Lograr un maridaje equilibrado es fundamental para disfrutar de una buena picada, aunque la creencia popular siempre nos lleve hacia el tinto. Sin embargo, muchos expertos aseguran que el blanco suele ser un compañero mucho más versátil y respetuoso con la materia grasa, evitando que los taninos del vino choquen con la salinidad propia del queso.
Por qué el tinto no siempre es el rey del maridaje
La razón técnica es química: los taninos de los tintos potentes suelen pelear con la sal y la grasa del lácteo. Según el portal especializado Wine Folly, este choque genera un sabor metálico o amargo en boca que termina opacando las notas sutiles de un producto artesanal.
Si elegís un tinto con mucho cuerpo para un queso de pasta blanda, lo más probable es que el vino borre por completo el gusto a hongo y crema del alimento. Por eso, para las pastas suaves, la acidez de un blanco joven es mucho más efectiva para limpiar el paladar entre bocado y bocado.
vino blancos con quesos (1)
Los mejores blancos para un vino y queso inolvidables
Para los ejemplares frescos o de cabra, como el tipo Crottin, el compañero ideal es un Sauvignon Blanc. La frescura cítrica de este varietal corta la untuosidad de la materia grasa, creando una armonía que los tintos difícilmente logran alcanzar en un maridaje tradicional de este estilo.
Si vas a servir un queso tipo Camemberto un Gouda suave, buscá blancos que tengan un paso por madera como un buen Chardonnay mendocino. Esta estructura permite que el vino soporte el peso de la grasa sin perder su identidad, resaltando los toques de frutos secos típicos de estas variedades.
una copa de vino con queso
Quesos azules y el encanto del maridaje dulce
Una de las reglas de oro de publicaciones como Wine Enthusiast es el contraste: lo salado pide dulce. Para un Roquefort o un Gorgonzola, lo mejor es olvidarse de los tintos secos y descorchar un Late Harvest o un Torrontés dulce natural.
Este tipo de maridaje permite que el azúcar del vino compense la intensidad y la salinidad extrema del queso. Es una combinación que funciona como un postre en sí misma y suele ser la gran sorpresa en cualquier reunión gastronómica bien organizada que busque salir de lo común.