Día Mundial del Parkinson: origen y por qué se recuerda cada 11 de abril
El 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una fecha destinada a visibilizar la enfermedad y sus consecuencias, que afectan a millones de personas en todo el mundo.
Día Mundial del Parkinson: origen y por qué se recuerda cada 11 de abril
Cada 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una fecha que busca visibilizar una de las enfermedades neurodegenerativas más extendidas en el mundo. La efeméride apunta a generar conciencia, promover el diagnóstico temprano y acompañar a quienes conviven con esta condición que impacta tanto en lo físico como en la calidad de vida.
Día Mundial del Parkinson: cómo se estableció el 11 de abril
El origen de esta jornada se remonta a 1997, cuando la organización Parkinson’s Europe, entonces conocida como EPDA, impulsó su creación con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La elección del 11 de abril no es casual, coincide con el nacimiento de James Parkinson, médico británico que en 1817 describió por primera vez la enfermedad bajo el nombre de “parálisis agitante”.
James Parkinson, reveló al mundo esta enfermedad en 1817.
Foto: web
Más allá de su carácter conmemorativo, el Día Mundial del Parkinson tiene como finalidad informar, derribar mitos y fomentar la investigación. También busca impulsar políticas de salud que mejoren el acceso a tratamientos y acompañamiento para pacientes y familias.
En cuanto a su alcance, la OMS estima que la enfermedad afecta a 1 de cada 100 personas mayores de 60 años. A nivel global, se proyecta que para 2030 habrá cerca de 12 millones de personas con Parkinson. En Argentina, aunque no existen cifras oficiales unificadas, se calcula que alrededor de 100.000 personas conviven con esta patología.
Qué es el Parkinson: síntomas y posible tratamiento
El Parkinson es una enfermedad crónica, progresiva y degenerativa del sistema nervioso central, causada por la pérdida de neuronas que producen dopamina, un neurotransmisor clave para el control del movimiento. Esta disminución genera alteraciones motoras y no motoras que avanzan con el tiempo.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el temblor en reposo, la rigidez muscular y la lentitud de movimientos. A estos se suman otros signos menos visibles, como trastornos del sueño, depresión o problemas digestivos, lo que puede demorar el diagnóstico entre tres y cinco años.
Si bien actualmente no tiene cura, existen tratamientos que permiten mejorar la calidad de vida de los pacientes. La medicación, la rehabilitación física, el acompañamiento psicológico y, en algunos casos, intervenciones quirúrgicas, forman parte de un abordaje integral que busca ralentizar la progresión de la enfermedad y aliviar sus síntomas.