Escalada en Oriente Medio: el petróleo y el gas se disparan y crece el riesgo económico mundial
La escalada en Oriente Medio dispara el petróleo, agrava la crisis energética global y pone a los bancos centrales frente a un nuevo dilema inflacionario.
La guerra en Oriente Medio se ha transformado en el evento en torno al cual se mueve inevitablemente la economía internacional y hasta el futuro de los alimentos en el mundo. La mañana del jueves volvió a arrancar en extrema tensión cuando Irán lanzó un ataque con misiles contra el complejo de gas natural licuado de Ras Lafan, en Catar, en represalia por el bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra la planta iraní de South Pars, considerada la más importante del país y una de las mayores instalaciones gasísticas del mundo.
QatarEnergy confirmó daños considerables en varias de sus instalaciones y reconoció incendios de gran magnitud, aunque las autoridades cataríes aseguraron haber controlado completamente los tres focos declarados en la zona industrial del complejo.
La respuesta diplomática de Washington no tardó en producirse. El presidente Donald Trump publicó un comunicado en el que afirmó que Estados Unidos desconocía por completo el ataque israelí y que Catar no estaba involucrado de ninguna manera. A continuación, comprometió públicamente que Israel no volvería a atacar el campo de South Pars, si bien advirtió a Irán con consecuencias directas sobre ese mismo yacimiento en caso de que el régimen de los ayatolás decidiese atacar a algún país que calificó de inocente, en referencia a los Estados del Golfo Pérsico.
Los mercados energéticos, en estado de alarma
La secuencia de ataques y contraataques ha tenido una traslación inmediata en los precios de la energía. El gas natural europeo se disparó un 25% en una sola jornada, rozando los 68 euros por megavatio hora, su nivel más elevado en tres años. Desde el inicio del conflicto, el aumento acumulado alcanza el 112%.
El crudo Brent, referencia en los mercados europeos, supera los 116 dólares por barril en el arranque de los mercados, con un incremento superior al 60% en tres semanas, mientras que el West Texas Intermediate estadounidense se sitúa en el umbral de los 100 dólares, máximos no vistos desde la invasión de Ucrania.
El elemento estructural que explica la magnitud de estas subidas es el cierre del estrecho de Ormuz, que lleva ya más de tres semanas interrumpido. Por este paso estratégico transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y gas. Su bloqueo no solo ha cortado el flujo de exportaciones de la región, sino que ha generado un efecto en cadena sobre el resto de productores, que han elevado sus precios de forma automática para abastecer a una demanda global sin alternativas inmediatas.
Los datos de producción confirman la gravedad de la situación. Según estrategas de materias primas de ING, Irak habría reducido su extracción en aproximadamente 2,9 millones de barriles diarios, Arabia Saudí entre 2 y 2,5 millones, los Emiratos Árabes Unidos en 1,5 millones y Kuwait en 1,3 millones. En conjunto, la merma supera los 7 millones de barriles diarios.
La Agencia Internacional de Energía estima que la producción paralizada asciende a 10 millones de barriles diarios, una cifra que convierte en papel mojado las previsiones de superávit de 3,7 millones de barriles con las que el organismo arrancó el año.
image
Los mercados bailan al ritmo del conflicto de de Oriente Medio
El escenario de los 200 dólares
Hace apenas un mes, la hipótesis de un barril de crudo a 200 dólares habría sido descartada por la mayor parte de los analistas. Hoy, algunos de los observadores más reconocidos del sector la sitúan dentro de lo posible. Greg Newman, consejero delegado de Onyx Capital Group, señaló en declaraciones a medios internacionales que el precio de referencia del crudo de Oriente Medio ya había alcanzado los 150 dólares por barril y que la dinámica de interrupciones diarias en el suministro hacía razonable contemplar niveles de 200 dólares.
Otros analistas, más cautos, proyectan una corrección del Brent por debajo de los 100 dólares a finales de marzo, aunque sus modelos descansan sobre el supuesto de un cese de hostilidades relativamente rápido, un escenario que los hechos no parecen respaldar. Como señaló el analista de Reuters, Ron Bousso, incluso en caso de que el conflicto concluyera, la reactivación de los pozos paralizados llevaría meses, de modo que los precios no regresarían a los niveles previos a la guerra en el corto plazo.
Los bancos centrales ante un dilema conocido
Pero, como si con las bombas y drones no alcanzaran para alterar la paz, la crisis energética llega en un momento de particular sensibilidad para la política monetaria. La Reserva Federal mantuvo esta semana los tipos de interés en el 3,75%, resistiendo las presiones del presidente Trump, y revisó al alza sus previsiones de inflación para el año, del 2,4% al 2,7%.
El Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra se enfrentan hoy a un dilema similar al de la FED. Los analistas esperan que ambas instituciones mantengan las tasas estables, aunque el mercado ha eliminado cualquier probabilidad de rebajas en 2026 y descuenta ya dos subas a lo largo del año.