La jornada de ayer en el Senado de la Nación marcó un punto de inflexión en la historia de la legislación laboral argentina, tradicionalmente asociada a la conquista de derechos y la participación de los trabajadores. Con 42 votos a favor y 30 en contra, la Cámara Alta otorgó media sanción al proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei, una iniciativa que busca desarmar la legislación vigente con la promesa de la “modernización”. Sin embargo, mientras los ecos de las protestas frente al Congreso y los festejos oficialistas en redes sociales dominan la coyuntura inmediata, es interesante observar otros procesos cercanos como el de Brasil, que transitó un camino análogo en 2017 bajo la presidencia de Michel Temer.
Ese proceso ofrece una evidencia interesante y comprobable sobre los efectos, alcances y condiciones necesarias para que una modificación de esta naturaleza se traduzca en crecimiento genuino.
La aprobación en el Senado argentino, lograda gracias a la articulación de La Libertad Avanza con el PRO, la UCR y bloques provinciales, introduce cambios que parecen calcar la partitura brasileña. Entre los puntos neurálgicos se destacan la creación de un fondo de cese laboral (Fondo de Asistencia Laboral) para reemplazar las indemnizaciones tradicionales, la instauración de un banco de horas en detrimento del pago de horas extras y la posibilidad de fraccionar las vacaciones. No es casualidad que estos institutos jurídicos resuenen con fuerza: son herramientas casi idénticas a las que sacudieron el statu quo del mercado laboral brasileño hace siete años. Así lo advierte un trabajo de la Fundación Mediterránea que analiza el proceso brasileño.
La reforma de Temer y el giro conceptual
Hasta 2017, Brasil se regía por la “Consolidación de las Leyes del Trabajo” (CLT), un compendio normativo de 1943 inspirado en la era de Getúlio Vargas, muy similar a la estructura argentina. La reforma de Temer no buscó transformar a Brasil en Finlandia de la noche a la mañana, sino que operó un cambio filosófico fundamental: la primacía de lo negociado sobre lo legislado, detalla el informe.
La nueva normativa permitió que la negociación colectiva redefiniera 15 ítems cruciales, desde la jornada laboral y la segmentación de vacaciones hasta la participación en dividendos, retirándolos de la interferencia de la Justicia del Trabajo y reduciendo drásticamente las posibilidades de demandas judiciales mediante penalizaciones a las demandas de mala fe.
Aquí vale la pena aclarar que el proyecto votado ayer por senadores, más que terminar con la “industria del juicio”, abre una innumerable cantidad de puertas a que los cuestionamientos se multipliquen fuertemente.
Los resultados en Brasil
Los resultados de aquella reforma al otro lado de la frontera son hoy datos duros que contrastan con el estancamiento local, asegura la Fundación.
El trabajo de la Fundación Mediterránea afirma que desde la implementación de la reforma en Brasil se observa una notoria “divergencia” en la trayectoria de ambos países. Mientras Argentina continuó atrapada en un sendero estanflacionario, Brasil logró apartarse de esa inercia. Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) destaca el aumento del empleo formal y la productividad en el país vecino tras la reforma. Entre 2016 y las proyecciones para 2025, Brasil habrá crecido 14,5 puntos porcentuales más que la Argentina, con una brecha idéntica en la creación de empleos privados formales. Actualmente, la tasa de desempleo brasileña se ubica en el 5,2%, su piso histórico, refutando en la práctica la tesis de que la flexibilización conlleva necesariamente destrucción de empleo.
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El paralelismo con el proyecto que ahora debe ser refrendado en la Cámara de Diputados argentina es importante. La iniciativa local también prioriza los convenios por empresa sobre los de ámbito mayor, permitiendo una adaptación más dinámica a la realidad de cada sector productivo. Asimismo, busca atacar la litigiosidad limitando la actualización de los créditos laborales en sede judicial, una medida que en Brasil fue determinante para reducir los costos ocultos de la contratación.
La advertencia macroeconómica
No obstante, el análisis de la Fundación Mediterránea introduce una advertencia crucial para el entusiasmo gubernamental argentino: la ley, por sí sola, no hace milagros. El éxito del modelo brasileño no radicó únicamente en la letra de la reforma laboral, sino en su maridaje con condiciones macroeconómicas iniciales muy favorables y una disciplina fiscal férrea. La reforma de 2017 se conjugó con un techo al gasto público que ancló las expectativas, permitiendo una baja sostenida de la inflación y de las tasas de interés.
El “mix” macroeconómico de Brasil en aquel entonces fue un catalizador indispensable. Tras la crisis de Dilma Rousseff, las expectativas de devaluación se disiparon, el tipo de cambio se estabilizó y la tasa de interés real descendió desde un 5% en 2016 hasta un 0,2% en 2019. Este entorno de estabilidad cambiaria y monetaria permitió que la flexibilidad laboral se tradujera efectivamente en inversión y contratación, llevando la creación neta de empleos a cifras positivas antes de la pandemia.
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El desafío para el gobierno de Milei
Aquí radica el principal desafío para la administración de Javier Milei. Replicar el éxito brasileño exige más que la sanción definitiva de la ley; requiere recrear un ecosistema de estabilidad que hoy la Argentina aún busca consolidar. Las restricciones cambiarias vigentes y la incertidumbre sobre la unificación del mercado de cambios plantean un escenario de partida más complejo que el de Brasil en 2016. Mientras que el vecino país atrae Inversión Extranjera Directa por un valor cercano a los 3 puntos del PBI anual, Argentina lucha por reinsertarse en el mapa del capital global y, a pesar de esquemas como el RIGI, cerró los últimos dos años con Inversión Extranjera Directa negativa.
El trabajo de la Fundación destaca la divergencia de productividad, que muestra un alza del 6,3% para Brasil y una caída del 12,5% para Argentina desde 2016, y expone la urgencia de corregir el rumbo.
La comparativa que llega desde Brasilia parece clara: la reforma laboral es una condición necesaria, pero no suficiente. Sin un ordenamiento macroeconómico que ofrezca previsibilidad cambiaria, tasas de interés compatibles con la inversión productiva y recuperación sostenida de la economía y la actividad industrial, la letra de la ley corre el riesgo de ser letra muerta, incluso antes de aprobarse.