El sello que ha dejado Daniel Melero en la música argentina es difícil de comparar. Creador de Los Encargados, la primera banda de música electrónica del país; productor de discos como Canción Animal de Soda Stereo y Jessico de Babasónicos, el artista nunca se mantuvo quieto y la búsqueda prosigue hasta hoy.
De esta manera, Melero vuelve a la provincia tras su show de 2013, esta vez en la forma de Melero/Carca, junto con el multiintrumentista y figura de la "movida sónica" de los 90 en nuestro país. Antes del recital, SITIO ANDINO charló con el músico para revelar algunos puntos de sus últimas aventuras artísticas.
-En menos de un año, sacaste tres discos (Disritmia, Disco y Cutaia/Melero). ¿Cómo se dio eso?
-Sí, tres míos, tres que tienen mi nombre en la tapa pero hice más de quince, producciones, masterings, post producciones; incluído también la banda de sonido de la película Muerte en Buenos Aires, que salió en DVD. Siempre estoy grabando. Para mi los discos siempre están haciéndose; y llega un momento que por el peso de lo que uno quiere decir, llega el momento de editarlo. Muchas veces, la mayor parte de las cosas no las edito, pero para mi, como estoy totalmente inmerso en la música todo el tiempo no me doy cuenta si saco o no saco discos con frecuencia.
Sin embargo, me parece que el año pasado la frecuencia fue muy alta. Cuando vuelva de Mendoza, el sábado voy a estar grabando en un estudio para un disco mío. En estos días estuvimos mezclando un disco en vivo que va a ser un DVD. La labor es continua y llega un momento en que aparece que sí, se tienen que formar discos.
-Vos decís que, para vos, "componer es grabar". ¿En Disritmia es donde más se nota este proceso?
-Disritmia, dentro de todo lo distinto que puedo hacer, es lo más distinto de todo (risas) Es un disco que está hecho técnicamente con sonidos sobre sonidos, un track estéreo volcándose a otro track estéreo, siendo procesado el único instrumento que hay es la batería y por supuesto la computadora, haciendo procesos, pero no hay bajo, teclados. Solo es ritmo y procesos.
-¿Y cómo se pasa de ésto a trabajar con Carlos Cutaia?
-Pasar a trabajar con él es muy sencillo. En definitiva lo que uno hace es jugar con los sonidos, y con Carlos es una alegría poder hacer eso. Es una persona que valora mucho el color de cada sonido y su intervención, más allá de que es un artista que compone pensando como un pianista, pero aprecia mucho ese tipo de magnificaciones o disminuciones sonoras. En realidad, para ser solista vivo interactuando con gente. No soy de esos solistas que tienen una banda de empleados. Trabajo con artistas que también son productores y que tienen proyectos. También grabo bandas por eso interactúo con mucha, mucha gente. Cuanto más interacción tengo, más inspirado estoy, porque de alguna manera me veo teñido por las ideas de quienes estoy.
El álbum Disco parece ser el principal en esta tríada del último año ¿Cuál fue la idea que impulsó el proyecto?
Disco tiene proyección para tocar en vivo, a diferencia de Disritmia. Es una especie de chiste conceptual todo eso. Estoy convencido que la diferencia que tiene con la mayoría de los álbumes que he hecho es que no tiene melancolía, no hay baladas. Yo lo considero hasta bailable y un poco retro.
-¿Sería una especie de corrección de la música disco?
-Yo no pretendo corregir nada, la hice a mi modo. Tal vez, más que una corrección es una incorrección (risas), si nos atenemos a los grandes clásicos de la música disco. También pasó que cuando estábamos ensayando, meses antes de ir al estudio, había como pequeñas improvisaciones, que muchas veces se robaban todo el tiempo de lo que teníamos que ensayar, y que tenía este tipo de espíritu.
Naturalmente estaba pasando esta música muy dinámica en las improvisaciones, entonces decidimos grabarlo, y tratar de generar un material, y ocurrió. El proyecto en sí era riesgoso, porque ir a un estudio es caro, sobre todo para los que creen que los discos son inviables, pero todo resultó muy bien. Apareció la Universidad Tres de Febrero, y además se encontraron los caminos para hacerlo, porque yo no tengo contrato ni estoy obligado a hacer discos.
También en el último tiempo has recibido muchos reconocimientos de distintas entidades. ¿Es un empuje para seguir trabajando o sólo lo tomás con respeto y lo dejás pasar?
Yo creo que esos tipos de reconocimientos son caricias muy sinceras, sabiendo más que yo no ocupo un lugar mediático político. No hay un rédito político ahí. Las acepto con mucho orgullo, cuando veo que los que me rodean se sienten felices por esos halagos.
-¿La sobre información en la música confunde a los artistas?
-Vivimos en estado de confusión y sobre información, pero un artista puede definirse por lo que no hace. Sin información se puede producir un fenómeno desconocido. También muchas veces pasa por ser muy selectivo con lo que se juega. Lo que yo creo que es muy difícil es saber para alguien que no es una marca, alguien que tiene que inventarse como marca (eso es un artista al final, una marca en el mundo de hoy), es difícil implementar cómo hacer el desarrollo. Hacer discos es muy fácil, hacer un Bandcamp más fácil todavía, lo que no hay es una instrumentación que se figure como un atractivo para la gente; que además están todos distraídos con sus pantallas táctiles haciendo vaya a saber qué cosa.
-¿El revisionismo extremo también es perjudicial?
-Yo creo que música buena siempre hubo poca. No hay cien discos buenos, trascendentales por año. Con el tiempo eso que parece clásico también se reduce. Hoy se dice la música de los 70, la música de los 80, pero cuando estemos en el año 2030, todo eso va a ser música de fines de siglo XX, va a estar todo en el mismo paquete. El problema es de perspectiva, las vemos de tan cerca que creemos que son grandes, y por ahí no son tan importantes.
-Actualmente, ¿por dónde pasan tus inquietudes?
-La música tal cual es hoy es propia de la era de la reproducción, donde ni siquiera hay un original que tenga un valor mayor. Lo que tiene de atractivo, desde mi punto de vista es tocar en vivo y enfrentar esas dificultades. Por ejemplo, volver a la teatralidad de la música, donde lo interesante es ver a los músicos tocar, y no estar atados a pistas, porque cuando trabajás con pistas tenés una presunción del presente hecha en el pasado. Cuando vos estás tocando y fluyendo en la música, que es lo que trabajamos nosotros en la banda, a veces no sabe cómo comienza el tema.
Prestamos mucha atención a qué están haciendo todos los demás y jugamos con la música. Siempre me llama la atención que en inglés se dice play music, que es jugar música. Hay que tener mucha atención, y creo que regresan tiempos que no se daban en estado de rock. El primer rock and roll era así. Lo lindo es saber que vamos a dar un show como unos acróbatas sin red, prestando mucha atención a tomar de las manos a ese que viene volando mientras se agitan los trapecios.
-¿Es una forma de usar el factor tiempo a tu favor?
-Es estar en el presente. Nosotros tenemos una lista de temas, que la armamos antes del show, viendo el lugar, viendo lo que presumimos que puede pasar; pero también durante el show la alteramos, porque hay una interacción que se produce con la gente. Eso nos hace tener una dinámica del presente.
-¿Qué podés decir de este nuevo show, Melero/Carca?
-Son shows separados, pero con el mismo camarín (risas), y con una amistad entrañable. Puede ocurrir que en algún tema aparezca yo en su show, o al revés, pero sería algo que se nos ocurriría en el momento. De todas maneras cuando él toque yo voy a estar escuchando con mucha atención y sé que él también a mi.
Ficha: Melero/Carca
Día: martes 17 de febrero
Hora: 21.30
Lugar: Espacio Cultural Julio Le Parc
Entradas: 20 pesos, se retiran el mismo día desde las 17 en la boletería.