"Si tuviste que aplicar el protocolo es porque llegaste tarde", analiza Alejandro Castro Santander, investigador, escritor, director general Observatorio de la Convivencia Escolar, docente de la Universidad Católica Argentina y conferencista internacional. "Esto no es un tema de la gestión actual ni de la anterior, podemos decir que viene desde hace más de 20 años. ¿Por qué no habría violencia si no hemos hecho nada para prevenirla?".
El análisis del experto enfoca, justamente, en la prevención a la vez que resalta y reitera que "la respuesta es educativa". Apunta directamente a la pregunta: qué hemos hecho concretamente para que haya un impacto real en el ámbito de la educación, para que los niveles de violencia disminuyan y para que, en lugar de estar hablando de conductas reactivas o violentas el tema de conversación sea otro y que tenga relación con el bienestar dentro de las instituciones.
"Es que según el clima de convivencia que se viva dentro de una escuela permitirá- o no- una mejora en el rendimiento de los/as estudiantes, en su aprendizaje, en la calidad educativa e incluso, en la permanencia porque el tema del abandono muchas veces está relacionado con los niveles de violencia y con el miedo a estar en la escuela. Nosotros pensamos que las cosas que pasan fuera del establecimiento escolar forman parte de la complejidad del fenómeno porque tenemos que contemplar la vida de los estudiantes, es decir, lo que pasa dentro del establecimiento, así como lo que sucede cuando vienen y cuando salen", expuso el especialista.
El miedo y la violencia, factores que influyen en la deserción escolar
"Hace cuánto que no ponemos en práctica acciones por la convivencia, hablando en positivo, para la prevención de la violencia en las instituciones educativas. Nunca ha sido una prioridad y ese es el tema, hace rato que debería serlo", comienza Castro Santander.
"Toda la investigación nos está diciendo que en estos momentos, el factor asociado a calidad educativa y al rendimiento- que por supuesto tiene que ver también con el desarrollo psicosocial de los estudiantes- es estar bien, poder estudiar sin miedo y no tener luego problemas que llevan a estrés postraumático o a situaciones de ideación suicida.Todo esto tiene que ver con el clima escolar, con cómo me llevo con mis iguales", agregó.
Acorde a sus investigaciones, las vivencias son distintas entre niños, niñas y adolescentes según la etapa escolar que estén atravesando. Por ejemplo, el psicopedagogo señala que en los niveles inicial y primario, la violencia es física de forma directa, es decir, se traduce en el golpe. "En estudios realizados, hemos encontrado que la violencia física entre los más chiquitos puede ser siete veces más que la que vive un púber y/o un adolescente. No es que se descarta que pase (porque claramente sucede) pero en esa etapa (generalmente, en secundaria) la violencia se vuelve más desapercibida por la edad porque hay todo un surgimiento de la intimidad, es otro tipo de daño, es más emocional".
"Lo cierto es que este tema no se ha trabajado, no es prioridad. Sí hay, como debe ser, una preocupación por el aprendizaje de la lengua, matemáticas, ciencias en general y eso no está mal, lo que nosotros estamos diciendo es que hay un clima previo para que se pueda dar el hecho educativo que es justamente el de convivencia y eso es lo que se está descuidando hasta llegar a episodios muy graves como lo que ocurrió en Lavalle o en Chaco y que toman dimensión mediática pero, en definitiva, hay toda una gama de situaciones que llevan a chicos/as y docentes a no estar bien y que son fogoneadas afuera, a la entrada, salida de la escuela y en internet y lo único que hacen es mantener un clima de violencia perjudicial para el estudio y crecimiento personal".
Otra herramienta de estudio utilizada por el equipo que conforma Castro Santander fue un cuestionario que realizaron en países de Latinoamérica en el que una de las preguntas inquiría: ¿Le tenés miedo a un compañero?
"Esa respuesta hace que la cifra suba en comparación a cuando responden sobre si sufren o no violencia. Entonces, ¿miedo a qué? ¿Cuál es el miedo del niño/a? Cuando hicimos el cuestionario entre estudiantes de entre 9 y 18 años, arrojó que 1 de 4 cada afirma que le teme a un compañero, es decir, un 25% se siente asustado. Esa misma pregunta a chicos entre los 11 años y los 15, indica que 1 de cada 3 sienten ese mismo temor.
"Los niños/as no mienten"
A partir de los resultados de las Pruebas Pisa del 2018, "Argentinos por la Educación" decidió medir el rendimiento de los alumnos y alumnas en base a las circunstancias que vive cada uno/a dentro de las escuelas. Las respuestas son claras, solamente hay que prestarles atención y actuar en consecuencia.
"Por ejemplo, tomamos matemáticas y medimos qué pasaba con los/as estudiantes que sufrían violencia en comparación con los que no la padecían. Concluimos que quienes la sufrían tenían 41 puntos menos. Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que elabora las pruebas PISA, ese resultado equivale a un año escolar. Es decir, es como si ese alumno/a hubiese perdido un año escolar", indicó Castro Santander.
Y siguió: "Otro resultado mostró que la violencia social y, sobre todo el no pertenecer' o el sentirse excluido del grupo de compañeros, era prácticamente equivalente en términos de rendimiento a perder un año y siete meses. Esa es la importancia: esta violencia indirecta, más desapercibida y silenciosa en adolescentes casi duplica el impacto (negativo) en la trayectoria de los chicos/as. Todos estos elementos deben ser tenidos en cuenta porque el error de los responsables de las políticas educativas y/o públicas es que no hay que esperar que estos episodios ocurran para hacer funcionar el protocolo, hay que prevenir para que no sucedan".
Para el también docente y conferencista, esta riña en Lavalle no ha sido un "hecho de violencia aislado". "No, porque al consultar a los/as estudiantes te dicen que son situaciones que pasan todos los días. Entonces no podemos minimizar, no se puede tapar el sol con un dedo. La violencia es un fenómeno aprendido y contagioso. Sí, un chico/a puede salir de casa con una actitud prosocial genial de su casa pero llega a la escuela y escucha que si quiere pertenecer a tal o cual grupo, deber hacer esto o aquello. Por eso, tenemos que prevenir temprano, la respuesta es y siempre será educativa y tiene que ver no sólo con la familia sino también con los medios de educación y con los/as responsables de las políticas públicas a través de acciones concretas. No puede ser que desde la educación tengamos que estar diciendo que luego de lo que pasó, activamos el protocolo porque si lo tuvimos que activar es porque llegamos tarde", cerró Castro Santander.