2 de mayo de 2026
{}
Voz

La Voz de la Rosada

Mi voz se respeta porque soy la voz del pueblo

Por Sitio Andino Política

La voz se torna grito en el primer llanto que anuncia que hemos nacido con vida. Así, también, la Patria dio su primera señal de existencia en el sagrado alarido que anunciaba y exclamaba: ¡Libertad!

Nos hicimos Nación y República, para delegar el debate en el Congreso, y tener yo la última palabra: soy La Voz de mando, y anido en esta Casa donde alguna vez estuvo el Fuerte de los colonizadores destituidos.

He gritado y susurrado, he ordenado y he rogado; anuncié, expliqué… goberné. Siempre estuve aquí, y no pienso renunciar.

Soy la Voz de la Rosada, la que debe ser escuchada, comprendida y respetada. En estas paredes que pintó Sarmiento, hombre de pluma y palabra que da sustento a la voz escrita y oral, se lamentaron los fracasos y se cobijaron los triunfos en cada discurso en el balcón, al juntar mi timbre con los de la vocinglería del pueblo.

Fui la voz de distintas ideas, de diferentes hombres y algunas mujeres… fui y soy el que dice lo que corresponde, aun cuando no sea lo que se añore. Es que la voz del poder es así: se impone.

No hay mejor vocero que un Presidente. Porque se lo ha elegido para qué él nos guíe. Para saludar a los trabajadores, a los descamisados, para desafiar a invasores, ordenar la Casa en Pascuas o vitorear con fuerza: “¡Viva la libertad, carajo!”.

Mi voz se respeta porque soy la voz del pueblo, que es la voz de Dios. Mi voz no se puede acallar, ni yo soy quién para censurar la de los demás. Las voces de la prensa son mis aliadas, ellas narran mis historias entre acreditados que tienen el enorme orgullo de poder contar, y la inconmensurable responsabilidad de poder preguntar.

Es allí donde mi voz se amplifica, en la disonancia y en la concordancia con la voz de los medios. Y aun cuando por hablar de senilidad presidencial convidaron al primer golpe de estado en los años 30 del siglo pasado, también en los ’80 le devolvieron institucionalidad al país por una simple pregunta acerca de los derechos humanos, formulada por José Ignacio López que por eso pasó de brillante acreditado a primer vocero en la democracia recuperada. Ese es el modelo de vocero que otros debieran imitar.

No se ejerce con excelencia semejante cargo usando la arrogancia en el habla ni la gola en la garganta. Se dignifica ese servicio público con la humildad de los que no son sospechados de riquezas repentinas sino afables funcionarios que pueden explicar lo que tienen y lograr confianza en los que le oyen.

El destrato, la descortesía, la falta de respeto o los aires de superioridad no pueden formar parte de mi coro. En la melodía de mis palabras debe existir coherencia entre lo que se pregona y lo que se ejercita, entre lo que se entona y lo que se calla. Soy una voz institucional que no da cabida a la censura como tampoco permite el silencio de la complicidad, ni mucho menos la fantasía del espionaje simplemente porque un grupo de periodistas ejercen la dignísima profesión de escudriñar.

Pero si al delegar mis palabras en voceros desconfiables ya he cometido un error, peor es hacer de mis expresiones un derrotero de insultos, agravios y descalificaciones.

Las formas son importantes.

La honra del máximo cargo institucional de la Patria se pone a prueba en cada gesto y en cada palabra. Desdeñar al que tiene el deber de consultar, es casi tan violento y peligroso como gritar: “si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla”. El final de esa película ya se puede adivinar.

No debiera acusarse de “chorros” a quienes consultan por el vocero que ahora usa miles de palabras en el Congreso para no decir nada; no debiera calificarse de “basuras repugnantes” a los cronistas que entraron al patio de Las Palmeras en medio de la censura institucional. ¿La Rosada hoy no entiende que el silencio es letal? Dejarla sin voces, es acallar el grito de “libertad” que tanto usan cuando terminan de hablar.

Nunca hice tanto silencio como en esta etapa. Ya no doy respuestas, no me permiten explicar, no logro convencer, ni siquiera alcanzo a susurrar. Quisiera gritar para decir en el llanto que aún tengo vida.

Pero, apenas soy un sordo ruido que ni oír se deja tras los muros de Balcarce 50. Soy la Voz de la Rosada … ¿quién me escuchará?.

LO QUE SE LEE AHORA
Foto: Prensa Legislatura de Mendoza.

Las Más Leídas

La madrugada de este viernes quedó marcada por una tragedia en la Ruta Nacional 146.
Empleo, inversiones y minería: los ejes que Luis Petriabordó con empresarios en Malargüe
El Quini 6 acumula un pozo imponente de $6.700 millones: cuándo es el sorteo y cómo jugar
Según se desprende del fallo, el recurso extraordinario fue rechazado.
Uno de los allanamientos en Guaymallén.