Dicho encuentro, le dejaría a la Albiceleste un rédito económico de un millón de dólares, pero si jugaba Lionel Messi aumentaría un 50 por ciento. Sin embargo, como la Pulga no llegaba en su plenitud física, incluso en ambos duelos de Eliminatorias fue resguardado y en ambos ingresó algunos minutos en el complemento, su presencia como titular fue una gran incertidumbre hasta algunas horas antes del encuentro, cuando para alegría de los guatemaltecos (en su mayoría habían adquirido costosos tickets sólo para ver al mejor del mundo) se confirmó que jugaría desde el inicio.
El rosarino sabía que mucha expectativa estaba posada en él y no los defraudó. Apenas a los once minutos, el capitán albiceleste ya había avisado que no estaba en el campo para cuidarse ni regular su nivel por la condición de amistoso del partido y comenzó a despilfarrar su magia. Y tan sólo a los 14 minutos logró abrir el marcador con una jugada muy suya, tomando el balón y perfilándose hacia el medio, para sacar un fuerte zurdazo desde afuera del área y decretar así el 1-0.
Los dirigidos por Alejandro Sabella jugaban de forma bien distendida y el ritmo del encuentro se asemejaba más al de un liviano entrenamiento que al de un partido internacional. Pero Messi insistía en agasajar al público local y a los 34 minutos se puso el traje de asistidor para que sea Augusto Fernández quien extendiera la ventaja a favor de Argentina. Y tan sólo cinco minutos después, Lio se metió en el área a pura gambeta, hasta que lo derribaron y fue él mismo quien cambió la pena máxima por gol para que así el combinado argentino se marchara al descanso con una distendida goleada por 3 a 0.
Y aunque muchos pensaban que ya en el complemento iba a ser resguardado, Pachorra dejó algunos minutos más en el campo a su capitán y éste continuó con sus clases de talento cuando en tan sólo dos minutos sentenció el 4-0 y con su triplete además batía récords: superaba por un gol a Diego Maradona en la tabla de goleadores albicelestes y alcanzaba al escolta Hernán Crespo con 35 anotaciones.
De allí en más, el ritmo del encuentro se reguló aún más y ambos entrenadores comenzaron a utilizar el tiempo restante para realizar diversas variantes que les sirvieran a ellos para sacar conclusiones de cara al futuro inmediato. En cuanto a la Pulga abandonó la cancha a los 22 minutos en medio de una gran ovación y reconocimiento por su esfuerzo.
Lo cierto es que no sucedió mucho más en el tiempo restante, aunque pudo haberse extendido la ventaja y ante un muy pálido adversario que le opuso muy escasa resistencia (por no decir nula), la Argentina se floreó y dejó reflejado una vez más el enorme poderío de sus atacantes.
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