El avance del jabalí en Mendoza genera una creciente preocupación por los daños que provoca en los ecosistemas, los cultivos, la actividad ganadera y la salud pública. En el Valle de Uco, productores y pobladores rurales también advierten sobre la presencia cada vez más frecuente de piaras y reclaman medidas integrales para controlar la especie.
El jabalí, cuyo nombre científico es Sus scrofa, no forma parte de la fauna originaria de la provincia. Al igual que la liebre europea o de Castilla, se trata de una especie exótica introducida que logró establecerse y reproducirse en diferentes zonas del territorio mendocino.
“Actualmente, la población de jabalí en Mendoza se considera establecida. Es una especie que genera un conflicto a nivel ecosistémico”, explicó Santiago Furlán, vicepresidente de S.O.S Acción Salvaje.
El Gobierno de Mendoza incluye al jabalí entre las especies exóticas invasoras presentes en la provincia y reconoce que su expansión puede afectar la biodiversidad, los recursos naturales, las actividades económicas y la salud de la población.
El impacto del jabalí en cultivos y ecosistemas
Una de las principales características del jabalí es su alimentación omnívora. Puede consumir frutos, raíces, semillas, vegetación, pequeños animales, huevos y diferentes especies de la fauna nativa. Además, al remover el suelo en busca de alimento, modifica la cobertura vegetal, favorece procesos de erosión y afecta los ambientes utilizados por otras especies.
En áreas protegidas mendocinas también se registraron daños. En la Reserva Natural Laguna de Llancanelo, por ejemplo, las autoridades provinciales advirtieron que las piaras utilizan sectores invadidos por tamariscos como refugio y destruyen nidos de aves acuáticas.
La problemática se extiende también al sector agrícola. Según explicó el entrevistado, una piara puede ingresar a una propiedad y destruir un cultivo en cuestión de horas. “Estos animales siempre se mueven en grupos. Cuando atacan una plantación, pueden dejar al productor prácticamente sin nada”, señaló.
Los daños incluyen la pérdida de cultivos, la rotura de sistemas de riego, alambrados y otras instalaciones rurales, además de la competencia por el alimento con animales domésticos.
Los riesgos para la ganadería y la salud pública
El jabalí también representa una amenaza para la producción ganadera, debido a que puede transmitir enfermedades a los animales domésticos y contaminar fuentes de agua o alimentos.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria advierte que los jabalíes pueden intervenir en la dispersión de enfermedades como la brucelosis, leptospirosis, triquinosis, tuberculosis y la enfermedad de Aujeszky. También son susceptibles a patologías de alto impacto productivo, como la fiebre aftosa y las pestes porcinas.
En el país se registraron, además, casos de triquinosis en personas vinculados con el consumo de carne de jabalí que no había sido analizada correctamente. Por esa razón, las autoridades sanitarias recomiendan no consumir carne de animales silvestres sin el correspondiente control bromatológico.
A estos riesgos se suman los posibles accidentes viales y los encuentros con personas. Aunque habitualmente intentan evitar el contacto humano, pueden reaccionar agresivamente cuando se sienten amenazados, están heridos o se encuentran protegiendo a sus crías.
El Valle de Uco no queda al margen
La presencia de jabalíes también preocupa en el Valle de Uco, donde existen extensas zonas cultivadas y establecimientos ganaderos cercanos a sectores de monte y cauces naturales.
Desde la organización ambiental consultada aclararon que no trabajan específicamente en el estudio de la especie, pero consideraron necesario que el problema sea abordado mediante una política pública sostenida.
“El Valle de Uco no está al margen de esta situación. Es una problemática compleja que afecta al ambiente, a la producción y también puede generar conflictos con las personas”, indicaron.
La caza está permitida, pero debe cumplir requisitos
En Mendoza está prohibida la caza de animales silvestres autóctonos. Sin embargo, el jabalí, la liebre europea y el conejo silvestre están incluidos entre las especies exóticas cuya caza se encuentra permitida.
La actividad no puede realizarse libremente. Para cazar jabalíes en campos privados se requiere contar con el carnet habilitante, la documentación correspondiente del arma y la autorización del propietario del terreno. El incumplimiento de estas condiciones puede ser considerado caza furtiva y derivar en sanciones, el secuestro de armas, vehículos y ejemplares capturados.
Reclaman un programa integral de control
Desde la fundación sostuvieron que la caza puede contribuir a disminuir algunos ejemplares, pero advirtieron que no constituye por sí sola una solución definitiva.
“Se necesitan más políticas de Estado para abordar esta problemática. La caza puede ser una herramienta, pero debe formar parte de un programa global de manejo de las especies exóticas invasoras”, remarcaron.
Entre las medidas posibles se encuentran el relevamiento de las poblaciones, la identificación de las zonas más afectadas, el monitoreo sanitario, la utilización de sistemas de captura, la asistencia a productores y la coordinación entre municipios, Provincia y organismos nacionales.
El desafío consiste en contener la expansión del jabalí sin afectar a las especies autóctonas ni poner en riesgo a la población. Mientras tanto, productores del Valle de Uco permanecen atentos ante una especie capaz de provocar importantes pérdidas económicas en pocas horas.