Récord de producción de gas en Vaca Muerta: por qué Argentina sigue importando pese al máximo histórico
Vaca Muerta alcanzó un récord histórico de producción, pero la demanda invernal y las limitaciones del sistema obligan a la Argentina a seguir importando gas.
A pesar del record de producción de gas, Argentina debe seguir importando en invierno
En mayo, la producción de gas natural de Neuquén llegó por primera vez a 115,14 millones de metros cúbicos diarios, superando el récord anterior, de 114,51 millones, registrado en julio pasado. El dato resulta inusual, ya que los picos de extracción suelen darse en julio y agosto, cuando el frío dispara el consumo: que el hito se alcanzara en mayo confirma la magnitud del salto productivo de Vaca Muerta. Sin embargo, ese mismo mes el país importó 157,4 millones de metros cúbicos de gas natural licuado, boliviano y chileno. La aparente contradicción (producir más que nunca y, a la vez, seguir comprando energía al exterior) remite a la arquitectura del sistema energético argentino.
Un récord adelantado
Según los registros oficiales de la Secretaría de Energía de la Nación, procesados por Energía On, la producción nacional de gas natural promedió en mayo 155,96 millones de metros cúbicos diarios, un 5,6% más que en igual mes del año anterior. El crecimiento se explica casi en su totalidad por el shale gas de Vaca Muerta, que aumentó 20% interanual y aportó 16 millones de metros cúbicos diarios adicionales, mientras la producción convencional y la de tight gas cayeron 12% y 17%, respectivamente. El shale alcanzó así un promedio de 95,16 millones de metros cúbicos diarios, un volumen que por sí solo iguala el viejo récord de la era convencional, de Loma La Lata.
El mes también reflejó condiciones climáticas más severas que el año anterior. Según una consolidación de la consultora Alpes sobre datos de ENARGAS, la demanda dentro del sistema promedió 138,9 millones de metros cúbicos diarios, frente a 130,25 millones en mayo de 2025, con un pico de 153,2 millones en una sola jornada, mientras la temperatura media del anillo de Buenos Aires bajó de 16,5 a 12,7 grados.
La demanda en punta
La clave del contrasentido está en el comportamiento estacional del consumo residencial. Entre octubre y abril, la demanda promedia 20 millones de metros cúbicos diarios; entre mayo y septiembre se triplica o cuadruplica, y llega en algunas semanas a 90 millones, según datos de la consultora SAESA sobre la base de ENARGAS y la Secretaría de Energía. El sistema de producción y transporte entrega en promedio 120 millones de metros cúbicos diarios, y en invierno puede llegar a 150 millones, un volumen igualmente insuficiente frente a los picos más exigentes: cuando la oferta no alcanza, se prioriza al usuario residencial y se restringe, en orden, a la generación térmica, las estaciones de gas natural comprimido y la industria. A esto se suma una limitación estructural: el país no cuenta con capacidad de almacenamiento subterráneo, por lo que el excedente producido en los meses templados no puede reservarse para el invierno.
El gas llega en barcos en forma licuada y se regasifica para inyectarlo a la red
El refuerzo importado
Sobre la base de datos de ENARGAS, Alpes estimó que en mayo ingresaron al país 157,4 millones de metros cúbicos de gas importado, equivalentes a 5,1 millones diarios: 95 millones llegaron como gas natural licuado por la terminal de Escobar, 59 millones provinieron de Bolivia y 3,4 millones de Chile (60,4%, 37,5% y 2,2% del total, respectivamente). El perfil del abastecimiento cambió a mitad de mes: hasta el 16 de mayo, el refuerzo dependió sobre todo de Bolivia y de envíos puntuales chilenos; desde esa fecha comenzaron las inyecciones regulares del buque de Escobar, que pasó a liderar las importaciones y alcanzó, el 23 de mayo, un ingreso diario de 17 millones de metros cúbicos, cercano al máximo operativo de la terminal, estimado por Energía Argentina en 19 millones.
El intento de transferir a un operador privado la compra y comercialización del gas regasificado en Escobar no prosperó, y Energía Argentina retomó el rol de comprador mediante dos subastas realizadas en mayo, con participación de distribuidoras, generadoras, comercializadoras e industrias. Para junio se adjudicaron 504 millones de metros cúbicos y para julio, 560 millones: el gas natural licuado sigue siendo una herramienta de cobertura central para atravesar el invierno.
El antecedente de 2025 y el riesgo de precios
La experiencia del año pasado ilustra la fragilidad del equilibrio operativo: en julio de 2025, una ola de frío llevó al sistema a una situación de emergencia que obligó a restringir el abastecimiento a industrias y estaciones de gas natural comprimido hasta normalizar las presiones en gasoductos y plantas reguladoras. A esa exposición estacional se suma la volatilidad de los precios internacionales del gas natural licuado, que la agencia Reuters describió como susceptibles a nuevas subas en un contexto de tensión geopolítica en Medio Oriente, factor que complica la planificación de las compras externas.
Una transición en curso
El cuadro general, de todos modos, describe una mejora sostenida. La dependencia de las importaciones estructurales se redujo de manera marcada, el país exporta gas a Chile y Uruguay, y el sector recuperó superávit energético tras un período prolongado de déficit. Las proyecciones moderadas anticipan que la producción se duplique en los próximos años, y las más optimistas hablan de triplicarla. Ese horizonte, sin embargo, depende de condiciones que el propio sector subraya: estabilidad regulatoria, respeto a los contratos y ampliación de la infraestructura de transporte. La falta de continuidad en esas reglas fue, según especialistas del sector, la causa de fondo de los faltantes registrados entre 2002 y 2024, período en el que la producción local recibía un valor reconocido muy por debajo del que se pagaba por el gas importado. Mientras esas condiciones se sostengan, Vaca Muerta promete consolidar a la Argentina como un actor relevante del mercado energético regional; hasta entonces, el invierno seguirá siendo la prueba más exigente del sistema.