Decisión histórica

El mensaje social del primer juicio por jurado con veredicto No Culpable en Mendoza

La policía Nadia Verdugo fue considerada por el jurado popular "no culpable" del homicidio de un joven en Malargüe. Se produjo durante una pelea entre bandas.

Por Cristian Pérez Barceló

Nadia Verdugo nunca había ido a un operativo en el que tuviera que enfrentarse a bandas desaforadas y jamás había usado su arma. Pero la noche del 12 de febrero de 2022, estaba en el móvil más cercano a una batalla campal en Malargüe que terminó con un joven de 18 muerto por un disparo que realizó ella con su arma reglamentaria. Y el suceso fue filmado.

El video la mostraba disparando la 9 milímetros a diestra y siniestra, varias veces; y ella al llegar a la comisaría dijo: “fui yo, yo le disparé”.

Desde el vamos se pensaba que esta mujer podía terminar en la cárcel, que era un caso más de gatillo fácil y que ocurriría una mácula en la institución policial mendocina.

Pero la investigación fue hallando bemoles que daban otro sonido a una casi segura exclamación condenatoria.

En principio, y quizá uno de los elementos más fuertes, fue la verificación de que en una mano de la víctima había pólvora; luego, se descubrió en una veintena de llamados al 911 dando cuenta de la situación en la Plaza del barrio Martín Güemes, esa noche hubo detonaciones que alertaron y preocuparon a los vecinos; de allí el pedido de auxilio.

La llegada de Verdugo junto a su compañero Osorio, sólo logró que los jóvenes dejaran de agredirse entre sí, y se unieran contra estos dos policías. Osorio no pudo seguir usando su escopeta anti tumultos, y Nadia sacó su arma reglamentaria y efectuó disparos al suelo de tierra del predio. Al verse superado y desarmado, Osorio pidió por la frecuencia: “CEO, en el interior de la plaza están los charlys, ahí envíenme apoyo, envíenme apoyo”.

Al grito desesperado del oficial, le siguieron palos y piedras que volaban contra los policías, hasta que llegaron los refuerzos; una de estas movilidades que acaba de llegar termina registrando con su cámara lo que iba a ser el video incriminatorio de la oficial Verdugo.

Se la ve con su pistola disparando 3 veces a su izquierda, con claros fogonazos que daban cuenta de las deflagraciones, y uno menos evidente hacia su derecha. Aquellos tiros que fueron al este, no hirieron a nadie; pero el que apuntó al oeste terminó con la vida de Kevin.

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Primer juicio por jurado con veredicto No Culpable en Mendoza

Esos son los hechos; previo al juicio por jurado se arribó a una serie de estipulaciones probatorias, entre ellas las más impactantes que Nadia había matado al muchacho con una bala que salió de su arma reglamentaria.

Sin embargo, el debate comenzó con una acusación que jamás incluyó el homicidio agravado por el cargo o función policial de Verdugo, sino sólo por el uso de un arma de fuego. Eso le permitía evitar, en una eventual condena, la pena perpetua.

Pero el resto de las hipótesis que quedaban a consideración del jurado, si la hallaban culpable, podían llevarla a una treintena de años de cárcel.

El final de la historia da cuenta de que no la hallaron culpable; y es la primera vez que un jurado popular en Mendoza alcanza semejante veredicto por unanimidad.

Todas las demás absoluciones en esta provincia se han dado por jurados que no se pusieron de acuerdo y quedaron estancos, con la subsiguiente decisión de los fiscales de no insistir en las acusaciones, de no volver a enjuiciar a los imputados.

Ahora, ¿por qué 12 ciudadanos comunes no hallaron culpable de delito alguno a esta mujer policía? La respuesta es fácil: entendieron que actuó en cumplimiento del deber.

No se puede ni se debe conocer las razones que pudieran esgrimir para su veredicto los miembros del jurado, y es allí donde sólo se puede interpretar lo sucedido en un repaso del juicio. Es la mayor garantía para el pleno y libre ejercicio de su deber cívico.

Evidentemente las argumentaciones del fiscal Víctor Giambasttiani no persuadieron a los 12; y una característica que suele señalarse de los juicios por jurado es que no siempre es tan importante probar como convencer; aunque lo lógico sea que no haya mayor capacidad de convencimiento que el plexo probatorio.

En este caso no había dudas, porque como ya se señaló, en el acuerdo probatorio previo al debate, quedó claro que Nadia lo mató: el tema era ver en qué circunstancia.

Giambasttiani intentó señalar que no fue un hecho con un marco de riesgo de vida para la policía ni sus compañeros: argumentó, por ejemplo, que no sólo ningún efectivo resultó siquiera herido, sino que las movilidades no fueron si quiera dañadas.

Pero la respuesta de Hidalgo fue una frase que pareciera haber calado tan hondo en el jurado como en la sociedad actual: “no es necesario que muera un policía”.

Pasaron a ser detalles menores confesiones y verificaciones tales como el que la propia Verdugo admitiera en su indagatoria apenas comenzó el juicio, dando la cara ante el jurado, pero entrando en un estado emocional que le impidió continuar con su declaración, que ella nunca vio a Kevin apuntándole o disparándole. O que ningún policía viera siquiera uno de los miembros de las bandas, armado.

Pasaron a ser más fuertes argumentaciones de la defensa, tales como que no se podía ver bien esa noche en ese lugar, por la iluminación disminuida por algún foco roto o la frondosa vegetación de la plaza, o que las reacciones de los policías no era ante lo que pudieran ver sino oír: detonaciones.

Sin embargo, al jurado se le planteó desde la Fiscalía, que no se hallaron en el lugar tumberas ni otras armas; que los llamados al 911 daban cuenta mayoritariamente de palos y piedras; que no se encontraron vainas o cartuchos por doquier.

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Y aquí pasó a tener importancia la contaminación del teatro de los hechos, por ambas partes. Es que los mismos policías admitieron en el juicio que recolectaron los cartuchos de los disparos de sus escopetas; y la defensa mostró las imágenes de los jóvenes adueñándose toda esa madrugada de la plaza, recolectando “cosas” del suelo, con el aditamento de especular que metieron en la bolsa no sólo cartuchos y vainas, sino hasta la o las armas y/o tumberas que hipotéticamente hubieran usado. Ante semejante especulación, la respuesta de la fiscalía no fue menor: “Lo que pasó por allí fue el camión recolector de basura, nadie iba a arriesgarse a tirar en una bolsa un arma para después ser descubierto”.

Nimiedades al margen, lo cierto es que también Nadia fue señalada por Giambasttiani de esconder en sus prendas cinco vainas servidas; a lo que la defensora alegó: si hubiera querido, en los 3 kilómetros que recorrió al llevar el móvil a la comisaría, se podría haber desprendido de ellas.

El asunto es que fue tan malo el trabajo de Policía Científica, no tanto por incapacidad sino por demoras, más cuestionables al ayudante fiscal que no tomó medidas para resguardar la zona, que el proyectil que dio muerte a Kevin fue encontrado 5 meses después en una nueva inspección en la vereda donde estuvo su cuerpo al morir.

Con esa acumulación de inconvenientes en materia probatoria, el razonamiento de la defensora fue inteligente: al señalar que no sólo Nadia, sino todos los policías disparaban en direcciones idénticas reaccionando rápidamente a estímulos aparentemente auditivos, dejó en claro que al video que registró esos movimientos había que mirarlo de otra forma.

Y así, se debilitaron las pericias de balística, cuerpo médico forense y demás, porque la única diferencia entre Verdugo y sus compañeros fue que ella usó su arma reglamentaria, argumentando que no tenía otra con qué defenderse.

Y no se trató de defensa legítima, como mal señalaron algunos, sino cumplimiento del deber de los policías de evitar que la vida propia y ajena estuviera en riesgo.

En definitiva, parece ser, el jurado entendió que a eso fueron y así actuaron estos policías, incluyendo Nadia Verdugo.

Pero en la especulación del fuero local, el juicio llevó a un interrogante de difícil respuesta: ¿Habría corrido la misma suerte esta policía, si hubiese sido enjuiciada por un tribunal técnico en lugar de uno popular?

Se dice que las sentencias de los jueces llevan un mensaje a la sociedad. Pero esta vez fue un señal del pueblo a las instituciones, en la voz de 12 jurados: quizá para fortalecer la vocación policial y atender al reclamo de que no pueden estar con las manos atadas los efectivos de la fuerza de seguridad para garantizarnos una convivencia en paz.

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