El acto sin cordura que regó de terror la tarde dominguera en el estadio General San Martín de Las Heras y terminó por dejar un saldo lamentable, con un entrenador herido de bala y cientos de personas corriendo por salvar su integridad física, confiscaron definitivamente el futuro de Huracán y su participación en los torneos directamente ligados a la AFA.
La magnitud del acontecimiento, teñido de una violencia inusual por las características utilizadas a tal fin; dejan decenas de análisis por descifrar, pero lo cierto y que en definitiva se condice direccionalmente con la opinión desde el interior más profundo de los hinchas lasherinos cuenta con un denominador común: "guerra entre bandas por quedarse con la merca y las armas del barrio".
Y así algunos puntos grises que se dejaban ver durante y pos a los hechos comenzaron a tomar cuerpo y aparecieron responsables sobre este ejercicio violento y asesino. La pugna por ser dueño absoluto "sin socios" de los negocios vinculados a las drogas y el mercadeo de armas de fuego y municiones se presentó como la vía de escape de estos miembros del miedo, que decidieron ejecutar sus sentencias, las cuáles son aceptadas como parte del juego macabro, en un denominado territorio neutral.
El estadio de Huracán las Heras, ¿es territorio neutral?
De hecho no, porqué entre los integrantes de las barras que alientan al club están inmiscuidos una buena porción de estos sujetos que pertenecen por fuera del fútbol a los actores de esta delincuencia mencionada. Entonces entre aquellos que pueden tocar el bombo o agitar y colgar trapos o pedirte 100p para la birra aparecen titulados los mismos que ayer "se desconocieron" y desde el tablón invitaron a la guerra a sus "enemigos sociales". Y fue esa tarde de domingo, la cancha del Globo apuntado como territorio neutral, sin serlo.
Los del 20 y los del Amigorena
Unos habitan en la urbe posicionada sobre el sector norte del estadio - detrás de la tribuna vieja - los otros se movilizan en viviendas que descansan sobre el sector este del estadio - detrás de la tribuna nueva -.
Los del 20 forman parte del grupo más joven, que desde hace unos quince años llegaron a la zona para vivir en las "nuevas casas del Gobierno", a las espaldas de los escalones que el Globo habilitó hace un par de años atrás. Lo del Amigorena son los "más viejos", que están desde siempre en un territorio de 8 manzanas que se segmentan entre calle Independencia y un sendero que acompaña en su extensión una porción de la tribunas histórica del estadio General San Martín, "la calle de tierra".
Estos últimos tienen el manejo discrecional de cualquier negocio espurio y el aguante de los "del Santa" (Barrio Santa Teresita) y los "del sismo" (Barrio Sismo 5) desde hace un tiempo atrás y se ubican en el centro de popular norte. Con varios a la cabeza, como referencias de jerarquía, son capos en el suministro de la droga y en dar grandes golpes.
Los otros son del Barrio 20 de junio, que se metieron poco a poco en el negociado por zurda y plantaron bandera en dos sectores del Estadio, sobre el ala izquierda de la popular mayor y tomaron parada en la tribuna nueva. Con el "Tuqui" dando ordenes a los pibes y socios con los del 30 de octubre, el Espejo, los del Santa Teresita, los del 5 mil lotes, fueron tomando protagonismo además en la zona, por "venderla más barata" y traficar con ventas y compras de armas.
Venganzas no ajustadas y un día para saldar cuentas
Y con la bronca siempre a flor de piel y tras sostener una convivencia solo por acuerdos ese día decidieron que se tenía que "pudrir", no daba más el aguante al "Todo por el Globo" y pusieron la última fecha del torneo Federal A, como el día "D".
Y ya con el partido casi juzgado y con avisos de "cagarse a palo" empezó el descalabro. Algunos trapos que fueron bajando de la tela, piñas para defenderlos y un llamado al exterior para que uno - por un hueco sobre el portón nuevo que divide por detrás a las dos tribunas comenzara con un ráfaga a discreción a buscar objetivos con una "ametralladora". Y el caos explotando en medio de un partido de fútbol.
Después lo visto y escuchado, con un saldo por designio divino menor, y el terror invadiendo a inocentes que solo querían sobrevivir, buscando un reparo en un estadio que era un campo de batalla. La herida de bala recibida por el entrenador de Ferro de General Pico Mauricio Romero, que quedó a merced del asesino de turno y la herida leve que terminó tranquilizando - si se puede - a esa altura a muchos.
Un historia negra, tildada de horror y con culpables que deberán pagar una pena. Pero mucha complicidad desde contados estamentos, que a pesar de buscar solución a tanta violencia decrepita no encuentran el camino y se acostumbran a convivir con ello, siempre apostando a que el destino no les juegue una mala pasada.
Nuestra intención como institución es el pedido de disculpas a todos los que ayer estuvieron presentes y les tocó vivir lamentables hechos de violencia. Hinchas, socios, dirigentes, periodistas, y principalmente al club Ferro. Es un dolor profundo todo lo sucedido. pic.twitter.com/XysmTV9tYA
Y el destino se la jugó, hiriendo de muerte a una institución señera del fútbol mendocino, que pagará las consecuencias en consecuencia de los sucedido y no volverá nunca más a ser lo que muchos trabajaron para que fuera. Huracán Las Heras pende hoy de un hilo, a pesar de los esfuerzos que se hagan para deslindar responsabilidad primaria - no la tuvo el club - pero por lógica decantación si aquellos que dicen "aguantar" al club y sólo terminaron destruyeron decenas de sueños y trabajo denodado por recuperar imágenes paganas.
Un día podía pasar. Y ese paso terminó siendo un Huracán que se llevo todo y a todos a la borda. Un Globo que por su lastre dejará de subir por un buen tiempo.