La Yunta Mayorista nació en San Rafael, pero su historia empezó mucho antes de que existiera el nombre. Empezó en una familia atravesada por el comercio, el trabajo diario y la cultura del esfuerzo.
En Visión Empresa, Daniel Garre contó cómo La Yunta pasó de un negocio familiar en San Rafael a una de las cadenas mayoristas más importantes del país.
La Yunta Mayorista nació en San Rafael, pero su historia empezó mucho antes de que existiera el nombre. Empezó en una familia atravesada por el comercio, el trabajo diario y la cultura del esfuerzo.
En 1952, Doña Catalina y Don Pepe abrieron el histórico “Mercadito Elizabeth”, un pequeño negocio familiar donde vendían frutas, verduras, carnes y fiambres. Décadas después, esa misma raíz volvería a transformarse en un nuevo proyecto.
Hoy, La Yunta ya cuenta con 38 sucursales entre Mendoza y La Pampa, acaba de desembarcar en la Ciudad de Mendoza y se consolidó como la segunda franquicia de supermercados más grande de Argentina. Detrás de ese crecimiento está Daniel Garré, quien pasó por Visión Empresa para hablar no solo del negocio, sino también de la familia, los desafíos y las decisiones que fueron construyendo la marca.
Aunque hoy el nombre La Yunta está asociado a expansión, franquicias y crecimiento constante, el proyecto original era mucho más modesto. Daniel recuerda que en 2017, la idea era abrir algo pequeño, casi experimental, lejos del formato actual.
“El concepto era totalmente distinto. La idea era arrancar un negocio muy chiquito, tipo distribuidora, con pallets al piso, sin góndolas. Yo le había prometido a mi mujer que no íbamos a tener empleados”, contó entre risas en el ciclo que conduce Erika García en el streaming.
En ese momento, Garré trabajaba como representante de marcas y viajante comercial. La decisión de emprender llegó después de cambios laborales y de la necesidad de construir algo propio. La primera sucursal abrió en Los Sauces, en San Rafael, y rápidamente empezó a crecer gracias a una combinación que terminó siendo clave: cercanía con el cliente, precios competitivos y una fuerte lógica familiar.
“Pegó muy bien con la gente y ahí empezamos a tener más variedad, más mercadería y empezamos a crecer”, recordó.
Lo que vino después fue casi vertiginoso. A la primera sucursal le siguieron otras, luego depósitos más grandes, nuevas sedes y finalmente el modelo de franquicias, que comenzó a desarrollarse en plena pandemia. “A partir de ahí fue crecimiento constante, de no parar”, explicó Garré.
Hoy, La Yunta tiene presencia en distintas ciudades del sur mendocino y también en La Pampa, donde el desafío era todavía mayor, porque la marca no tenía reconocimiento previo. Sin embargo, el modelo volvió a funcionar.
“En La Pampa la marca no la conocía nadie, pero empezamos a trabajar muy fuerte con el franquiciado y funcionó muy bien”, explicó. La reciente llegada a la Ciudad de Mendoza representa otro paso importante en esa expansión. La nueva sucursal, ubicada en calle San Juan al 500, funciona como una apuesta estratégica para posicionar la marca en un mercado más competitivo y de mayor exposición. “Llegar a Mendoza era la manera de posicionar la marca y de seguir creciendo”, aseguró.
A lo largo de toda la entrevista aparece una idea que se repite constantemente: La Yunta no se piensa sin la familia. Daniel y su esposa trabajan juntos desde el inicio y siguen compartiendo el día a día del negocio, incluso la oficina. “Nos gusta mucho trabajar juntos. Compartimos oficina y hablamos todo, lo bueno y lo malo”, contó.
Sin embargo, reconoce que no fue fácil encontrar el equilibrio entre la vida laboral y la personal. “Con los años fuimos aprendiendo a no llevar tanto el trabajo a la casa, porque si no no cortás nunca”, explicó.
El crecimiento del negocio también coincidió con el crecimiento de sus hijos. De hecho, la inauguración de la primera sucursal ocurrió el mismo día del cumpleaños de 15 de su hija mayor. Hoy, los tres viven en Mendoza estudiando distintas carreras, mientras algunos ya empiezan a involucrarse en áreas vinculadas al negocio familiar. Aun así, Garré evita imponer un camino. “No queremos obligarlos a nada. Queremos que ellos sean felices en lo que elijan hacer”, sostuvo.
Con el crecimiento también llegó la necesidad de profesionalizar procesos. Lo que al principio funcionaba con sistemas desarrollados localmente necesitó dar un salto tecnológico para acompañar la expansión.
La empresa incorporó nuevas herramientas de gestión, sistemas de fidelización y soluciones de inteligencia artificial para manejar stock, promociones y operaciones en tiempo real. “Para nosotros la tecnología fue fundamental. Nos ayudó a dar un salto muy grande”, explicó.
Actualmente, La Yunta trabaja además en el desarrollo de nuevas herramientas digitales y aplicaciones propias para conectar mejor todas sus sucursales y franquicias.
Aunque el crecimiento económico y operativo es visible, Daniel asegura que el mayor desafío no pasa por abrir locales, sino por construir equipos de trabajo sólidos. “El recurso humano es lo más difícil y es un desafío de todos los días”, reconoció.
Encontrar perfiles adecuados, formar equipos y sostener una cultura de trabajo alineada con los valores de la empresa es, según explica, uno de los puntos más sensibles del crecimiento. Por eso, cuando habla de franquiciados, no pone el foco solamente en la inversión económica. “Buscamos gente honesta, trabajadora y que quiera crecer en familia”, explicó.
Cuando le preguntamos si se considera un hombre exitoso, Garre no habló de sucursales ni de números. Habló de felicidad. “Me considero un hombre feliz, que hace lo que le gusta, y creo que eso es ser exitoso”, respondió.
A los 50 años, asegura que también empezó una etapa más reflexiva, donde el desafío ya no pasa solamente por acelerar el crecimiento, sino por aprender a equilibrar trabajo y vida personal. “Hay otras cosas en la vida que también hay que disfrutar”, dijo.
Aun así, sigue estudiando, capacitándose y pensando en nuevos proyectos. Porque, aunque La Yunta ya se convirtió en una de las cadenas más importantes del interior del país, Garré todavía habla del negocio con el entusiasmo de quien recién empieza.
Sobre el final de la entrevista, dejó un mensaje para quienes sueñan con iniciar un proyecto propio sin venir de una familia empresaria. “Que sigan sus sueños, que nadie les diga que no pueden. Si realmente lo sienten y trabajan para eso, lo van a lograr”, aseguró.
Y quizás ahí esté una de las claves de toda esta historia. La Yunta no nació de un gran plan corporativo ni de una estructura heredada. Nació de una familia acostumbrada a trabajar, de una idea pequeña que fue creciendo paso a paso y de la decisión de no dejar de avanzar, incluso en los momentos más difíciles.


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