A través de un decreto, el gobernador Rodolfo Suarez, dejó sin efecto la obligatoriedad del uso del barbijo o "tapabocas" en Mendoza aunque todavía se recomienda en adultos mayores y personas con factores de riesgo más aún teniendo en cuenta que el invierno está cerca y con las bajas temperaturas comienzan a circular otros virus respiratorios.Ahora bien, ¿qué tan sencillo es desprenderse del elemento que durante dos años fue considerado un escudo y/o aliado frente al coronavirus?
Empecemos por el principio: esta decisión del Gobernador se basa en la situación epidemiológica que se registra en Mendoza hace varias semanas. "Son indicadores epidemiológicos muy buenos, con una internación nula tanto en sala común como en terapia intensiva. El panorama en la provincia es favorable más allá del aumento registrado en CABA y en el AMBA", expresó Rodolfo Torres, director de la Asociación de Clínicas y Sanatorios de Mendoza (Aclisa).
"Igualmente, todavía deberíamos estar con la guardia alta teniendo en cuenta lo que pasa en otros países donde hay nuevos aislamientos y medidas. Esto todavía no ha terminado y hay que ser cautos. En invierno, probablemente tengamos una nueva ola por las variantes de Ómicron. Estamos con diferentes esquemas de vacunación por lo que esperamos que el impacto sea menor, especialmente en el sistema sanitario. Actualmente, la letalidad ha descendido de 3% a un 0.2%. Por esto, hay que vacunarse y cuidarse sigue siendo importante", agregó.
Pero no solamente el coronavirus tiene la capacidad de mutar sino también las sensaciones que produjo la pandemia- que comenzó en el 2020- y las que genera ahora el regreso a la normalidad.
"Por un lado, creo que la pandemia generó un impacto muy grande en las personas. Si bien, creo que no se puede generalizar, sí pienso que en las subjetividades, cada uno/a tuvo el miedo a'. En ese sentido, el barbijo fue una herramienta que de alguna manera apaciguaba ese temor al contagio que, inicialmente, estaba asociado a la muerte, lo cual no es un detalle menor:el tapabocas podía salvarnos de la muerte", comenzó a explicar Gabriela Dik, presidenta del Colegio de Psicólogos/as de la provincia.
"En ese sentido y pese a que a partir de ahora su uso es optativo, creo que el barbijo será parte de la sociedad durante un buen tiempo más aún porque todavía hay temor de contagiarse de otras enfermedades, no sólo de Covid sino también de gripe, por ejemplo. Entonces, pienso que para muchas personas, el tapabocas sigue siendo algo que nos resguarda, fue un elemento que nos protegió en momentos de incertidumbre. Pensemos que mucha gente lo usaba varios días sin lavarlos sabiendo que perdía efectividad pero aún así persistía esa sensación de cuidado tanto porque se percibía como una suerte de escudo", agregó la licenciada.
En los últimos meses, muchos/as profesionales de la salud mental están viendo que el motivo de temor ha cambiado así como el rango etario de quienes lo están experimentando: ahora son los adolescentes los que atraviesan el proceso hacia la normalidad con mayores dificultades, en especial, los que tienen entre 16 y 20 años.
"En este último tiempo, lo que venimos viendo con los colegas es que el miedo ha mutado. Ha habido un efecto pospandémico en el que ya no escuchamos en consulta sobre el temor al contagio o a la muerte- que estaba tan presente y que fue muy complejo para los adultos y adultos mayores- ahora el miedo lo sienten los adolescentes y es al encuentro con sus pares", expuso Dik.
"Estamos trabajando muchísimo con estudiantes de secundaria y universitarios porque- sin generalizar- sienten temor al encuentro de los cuerpos, a la presencialidad. Hay algo que nos tiene muy preocupados/as y es la cantidad de estados depresivos, de situaciones de pánico, en muchísimos jóvenes entre los 16 y 20 años y ni he mencionado la tasa de suicidios que está en un punto muy alto en la provincia", sumó.
Ese miedo al encuentro presencial está generando en muchos adolescentes estados de ansiedad tan altos que llegan a transformarse en crisis de angustia o pánico. "Creo que el miedo ha mutado a eso: ya no es el miedo a la muerte sino al encuentro", resaltó la profesional.
Y continuó: "Por ejemplo, recientemente estuve en una facultad dando una charla sobre salud mental y eran casi 100 chicos/as hablando del pánico que les da llegar a la universidad y encontrarse con sus compañeros. Estamos hablando de jóvenes que han terminado la secundaria y han comenzado la facultad en estos dos años de pandemia. La situación en estos momentos está pasando por allí, por el miedo en los jóvenes y adolescentes, que no saben qué hacer con un cuerpo que durante muchos meses perdió el contacto. Qué se hace hoy con todas esas sensaciones, es el efecto más claro de la pospandemia y el que más me preocupa".
Es que es justamente en esta etapa de la vida cuando las personas comienza a construir su identidad, su personalidad a través de sus experiencias e interacciones con el mundo y sus pares. Este proceso propio de la juventud, se vio interrumpido por la pandemia y no pudo desarrollarse con total normalidad.
"Esto no implica estar enfermos/as o no ser normales', para nada. Si hay una sensación de ansiedad, hay que hablarlo ya sea con padres, madres, amigos/as, compañeros/as de estudio o con un adulto referente, los jóvenes necesitan hablar de esto y lo piden, los hemos visto pidiendo conversar sobre estos temas, ponerlos en debate, no subestimarlos", dijo Dik.
Y cerró: "El miedo a la muerte ha mutado para convertirse en el miedo al encuentro. Antes se concentraba en adultos de 50, 60 años y ahora el efecto comienza a notarse en adolescentes y jóvenes. Por eso, es importante que hablemos con nuestros adolescentes, tienen mucho para decir y en muchos casos, no está resultando sencillo regresar a la normalidad, hay que escucharlos porque si bien tienen más herramientas para entender lo que pasó que un niño/a, a veces no las tienen para saber qué hacer con lo que les sucede porque cuando no coincide lo que pensamos con lo que sentimos, siempre se genera un conflicto y en esto no importa la edad, sucede con todas las personas. Entonces, hablar y acompañarlos en esta etapa clave, es lo más importante".