La política vitivinícola vuelve a correr detrás de la coyuntura y a los banquinazos. Primero fue un operativo de compra de excedentes que cuando llegó ya no había vino, lo que generó una feroz caída en los precios y fuerte deterioro patrimonial de los pequeños productores. Ahora, que no hay excedentes por una muy mala cosecha, los precios crecieron en los últimos nueves meses un 58,3%, en el caso del blanco escurrido, y un 252% en los tintos básico. Los que tienen vino para vender, en su mayoría trasladistas, se sentaron y especulan con que suban todavía más los precios. En el medio, la pregunta del millón: ¿cuánto más puede pagar el consumidor?
Ahora desde el Gobierno y la Legislatura proponen cobrar un impuesto extra, una sobre tasa de hasta el 4% sobre Ingresos Brutos para quienes fraccionen y comercialicen vinos importados. Bajo el título "defensa del vino mendocino", el proyecto que tiene forma de un artículo dentro de la Ley Impositiva 2017 ya tiene media sanción en Diputados. San Juan se apresta a hacer lo mismo.
Lo que no se miró antes, cuando sobraba el vino, ni ahora que hay mucho menos es la sustentabilidad del negocio. ¿Qué pasa con el consumo? Cuando no se salió antes a operar sobre la caída de los precios, se generó un fuerte deterior patrimonial en toda la cadena productiva y un avance en la concentración. Ahora, que el vino subió en promedio entre diciembre de 2015 y septiembre de 2016 un 58,3% en el caso del blanco escurrido (pasó de $1,80 a $3,80 el litro) y un 252% en el caso del tinto genérico (pasó de $3 a $9,50 el litro), según datos de la Bolsa de Comercio de Mendoza, desde el Estado se busca salir a proteger la producción local con más impuestos.
En la práctica, subir impuestos a los vinos importados hace que estos sean más caros en el mercado doméstico, lo que permitirá que los que hoy tienen vino "mendocino" o "sanjuanino" lo pueden vender todavía más caro. Se alienta la especulación.
Frenar con impuestos la importación de vinos le quita competencia a la producción local. Van a ganar los trasladistas y quienes están "sentados sobre el vino" buscando que el precio suba todavía más. El debate que no se da es cuánto más está dispuesto a pagar el consumidor por el vino. ¿Cuánto más mercado (litros de consumo) está dispuesto a perder el vino?