sábado 13 ago 2022
Exponenetes de la Literatura

Entrevista a Rodolfo Braceli. El impulso vital de mirar la vida con curiosidad

El referente del género de la entrevista pasó por Mendoza para formar parte de los festejos por el centenario de la Biblioteca Alberdi de Luján de Cuyo. Luego de una charla que emocionó al público presente, dialogó a solas con SITIO ANDINO.

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Hizo del género de la entrevista el arte de la buena conversación. Construye con palabras puentes amigables. Diálogos que desnudan la existencia sin necesidad de posturas. Es decir, en cada "ConversAcciones" – como le gusta definir su estilo – mira la vida para bucearla en sus recovecos más mundanos.

De esta manera recorre su camino y cuenta con más de 20 libros editados. El más reciente: “Escritores descalzos”. Una selección de entrevistas que realizó a maestros de la literatura como: Gabriel García Márquez, Borges, Ray Bradbury y Abelardo Castillo; entre otros.

La semana pasada estuvo en nuestra provincia, más precisamente en Luján de Cuyo. El pago que lo vio nacer. Y luego de una charla que brindó en la Biblioteca Popular, Juan Bautista Alberdi, tuvo la deferencia de dialogar conmigo.

Él escogió el lugar. Un rinconcito cercano al sector de lectura dedicado a los más pequeños. Acercó cálidamente dos sillas y junto a una estantería que exhibía cuentos infantiles y más arriba toda la colección de su autoría, le pregunté:

Braceli, ¿para qué sirve una biblioteca?

Como decía hace un rato, hay centenares de definiciones. La mía, es que una biblioteca es una especie de panadería o una madre. Una madre que atesora y abriga todas las semillas primordiales. Las semillas que tienen que ver con los sueños. Estoy hablando de soñar sin límites, de soñar cosas imposibles. Que es la manera de vivir y de evolucionar. La semilla de la aventura, la semilla de la memoria, la semilla del aprendizaje. Por eso siempre acudo a esta frase de puño y letra del General –que tuvo el coraje de ser ciudadano- San Martín, quien dijo: “la biblioteca es superior a nuestros ejércitos”. Lo dijo el General ciudadano San Martín. Creo que ahí está la síntesis de la importancia de la biblioteca. Que un personaje de esas características se detenga a hablar sobre la biblioteca es muy significativo. Y que un hombre de esas características reciba diez mil pesos oro de O’higgins por su intervención en Chile y que no podía de volver porque se iban a ofender. Y resuelve con un esos diez mil pesos oro - que eran una fortuna- hacer la biblioteca Nacional de Chile, la actual; es muy significativo. Nos invita a la reflexión a todos. Incluso aquellos que tienen una especial antipatía o alergia por las bibliotecas.

¿Qué piensa que va a pasar en un tiempo más con las bibliotecas? ¿Las vamos a seguir viendo de esta manera o van a pasar a ser una pieza de museo?

Se ha planteado todo una polémica. En donde intervienen premios Nobel, Humberto Eco, sobre el futuro del libro y que va a desaparecer. Y a mí me parece que antes que se desaparezca el libro puede desaparecer la tierra. A la velocidad con que se están talando árboles y se está suicidando al planeta, se están pudriendo las aguas y el aire y todo eso, sino paramos la mano… Eso va a una velocidad muy superior a la que no haya más libros. El libro va a existir siempre. Es lo mismo que ver cine en la casa pero con la “casetera”.

¿Pero cambiar el formato no va a producir una cierta nostalgia?

No, porque creo que unos se acostumbrarán, pero el hábito de la lectura y del papel va a quedar. No en la misma proporción pero el libro en el papel permite algunas cosas muy especiales. La sensualidad por ejemplo. No es lo mismo franelear, no sé, twittearse y toda esa historia que poner las manos encima. Las verdaderas. Pero antes que esa pregunta yo creo que debemos preguntarnos cuánto más va a durar el planeta. En cincuenta años se ha destruido más que en cincuenta mil y creo que ahí está la cosa, ¿ no?

Rodolfo, ¿quién era ese niño que soñaba con ser escritor?

Era yo.

Si. ¿Pero cómo era?

Era muy tímido, lo soy todavía. Podía pasarme horas jugando sólo. Y soñaba eso, quería ser escritor. “Quiero escribir un libro”, decía. Con lo cual manifestaba mi vocación y mi vocación en acción, que era escribir un libro. Y tenía una preguntita que siempre decía, que me desesperaba. Los grandes, los grandes son los padres, los tíos, la gente mayor que uno la ve desde los 5 años… yo siempre repetía “se creen que no me doy cuenta, se creen que no me doy cuenta”. Vivía obsesionado, “se creen que no me doy cuenta y yo me doy cuenta de todo”. Cosa de niños. Y muy pronto aprendí a leer como cualquiera, pero la necesidad de escribir estuvo muy pronto ya en la escuela primaria.

Y en la secundaria, en 5to año, empezamos a proponer cosas para poder hacer un viaje de fin de curso. Y bueno, había rifas. Un compañero trajo tres bicicletas porque el padre vendía bicicletas. Y a mí se me ocurrió, dije: “yo voy a escribir una novela, la vamos a publicar y con la guita que vamos a sacar vamos a viajar”. No tenía la menor noción. De todo eso lo que se cumplió es que en tres cuadernos espiralados escribí la novela y la terminé el día 5 de octubre de ese quinto año. Y bueno, están ahí los cuadernos. Finalmente hicimos un viaje cortito, que se yo, pero te digo sobre la fantasía de que uno publicaba un libro.

Y que podía cambiar las cosas…

Y yo no tenía ni idea. De la literatura yo no pretendo vivir. De la literatura no se pueden pagar las expensas. Pero la satisfacción del acto de escribir es como la de pintar, la de hacer una silla o la de ser mecánico. Cuando uno hace lo que le gusta ya está.

¿Podríamos decir que escritor se nace y se hace?

SÍ, evidentemente que se nace. Y es una cosa que permanentemente está aprendiéndose. El periodismo a veces lo aleja. Algunos dicen que lo aleja de la escritura y se convierte en un sustituto. Y bueno, si te aleja es porque no eras tan escritor.

Escritores Descalzos, es su último libro

¿Cómo es el momento de la hoja en blanco?

No, ese problema yo no le he tenido. Para mí el problema es que tengo ocurrencias todo el tiempo y papelitos… Si yo te muestro el bolso o el bolsillo del saco vas a encontrar que siempre ando anotando. Mi problema es el contrario, es que tengo esto, lo otro… Terminé un libro y tengo en este momento tres libros más. Como quien va a cocinar y tiene el picadillo para hacer esto, lo otro y lo otro. Y digo, ¿con cuál? Y bueno, me dejo llevar y allá voy. Pero no, el tema de la hoja en blanco a mi no se me ha planteado. Se me plantea al revés. La desesperación por el tiempo. Los años vienen más cortos, nos dura mucho menos. El año pasado tengo la sensación de que duró cinco meses. Nos están afanando, nos están afanando… ahí sí que nos afanan. El tiempo. Y ya estamos en junio y me desespero por encerrarme a escribir un libro que ya lo vengo elaborando, desde… Entonces mi problema es que tengo muchas más ocurrencias que las que puedo escribir. Necesitaría días de 70 horas. Pero sería lo mismo porque en 70 horas tendría más ocurrencias.

¿Cuánto hay de curioso en su vida?

Y sí, yo soy curioso todo el tiempo. Me la paso escuchando y mirando. Cuando me fui a Buenos Aires ya tenía 30 años, vivía solo y me decían: “ché ¿cómo hacés?, por ahí tenés que comer solo”. Y yo no tenía ningún problema, me encanta. “¿Y cómo te va a encantar comer sólo?”. Y sí. Me voy algún restaurant, me pongo en un rincón y empiezo a leer las distintas mesas y a imaginar. Un tipo y una tipa, este se la está tratando de… y la otra viene de vuelta. O si no: “estos están aburridos no tienen ni para dos meses más o un mes”. Y me imagino y empiezo a novelar y a leer a los otros. Y sí, soy muy curioso.

¿La curiosidad es esencial para un periodista?

Es la definición del periodismo. Cuando le hice el reportaje a García Márquez se volvió loco –eso lo cuento en mi último libro-. Yo tengo un bolso más grande que este y siempre voy a hacer las entrevistas con ese. Y me miraba el bolso hasta que me dijo: “¿qué trae usted ahí?”. Nada, le digo. Un radio grabador, un par de medias, un paquete de galletas criollitas. Y miraba y miraba… Es eso, un periodista es un curioso. Un médico o un científico también. Cada uno va por el caminito que puede buscando esa verdad que cada vez que la encontramos, resulta que hay que seguir y seguir.

La vida sería una gran curiosidad entonces...

Seguro.

Sino no tendría sentido.

Y sí, en la relación hombre mujer está el tema de la curiosidad. Cuando se termina la curiosidad se terminó la pareja. Cuando ya sabés lo que el otro te va a decir y ya te lo contó todo, es difícil. Entonces se apagan los cuerpos. El frío, el silencio de los cuerpos. Hablo de los sentimientos, de la sensualidad, de todo.

Braceli durante la charla que brindó en la Biblioteca de Luján

Rodolfo, ¿cómo percibe el periodismo actual, tan polarizado en estos momentos?

Yo lo veo como que es indispensable este momento. Es decir, por ejemplo, se habla de la crispación. Yo escribí algo que es el elogio de la crispación. La pareja presidencial está crispada, la mesa de enlace está crispada, De Angelis está crispado, Lilita está crispada. Hay otros que son más prolijos porque cada uno se crispa a su manera. Yo estoy crispado. Ahora digo, esto tiene un costado positivo porque la crispación lo que hace es hacer que las caretas se caigan. Y es un paso importante saber qué sentimos y qué pensamos cada uno. La crispación nos ha vuelto más sinceros. Es un momento incómodo, pero necesario.

Y el periodismo está viviendo un momento difícil. Yo creo en la diversidad. Se habla de la nueva ley de medios, tiene 20 cosas para corregir pero hay que empezar, porque no podemos estar con una ley de medios de los años de la dictadura. Y yo no creo en los monopolios, creo en la diversidad. Y sobre la marcha se irá corrigiendo. Pero dicen: “no, se resolvió todo muy rápido”. No, no se resolvió todo tan rápido. Durante décadas se viene presentando y estudiando cosas. Sobre este tema yo escribí en el año 1985. Sobre los medios de comunicación y los de descomunicación. Está en la revista Plural, escribí un ensayo. Pasamos cinco, diez, veinte años sin hacer nada y ¿ahora queremos reflexionar? No. Lo que creo es que esta ley primero hay que aplicarla y después la iremos amasando. Haciéndola. Pero es indispensable, porque si no somos como una especie de mercenarios y dactilógrafos a sueldo.

Obreros de la palabra…

Otra que obreros de la palabra. Me echan de un lugar y resulta que en ese acto me echan de 273 lugares. Entonces creo que hay que buscar la diversidad, el periodismo alternativo. Creo que hay que escribir en castellano y hablar en castellano. Pequeño detalle que está medio olvidado.

¿Y conoce la lucha que están llevando a cabo los periodistas de Mendoza?

En detalle no la conozco como para expedirme. Hay que estar en el terreno. Siempre cometemos el error de llegar a un país y uno va en el taxi y habla con el taxista y después ya empieza a diagnosticar. Y no estuvo ni diez minutos en el lugar. Hay que vivir en el lugar y ahí aprender. La otra vez me preguntan: “¿cómo ve a Mendoza?”. Ahí, bajando del avión. Y le digo: “lo que más me ha llamado la atención es la cantidad de mendocinos que hay”. “Pero algo más”, le dije. “¿Qué más?” Otra vez cae en la pregunta. “La cantidad de autos con chapa de Mendoza que hay”, le contesté. ¿Qué querés que te diga? Hay que vivir. Estar y vivirlo desde adentro y ver como se amasa. Pero creo que es un momento interesante, febril y hasta la crispación tiene su lado positivo. Porque, repito, cuando estamos crispados no somos hipócritas. Superar la hipocresía en un una sociedad como la nuestra es un paso extraordinario. Después iremos a otro paso más natural.

Me dijeron que le preguntara: ¿Qué fue el “Pulmón del país” en su vida?

El pulmón del país es una columna que yo empecé a escribir. ¿Quién te dijo eso?

No voy a revelar la fuente…

Por ahí puedo deducir más o menos… En Los Andes yo escribía cine, teatro. A veces comentarios de pintura de libros. Y rompía –para decirlo en términos futbolísticos- las pelotas. Entonces llegó un punto en que Di Benedetto, que era mi jefe, me mandó a hacer un suplemento de deportes. Y descubrí que el fútbol es una herramienta de conocimiento y el mejor lugar para escribir, describir y analizar los comportamientos. El fútbol es el espejo que mejor nos espeja. La violencia la vemos a través de él. El racismo, el exitismo, el derrotismo. Y escribí una columna que se llamaba, “El Pulmón del País”. Que es la respiración, el grito de gol. Y después eso lo dejé como título de la columna además del título de cada columna. Y bueno, escribí, escribí y escribí. Hasta que escribí cuando Racing salió campeón del mundo, pero críticamente, y me dieron una patada en el bolsillito de atrás y me rajaron. Y me cambió la vida. Porque todos dijeron: “bueno, se te terminó tu carrera periodística”. Y no. Me llamaron de Gente y me tuve que ir a Buenos Aires. Sin tener más trabajo en Mendoza. “El pulmón del país” que fue algo muy jodido, fue muy positivo en definitiva.

Se cerró una puerta y se abrió una ventana.

Y sí. Es la vida en definitiva, ¿no? Decime quién te lo dijo…

No. Bueno… Un periodista de Los Andes.

Sí, Miguel. Él la otra vez me regaló uno de los pulmones del país que se llamaba “Los silbidos que supimos conseguir”. Yo hablaba de los silbidos que nos habían hecho en Chile y analizaba el comportamiento de los argentinos cuando vamos afuera. No tanto los provincianos, sino los provincianos aporteñados. Porque los porteños son… Pero los provincianos aporteñados son tremendos. Creemos que las minas se nos caen cada vez que nos ven y no es tan así.

Rodolfo, la última. Hay una pregunta que usted suele repetir a sus entrevistados: “Si se encontrara con tal o cual persona, ¿qué le diría?”. Bueno, entonces ahora la pregunta se la hago yo. Si entrara a una habitación y se encontrara con usted mismo, ¿qué se preguntaría?

Y, me diría, ¿por qué no lo sentaste un día a tu viejo y a tu vieja y no le hiciste preguntas para alumbrar momentos de sus vidas? Vidas maravillosas. Porque todas las vidas son maravillosas. Cada personaje es único. Puede ser premio Nobel o campeón olímpico, no importa.

Una deuda con sus padres…

Una deuda conmigo. Que en realidad son preguntas que uno no hace porque está convencido que los padres son eternos.

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