida en las veranadas de Malargüe
Sin lugar a duda, con las muestras continuas de las fiestas populares en el interior de Malargüe, queda claro que el departamento tiene un gran potencial en su ganadería, en este caso con la que desarrollan los veranadores, crianceros que habitan principalmente el centro y oeste del territorio departamental, con una práctica, la trashumancia, considerada por investigadores como “universal”.
El trabajo de la veranada en Malargüe representa también el apego al lugar, sustentado por los lazos familiares que permiten que todo un grupo de parientes emprendan un viaje de kilómetros entre los valles cordilleranos, que se traducen en días de arreos, y permanencia en todos los meses del verano en esos lugares, con festejos más íntimos en Navidad o Año Nuevo, o un cumpleaños, lo que da a cada celebración una valoración distinta, más sentida y fuerte.
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La religiosidad y devoción es permanente en los cianceros de Malargüe.