Para la mayoría de los argentinos, el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, es una jornada de actos. Para la mendocina Miriam Fernández, la nieta restituída número 127, es una fecha que cambió su vida para siempre.
En el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, la nieta 127, Miriam Fernández, busca reivindicar su historia y pide "memoria sin omisiones".
Para la mayoría de los argentinos, el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, es una jornada de actos. Para la mendocina Miriam Fernández, la nieta restituída número 127, es una fecha que cambió su vida para siempre.
Este martes, su rostro y su voz recorrieron el país a través de un video institucional del Gobierno Nacional, donde se presentó no como una cifra estadística, sino como una mujer que reclama el derecho a la "historia completa".
Es una pregunta recurrente y la respuesta de Miriam es clara: "buscaba visibilizar una realidad que ha sido ignorada en el relato oficial de las últimas décadas".
Su participación no responde a una bandera partidaria, sino a la necesidad de reivindicar su identidad autopercibida y el amor de su familia de crianza, a quienes defiende por encima de cualquier etiqueta judicial.
"Acepté porque creo que una sociedad no puede avanzar si no se cuenta la realidad", confesó Miriam en diálogo con Sitio Andino. Para ella, formar parte del video oficial fue la oportunidad de mostrar que existe "un lado y el otro" de la historia, y que su caso -el de la nieta 127- no encaja en los moldes tradicionales de los organismos de Derechos Humanos.
Durante años, Miriam protegió su origen como un tesoro frágil. Aunque sus padres de crianza le revelaron lo que sabían en su adolescencia, ella eligió no indagar por una lealtad absoluta hacia ellos. "Yo elegí quedarme con esa familia que me crió y que me dio contención y amor", relató conmovida.
Cuando la justicia y la genética llamaron a su puerta en 2017, el sentimiento fue agridulce. Sintió el alivio de no tener que ocultar más su historia, pero también la tristeza de ver cómo la sociedad intentaba imponerle términos como "genocida" o "apropiador" para referirse a quienes ella considera sus padres. "Para mí siempre fueron y serán mis padres", afirma de forma tajante.
La nieta 127 no reniega de sus padres biológicos, María del Carmen Moyano y Carlos Poblete, a quienes les agradece la genética heredada. Sin embargo, define su identidad como una construcción compartida: "Soy un 50% mi genética y un 50% mi crianza. Hicieron un combo bastante explosivo que me convirtió en la persona que soy hoy".
Su paso por el video institucional busca, precisamente, romper con la polarización. Asegura conocer el sufrimiento de las familias de las fuerzas perseguidas y también el dolor de quienes buscaron durante décadas a sus seres queridos. Por eso, elige un lugar de neutralidad: "No comparto ideologías, pero respeto sus formas. Yo quiero la historia verdadera para que nos ayude a sanar".
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista ocurrió al mencionar a Iris, la mujer que la recibió en sus brazos y que falleció hace unos años. "Si hay una víctima en toda esta historia fue ella", sentenció Miriam. "Sin muchas opciones, decidió criar a una bebé y darle todo el amor del mundo. Jamás hubo disticiones con mis hermanos".
Ese vínculo fue el motor para enfrentar una batalla judicial de seis años con el fin de mantener su nombre y su identidad. "Fue una lucha larga para decir: 'Bueno, yo soy esta persona, yo soy Miriam Fernández y elijo ser Miriam Fernández'".
Hoy, Miriam no es solo un testimonio en un video oficial; es una mujer que, tras conocer la oscuridad de su origen, ha decidido encender una luz propia basada en el agradecimiento y el perdón, convencida de que la verdad -sin recortes- es el único camino para que Argentina logre, finalmente, cerrar sus heridas.
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