Ciro y una vuelta inolvidable a una Mendoza que lo ama

Por Pablo Marcelo Pérez

21.45 la hora indicada del sábado en la que Ciro y sus Persas irrumpieron en el Arena y con Banda de Garage fueron ambientando a los miles de fanáticos que colmaron el "protocolar" estadio cubierto, que explotó de energía, con el líder comandando desde su carisma reconocido en cada espació del escenario, en el primer "temblar del país..." de la noche sabatina.

Tras el primer impacto de adrenalina musical, Ciro comenzó a recorrer una primera parte del show con temas decantados de su trabajo durante y pos "Piojos". Taxi Voy de 3er arco, Pistola de Ay, Ay Ay y reversionado en el 2019 con y para Wos, en el Estadio de River. A esa altura el público ya había dejado de lado sus asientos transitorios y saltaba alrededor de su silla blanca. 

Vas a bailar, trabajo junto a Los Persas, un exquisita sinfonía de Canción de Cuna, con imágenes de sus hijos Katja, Alejandro y Manuela sonrientes sobre el LED detrás de sus espaldas, dieron continuidad al desplante de jolgorio musical.

La sensación de que en cada minuto de acción, el bueno de Ciro fuera inyectando de recuerdos a la buena cantidad de "la vieja camada piojosa", que ya pasado los 40, se prestaba a entregarse definitivamente a la fiesta se palpó tácitamente en cualquier ronda que venía. Así empezaron indistintamente a sonar Fasolita Querido (Verano del 92), Antes y Después (Espejos),  Héroes de Malvinas (Guerras), Ruleta (Guerras Un Viaje en el Tiempo), Tan solo (Chactruchac).

Cada uno de ellos cargado de historias breves que fueron pasajes de más de 30 años, donde Martínez se acercó a Los Piojos y empezó a darle al bajo en suplencia, para seguir como músico invitado y luego, decididamente por un sugerir de Pablo Guerra, convertirse a los 20 años en la voz de la banda.

A esa altura de la noche y con más de 90 minutos sin descanso, vino un paréntesis, pero no menos emocional. Un tal Pedro Fretes de 14 años se subió sobre la tarima tecnológica y presentado por Ciro empezó a zapar con su viola Me gusta, en una versión libre y exquisita. Con Los Persas acompañando los acordes, el chico maipucino quien subió a instagram su sentido cover y Ciro lo vio, puso de rodillas al público que no cesaba de hacerle el aguante. 

Con el final de esta "perlita", el cantante agradeció a la familia del pibe y al pibe por este "tributo" y también por el vino que le obsequiaron y el champagne para la banda. Y como bonus track permitió que nuestro mendocino cantara una canción de su autoría. Un lujito.

La fiesta siguió y Fantasma no dejó ni a uno solo sentado y menos después con Similar, del último trabajo, surgido hace cinco años atrás, pero que sigue poniendo piel de gallina en sus fans. Mirenla dio continuidad al espectáculo y al momento de Como Alí el Arena se vino democráticamente abajo. Saltando todos y todas, bailando y pogueando rebotaron contra el techo del cordial estadio, que ya parecía quedar chico para contener semejante energía.

Con dos horas sobre las espaldas y las piernas, a Ciro se le ocurrió la bendita idea de traer al Indio mágicamente al "clímax sensorial de Maipú" y el que descansaba tuvo que dejar de hacerlo para acompañar esta maravillosa obra musical llamada: Me mata el limón (chapeaul). 

Y si algo faltaba para ir cerrando: "Dicen que escapó de un sueño, en casi su mejor gambeta...", el Diego sublime se posó e hizo carne con Maradó.

Ya en tiempo de descuento y con todos sudorosos, un parate para el sorteo de un vino Piojoso de bodega mendocina y una trilogía envuelta en disco con la tercera parte grabada junto a la Filarmónica de Mendoza. Para regalar. Y fue regalo para un chica de la fila 5.

Despidiéndose con el Siiiiii me voy, devuelto con el Nooooo de la tribuna, Ciro metió como una costumbre Farolito. Dejando Astro para casi cerrar y el himno para inmortalizar una noche genial, con los mendocinos rendidos a sus pies y la banda deseosa y prometiendo volver.

 

 



  


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