Nadie que ame y sienta el fútbol desde la pasión querrá verlo así. Así como hoy se revuelca entre desgracia e inoperante, desactivado por un número sin fin de actos ligados al ser violento e irascible que no conoce de escenarios ni es un grupo menor o aislado, porque no lo es definitivamente.
Esos "pocos" que tiraron a matar la tarde en que los grandes "tocarían el cielo con las manos" son "los mismos o similares" que se reparten de a montones por pueblos, ciudades, regiones en infinidad de canchas en el territorio piramidal de este fútbol argentino de por sí centralizado y protegido en parte, que se roza y mete guiños a diario con la Conmebol o FIFA con los dos más poderosos como veedores y desde Viamonte.
El mundo está vez pudo ver lo que casi siempre se oculta, en esta especie de casa de Gran Hermano en la que se ha convertido nuestro más sentido deporte. Casa que hace años tiene la imposición obligatoria de la visita visitante y que tras montones de sellos de locura disfrazada de pasión fue quemando sentido común y convivencia.
Porqué esos mismos "pocos" que arrojaron vilmente a un blanco móvil con seres humanos dispuestos a trabajar son "los mismos o similares" que ejecutan cruelmente esa rabia, en canchas de Mendoza, San Juan o San Luís o Córdoba, Santa Fe y Tucumán, o en La Quiaca, Pergamino u Orán.
Son los mismos que interrumpieron cientos de partidos, que birlaron cientos de operativos, que atacaron a cientos de hermanos o que robaron cientos de autos o hirieron a cientos de conprovincianos o tranzaron con cientos de operativos con zona sin wifi pero liberada.
Son exactamente los mismos; que habitan este suelo, que caminan junto a vos o usted y que entran y salen sin ser dañados moralmente en su plenitud. Pero no son nacidos en un pueblo perverso creado para la ocasión, vienen al mundo traídos por parteras argentinas y crecen entre calles sin nombres.
Pero claro; para el status antes de Don Julio y hoy de Don Chiqui no es bueno que se sepa lo que pasa en aquellos límites insospechados donde el aporte en "especie" para la corona no hace el peso gordo recaudador. Y entonces callar o asentir o ignorar o hacerse el sonso de lo que sucede en el mal llamado interior es ventaja para poder mañana disfrazar algún resbalón de los grandes y dejarlo pasar.
Pero esta vez no pudo ser, esta vez aquellos "pocos" pegaron donde mas dolía, dieron en el blanco que nadie quería e hirieron de muerte a "los intocables" que por vez primera en décadas se abrazaron con el fracaso y la impotencia los lastimó de pleno.
Esa misma herida por años sintió el fútbol de todo un país, por decisiones cocidas en cocinas ajenas y sin jamás haber prendido la hornalla. Se suspendieron partidos, se quitaron puntos, se cerraron canchas y se lastimaron a inocentes y la respuesta siempre fue la misma: lo decide el Tribunal de Disciplina de AFA. Y hubo que viajar miles de kilómetros, pagando primero para acceder a la protesta, sin devolución de lo invertido.
Los duros golpes que bancó la pelota en las provincias, por los egos mal formados de aquel lado de la General Paz debieron ser reemplazados por el "barajar y dar de nuevo" sino la desafiliación te golpeaba la puerta y te dejaba sin nada.
No es nada bueno que pase lo que hoy vive cada uno de los clubes más importante del país, envueltos en un escándalo sin par, pero no fue nada bueno lo que se "cagaron" por lustros de estos los clubes mortales, siendo ellos los amo y señores recostados en su plena popularidad y decidiendo con su antojos, programaciones, árbitros, estadios o día y noche.
En definitiva, esta trompada en el medio de la frente que recibieron hacía falta, para que entiendan si lo quieren hacer, que no todo es lo que parece y que alguna vez deben sentir el rigor del fracaso verdadero, ese que tantos clubes tuvieron encarnados por años y lograron sobrevivir con delincuencia y todo a cuesta.
Les tenía que pasar en este que era el sueño, que todos querían soñar sin ser despertados. Pues a despertarse y darse un baño de humildad que buena falta les hace River y Boca.